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23 de septiembre de 2005

La República de Uruguay - 11 de setiembre de 2005

Que maricón no es cobarde

Susana Andrade
La memoria es porfiada, es lo que tiene.

El asunto de los desaparecidos, muertos y torturados políticos, el mismo de las violaciones a los derechos humanos cometidas por los militares durante la dictadura en Uruguay, es --aunque a muchos pese-- el gran tema de la sociedad uruguaya. Decenios de ocultamientos, vejaciones y asesinatos, no se borran ni terminan de doler porque alguien lo quiera. Por eso, la puesta en práctica por el Poder Ejecutivo del artículo cuarto de la Ley de Caducidad en su segundo párrafo, que ha permitido las investigaciones pertinentes, rebosa de verdades y mentiras que se mezclan antes de pasar por el cernidor.

Ahora se revuelve para curar, y además hay que gobernar, dirigir la economía, la educación, el trabajo, los salarios, etc. Pero no se puede comer y dormir con eso a cuestas.

Hay clima de indignación en la gente y no es sano hasta que se sanee.

Entre otras actividades, las organizaciones de Derechos Humanos reunidas en la central de trabajadores PIT-CNT, preparan una gran movilización por "Verdad, Justicia y Nunca más" para el 30 de setiembre, y esto pone de relieve el estado anímico de las cosas. Creemos firmemente que servirá para canalizar pacíficamente la impotencia y pesará en las decisiones de los que pueden decidir.

En medio de este esperado y temido tembladeral de información incierta y a cuentagotas; agradecemos al Presidente Tabaré la valentía demostrada al tomar como prioridad tan controversial cuestión --pruebas a la vista--, punto neurálgico del colectivo nacional.

A propósito, he recibido insultos directos y solapadas amenazas por decir en voz alta cosas que muchos pensamos. Tales pretensiones de amedrentamiento, acaso provengan de los que aún comulgan con la fuerza como freno a la libre expresión, o de los que les secundan por intereses comunes. No es agradable y sin embargo es nada frente al terror y muerte que vivieron los apresados políticos en nuestro país y por ende sus familias y seres queridos. Gozamos hoy de una democracia popular que otorga garantías firmes a las libertades individuales. Larga vida.

En la actualidad, aunque las Fuerzas Armadas se gastan y desgastan mentando el honor que les mira de lejos en tanto no se limpien y el compañerismo que les impide delatarse mutuamente, no comprendemos, ni queremos hacerlo, determinados códigos o pactos de fidelidad, "omertás" y ainda mais, que son sólo eufemismos y artilugios para tapar hechos criminales. Cómo no terminan de entender que la única manera de comenzar el fin de esto es diciendo la verdad caiga quien caiga. El Ejército uruguayo actúa en Misiones Operativas por el mantenimiento de la paz en el Exterior ¿y por casa? Hoy tienen en sus manos restaurar al menos la paz de los sepulcros de desaparecidos compatriotas. ¿Es mucho pedir? Estos nuevos tiempos y la propia reconceptualización de la institución militar exigen otras respuestas.

Como si fuera poco, resulta que un cuerpo armado famoso por sus idóneos en flagelos a indefensas mujeres encapuchadas, ahora es extremadamente sensible y se resiente ante expresiones de palabra, como sucedió por el dicho del subsecretario de Defensa que llamó de "maricones" a algunos militares del proceso, al punto que amagaron con pedir un tribunal de honor.

Penosamente Bayardi aludió a los homosexuales, los únicos realmente ofendidos en todo esto al ser comparados con cobardes y uniformados torturadores, robaniños, ladrones, homicidas y violadores. Se equivocan los que dicen que hubo sólo dos... acá hubo muchísimos demonios. Lamentablemente todavía andan sueltos sin pena y con demasiada gloria.

 
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