OY SE CUMPLEN 4 años de los atentados terroristas del 11 de setiembre
contra las Torres Gemelas y el Pentágono. La fecha se recuerda cuando EEUU
está sufriendo los efectos aún mucho más devastadores del huracán Katrina.
En respuesta a los atentados EEUU invadió Irak en violación de la ley
internacional y hoy se está hundiendo en el pantano de una guerra cruenta,
con miles de muertos entre la población civil, lo cual en modo alguno
detuvo la ola terrorista sino que la extendió a gran parte del mundo. El
huracán Katrina tiene consecuencias devastadoras en las poblaciones de la
costa del Golfo del sur de los Estados Unidos.
Muertes, epidemias, un chivo expiatorio
Recién ahora, a casi dos semanas de desencadenado el huracán, comienza
a verse la magnitud del desastre, que apareció atenuado en gran medida en
los medios de difusión norteamericanos. Tampoco se muestran los cadáveres
que andan flotando a la deriva (lo mismo ocurre con los soldados que
vuelven de Irak en un cajón envueltos en una bandera). Los muertos, que
oficialmente se contabilizan por cientos, serán por lo menos diez mil
cuando bajen las aguas turbias. La contaminación es pavorosa, con alto
número de bacterias patógenas en las aguas estancadas mezcladas con los
efluentes de la red de saneamiento (y aun así hubo gente que debió
tomarla, no tenía otra). Se habló en un momento de cinco casos mortales de
cólera, y se anuncia que pronto se sabrá si surgen brotes epidémicos. El
peligro está latente.
Decenas de miles de pobladores no pudieron abandonar Nueva Orleans
porque carecían de vehículo, de dinero (era fin de mes) y no había
transporte público. Ahora quieren obligarlos a abandonar lo poco que les
queda por la fuerza bruta, a punta de metralleta. Hemos presenciado
escenas terribles. Niños vagan perdidos, llorando por sus padres. Negros
casi todos, como los mayores. Se ha hecho también un recuento minucioso,
ilustrado con fotos patéticas, para mostrar también que las mujeres son
víctimas en mayor grado. Se percibe ahora que existe un tercer mundo
dentro del primer mundo. Esto sucede en el sur profundo ("deep south") de
los Estados Unidos.
Después del 11 de setiembre 2001 el gobierno de Bush creó un gigantesco
Departamento de Seguridad que colocó bajo un mando único (actualmente
Michael Chertoff) a todas las agencias de inteligencia, espionaje y
servicios secretos, y que trabajó en base a simulacros de varios ataques
terroristas coordinados entre sí. Por otro lado se creó la Agencia Federal
de Manejo de Emergencia (FEMA), especialmente para circunstancias como los
huracanes. El fracaso de ambas instituciones fue clamoroso, encenagados en
una burocracia que tardó días en movilizar fuerzas y recursos de rescate
mientras la gente se moría. Con destino a ellas, el alcalde negro de New
Orleans, Ray Nagin, expresó con furia: "Estoy encabronado. Lo que tienen
que hacer es mover el culo, requisar cuanto ómnibus haya disponible y
enviarlos a New Orleans para sacar cuanto antes a esta gente que está
atrapada". Nada de eso ocurrió. Ahora saltó un fusible: el jefe de la
FEMA, Michael Brown, fue destituido. Cuando todo el país protesta y acusa
en primer lugar a Bush, éste dice que va a promover una investigación,
pero el primer investigado debiera ser él mismo. Se ha dicho no sin razón
que un país dotado de la más alta tecnología, que es capaz de meter un
misil inteligente por una ventana a kilómetros de distancia, fue incapaz
de resolver una situación de emergencia planteada en su territorio. Y hoy
recibe del mundo entero una ayuda que EEUU es muy renuente a ofrecer
frente a dramas humanitarios en otros países.
Guardias nacionales en Irak y Afganistán
Otros hechos enlazan el huracán con la guerra de Irak. Ya dijimos (en
nuestra nota del domingo pasado, "Nueva Orleans, el infierno"), que 70 mil
hombres de la Guardia Nacional, con los helicópteros, aviones, camiones y
hospitales de campaña de sus respectivas unidades están ahora en Irak,
cuando tan necesarios serían en Lousiana y aledaños. Joaquín Roy confirma
en su nota de ayer en LA REPUBLICA que la Guardia Nacional de
Mississipi está ... en Irak. El politólogo uruguayo Juan Rial, que desde
hace ocho años reside en Nueva York, informaba en reportaje radial que
relativamente cerca del centro del drama hay una base militar de la
Guardia Nacional, Forkolp, con ocho mil hombres, pero dado que dentro de
un mes tenían que salir para Afganistán, los comandantes no los dejaron
mover, y se envió personal desde Texas o Carolina del Norte, una distancia
cuádruple que tardaron cuatro o cinco días en recorrer.
En una carta abierta a Bush de ironía punzante, el cineasta y escritor
Michael Moore le dice que trate de averiguar dónde están los helicópteros,
que haga como si la gente de la costa del Golfo fuera de Tikrit, y le
recuerda que redujo el presupuesto para los cuerpos de ingenieros del
ejército destacados en Nueva Orleans, donde cedieron los diques de
contención precipitando la tragedia. Pero claro --acota-- estos ingenieros
tenían un trabajo de construcción mucho más importante: ¡el edificio de la
democracia en Irak!
El calentamiento global
Una autoridad en la materia como Jeremy Rifkin asegura que "Katrina es
el castigo por el aumento de las emisiones de dióxido de carbono y el
calentamiento global". Señala que ello fue advertido por los científicos
hace años, y que el Caribe sería el primer lugar en que se harían
evidentes los cambios climáticos con huracanes muy fuertes, tal cual
sucedió. Lo une al hecho de que EEUU lanza a la atmósfera cantidades
récord de CO2 y que por esa razón se niega a firmar el protocolo de Kyoto
sobre cambio climático. Su conclusión es: "Nosotros creamos la tormenta
monstruosa".