“¡Cresta! ¿Me va a creer que no tengo ni la menor idea?”. El
vozarrón de El Temucano, Tito Fernández, surca con fuerza el aire.
“Pa’ qué le voy a andar con cuentos. Nací en un país que se llama
así, donde mi papá y mi mamá, además del colegio, me enseñaron que
así se llamaba, ¡pero nunca me dijeron por qué!”, narra el
folclorista antes de echar mano a la leyenda.
“Allá en el sur siempre escuché que el nombre viene del grito de
los triles, un pájaro que por las tardes vuela emitiendo un sonido
que suena como ‘chile’. No sé si será así, porque los españoles
llegaron por el norte, no por el sur”, se defiende Tito Fernández,
cuyo su verdadero nombre, por cierto, es Humberto Waldemar Asdrubal
Baeza Fernández.
No está del todo lejos El Temucano de la versión onomatopéyica
(palabras que imitan sonidos) que explica el origen de tan breve
vocablo para tan larga faja de tierra. Igual dato maneja el poeta y
músico Mauricio Redolés. “Había una tierra donde los pájaros
gritaban ¡chile, chile! Más no sé. Siempre me quedó dando vuelta esa
historia”, resume.
El drástico intelectual Armando Uribe se inclina por otra
vertiente. “Por lo que he leído, en aimara, significa “donde se
acaba la tierra”. El nombre le habría sido dado incluso antes que
llegaran los españoles. El caso es que hasta acá era difícil llegar
desde el norte por tierra o por mar”, apunta el empedernido fumador.
Debate etimológico
Por qué Chile se llama como se llama es un misterio que los
historiadores han intentado resolver. No extraña que el común de los
chilenos no sepa ni con mediana certeza el origen de la palabra.
Menos cuando una encuesta reveló que el 86% desconoce que el 18 de
septiembre es feriado porque en 1810 se celebró la Primera Junta
Nacional de Gobierno.
La etimología de la palabra Chile, según describen los
diccionarios de la materia, apuntan que procede del quechua o aimará
“chilli”, que significa “confín”, pues así los incas llamaban a la
parte sur de su imperio. Los textos también dan cuenta de otro
detalle: existe en Arequipa, ciudad del sur de Perú, un río llamado
“Chili”, cauce que dio origen a Chile como la región que estaba al
sur de dicho afluente.
En el portal de Educar Chile, organismo que cuenta con el aval
del Ministerio de Educación, enseña otro significado a la voz
incásica asignada a la meridional zona. “Almagro comienza su
expedición hacia el sur, hacia las tierras que los incas llaman
Chili o Tchili, que en quechua significa frío o nieve”, se lee en la
página web.
Hay más versiones, pero, para tranquilidad de El Temucano y
Redolés, en el siglo XVIII, Abate Molina, autor del ‘Compendio de la
historia geográfica, natural y civil de Chile’ asegura que Chile
vendría del vocablo “trih o chih”, palabra con que los aborígenes
nombraban a un pájaro con manchas amarillas en sus alas. En ese
mismo siglo, el cronista Diego de Rosales apuntó que era el nombre
de un cacique del valle del Aconcagua.
Como fuere -está claro- con Chile nadie tiene la última palabra.