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24 de setiembre de 2005
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El
País de España - 24 de setiembre de 2005
Después del liberalismo
Alain Touraine
Se habló de los Treinta Gloriosos para denominar el periodo de
desarrollo mixto de capitalismo, pero con una fuerte intervención de los
Estados nacionales (1945-1975). Fue también durante este periodo cuando se
inventó en Alemania la expresión "economía social de mercado" y cuando
vimos desarrollarse lo que los ingleses, a partir del plan Beveridge de
1943, llamaron Estado del bienestar. Ahora acabamos de vivir otro periodo
de 30 años (1975-2005) que se ha bautizado como el del neoliberalismo y la
globalización. También puede estar simbolizado por el texto que más
influyó en la política del FMI: el Consenso de Washington. Del mismo modo
que después de 1975 el cambio de sistema se produjo rápidamente en todo el
mundo o, al menos, en los países que se desarrollaban, ¿no podemos suponer
que estemos cambiando de periodo, aunque no seamos plenamente conscientes
de ello? Por lo tanto, lo más urgente actualmente sería identificar este
nuevo periodo y sus aspectos más importantes.
Si se ha producido un cambio profundo y duradero, sólo ha podido ser
mediante el fin de la separación entre la economía y la sociedad, que ha
sido el rasgo central de los 30 últimos años. Se puede añadir de inmediato
que esto ha provocado la renovación de las políticas económicas
nacionales. Por ejemplo, hemos visto al Gobierno francés oponerse a la
compra de Danone por Pepsi-Cola y al gobernador del Banco de Italia,
Antonio Fazio, oponerse a la adquisición de bancos italianos por entidades
extranjeras. Y la recuperación de Alemania, que parece por fin
vislumbrarse, no se realizará con un programa exclusivamente liberal. El
rechazo a la Constitución por el electorado francés ha demostrado que éste
consideraba que Europa sacrifica los objetivos sociales anteponiendo los
objetivos económicos y que es algo que ya no acepta. En numerosos países,
y en primer lugar en Holanda, esta defensa de la nación ha reforzado
incluso la tendencia nacional-populista que muchos países consideraban un
peligro. Esta evolución se ha realizado en España en un contexto muy
diferente, pero la vuelta de los socialistas al poder, bajo la dirección
de Zapatero, muestra unas inquietudes y reivindicaciones análogas. Sólo
Gran Bretaña sigue firme en sus grandes orientaciones, aunque hay que
decir que la Tercera Vía, de la que puede criticarse su modestia y
su proximidad a la derecha más que a la izquierda, ha estado caracterizada
no obstante por una mayor intervención del Estado, en especial en
cuestiones como el empleo, la sanidad y la educación, al menos durante los
últimos años.
En realidad, el debilitamiento de la idea europea no es más que el
debilitamiento del modelo liberal extremo, al que la Unión Europea
pretendía incorporar a los países miembros. La reaparición de la idea de
centro, sobre todo en Italia, pero también en Francia e incluso en
Alemania, indica al menos la conciencia por parte de los gobernantes de
que una política posliberal sólo puede desembocar en fracasos electorales.
Es cierto que, sobre todo en Francia, la tendencia a la polarización
tiende a aumentar. La derecha liberal de Sarkozy corre el riesgo de
enfrentarse a una izquierda más a la izquierda que ahora, de tipo
mitterrandista. Pero son muchos los que creen que un enfrentamiento entre
extremos corre el riesgo de conducir a una grave crisis general. Sin
embargo, estos primeros elementos de definición de un cambio de situación,
cuya presencia ya puede comprobarse, tienen un fallo importante: no
anuncian ninguna construcción nueva del crecimiento y podrían incluso
reforzar las dificultades de Europa para ser competitiva y progresar. Esto
lleva lógicamente a dar como objetivo principal de la nueva política
económica la entrada acelerada en el mundo de las nuevas tecnologías, que
debe ser también el de un cambio de los sistemas educativos y, lo que
también es importante, la apertura de las sociedades a los recién
llegados, volviendo a poner en marcha el "ascensor social".
Se puede dudar que Europa -o Latinoamérica- sea capaz de elegir
realmente sus prioridades; pero no se puede negar que si no se otorga un
lugar central a este nuevo crecimiento, Europa no entrará en un nuevo
periodo y seguirá siendo una zona de bajo crecimiento en un mundo en
completa transformación. El futuro de Europa depende en primer lugar del
despertar de la UE. Estos objetivos no pueden ser elegidos ni por la
derecha ni por la izquierda; deben ser reconocidos como prioridades a
nivel regional, nacional e internacional, lo que significa en primer lugar
que la UE impedirá el enderezamiento del continente si no se ocupa de las
fuerzas más dinámicas y si sólo se encarga de redistribuir las ayudas
dentro de un territorio ampliado. ¿Cómo unir estos dos aspectos de la
vuelta de lo "social", la modernización técnica y educativa, y la
esperanza de integración y de ascenso ofrecida a un gran número? Los
movimientos de masas actuarán en un sentido negativo; las luchas
políticas, todavía más. Los partidos ya no son impulsores de proyectos. El
método más eficaz es también el más difícil de prever y organizar. Es
necesario que en toda la sociedad -desde los científicos hasta los
inmigrantes clandestinos- se haga oír una voluntad de vivir, de evitar la
caída, de garantizar un futuro para nuestros nietos. Este vocabulario es
voluntariamente banal. Quiere decir que todo depende de la voluntad de
cada uno. A lo mejor quiere decir que debemos volver a ser ciudadanos. O
tal vez sea más eficaz utilizar el nuevo vocabulario de Amartya Sen y
decir que debemos utilizar mejor nuestras capacidades.
Alain Touraine es sociólogo y director del
Instituto de Estudios Superiores de París. Traducción de News
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