Gennaro Carotenuto - rodelu.net |
17 de setiembre de 2005
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Alemania
Improbable por derecha
En vísperas de las elecciones del próximo domingo, se
torna cada vez más lejana la posibilidad de que Angela Merkel
sea la primera mujer en ocupar el sillón de Bismarck, Adenauer
y Willy Brandt y la crítica desde la izquierda al
neoliberalismo protagoniza el debate.
Gennaro
Carotenuto Desde Roma
El domingo se vota en Alemania, el
país más poblado de la Europa occidental (80 millones de
habitantes) y la tercera economía del mundo. Después de siete
años de gobierno socialdemócrata, hasta hace pocos días los
sondeos predecían un claro giro a la derecha. Sin embargo las
últimas encuestas indican que se reduce cada vez más la
ventaja de la derecha. Gerhard Schröder, el canciller que
gobierna desde 1998 con un programa de modernización
neoliberal del Estado de bienestar, pero que había sabido
mantener a Alemania fuera de la guerra, parecía haber llegado
al final de su camino. Desgastado por su política económica
pero todavía respetado en el país, después de la enésima
derrota en elecciones regionales había tomado la temeraria
decisión de apostarlo todo a elecciones adelantadas. Debe
enfrentar por primera vez a una mujer, Angela Merkel,
procedente de Alemania oriental, que se proclama a la vez
heredera política de Helmut Kohl, Margaret Thatcher y hasta de
Ronald Reagan, del cual copia al pie de la letra los
discursos. En Alemania existe un estable sistema bipolar
con dos partidos mayoritarios, los democristianos de la
CDU-CSU a la derecha y los socialdemócratas de la SPD a la
izquierda, cada uno con un aliado menor, los liberales de la
FDP los primeros, y los verdes que comparten gobierno con los
segundos. En las elecciones para el Bundestag, el parlamento
de Berlín, se vota con un sistema mixto con fuertes tintes
proporcionales y con un rígido bloque que impide la entrada al
parlamento a los partidos con menos del 5 por ciento de los
votos. La gran novedad de las elecciones de 2005 es que por
primera vez irrumpe en el escenario político alemán un quinto
partido nacional, bautizado Partido de Izquierda, y que
seguramente superará el mínimo ya que los sondeos le atribuyen
entre el 7 y el 9 por ciento. El nuevo partido es la coalición
entre todos los que han salido desde la izquierda del SPD
criticando la política económica del gobierno rojiverde y el
partido poscomunista de la antigua Alemania democrática, PDS.
Éste, que en las regiones orientales representa entre el 20 y
el 40 por ciento de los electores, jamás había conseguido
arraigar en el oeste y por lo tanto el límite del 5 por ciento
constituía una barrera infranqueable. En el oeste, en los
ochenta la novedad detonante habían sido los verdes. Con la
larga y no siempre satisfactoria experiencia de gobierno, la
izquierda radical había vuelto a quedarse sin representación
parlamentaria. Ahora estos dos componentes encuentran un líder
occidental de prestigio, Oskar Lafontaine, ex ministro de
Finanzas salido del gobierno con estruendo en el año 2000 y de
la SPD por criticar las reformas neoliberales. Era el ancla de
izquierda del gobierno, del cual se convirtió en su principal
crítico. Merkel tenía la victoria a la vista. Incluso en
los debates televisivos no le fue tan mal y los alemanes
estaban dispuestos a perdonarle haber copiado largos pedazos
de viejos discursos de Reagan. Sin embargo su alma de derecha
erosionó su ventaja que superaba los 20 puntos. Raras aves,
los alemanes. En todo el mundo los acomodados quieren pagar
menos impuestos y ahí se asustan si alguien pretende derribar
algo prehistórico como el Estado de bienestar, quitando su
apoyo a quien quiere reducir los impuestos. Su concejal más
escuchado, el economista Paul Kirchhof, oráculo de Merkel en
temas económicos, pretende imponer una única tasa del 25 por
ciento para todos, ricos y pobres, grandes fortunas y sueldos
obreros. Lo de siempre para un neoliberal, pero una herejía
para un país que a pesar de todo puede estar orgulloso de la
envidiable cohesión social construida en 60 años de
democracia. A pesar de las desmentidas ha sido un derrumbe que
puede convertirse el domingo en pesadilla. En una semana la
ventaja de la CDU se ha reducido en más de cinco puntos. Según
el último sondeo, publicado por el semanario Stern, la alianza
CDU-FDP pierde por primera vez la mayoría absoluta y se queda
en el 48 por ciento. Todas las soluciones son posibles ahora,
incluso un gobierno de amplia coalición CDU-SPD, y hasta el
PDS se dice dispuesto a gobernar el país. El carismático
Schröder todavía no está vencido.
Publicado en Brecha N° 1034 el 16 de setiembre de 2005
Gennaro
Carotenuto
Columnista del semanario Brecha
de Uruguay
gc@gennarocarotenuto.it
http://www.gennarocarotenuto.it
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