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28 de setiembre de 2005
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El País
de España - 18 de agosto de 2005
Los viajes imaginarios de Hugo Pratt
La vida del creador de Corto Maltés fue tan intensa como la del héroe de sus cómics.
Una exposición en Siena celebra la delicada poesía de sus narraciones y recorre los
lugares que habitó el artista
Andrea Rizzi
"Si Hugo Pratt hubiera sido sólo el autor de las acuarelas
recogidas en la exposición Periplo imaginario, ello
bastaría para dedicarle por lo menos un párrafo en la historia
del arte. Pero el riesgo es que alguien, fascinado por las
imágenes prodigiosas de esta exposición, admita que Pratt fue
un gran artista sólo porque fue un buen pintor, y casi a pesar
de su militancia en el universo del cómic. Sin embargo, Pratt
ha sido un gran artista sobre todo como narrador en el formato
historieta [...], a pesar de que muchos sigan pensando que los
tebeos sean una categoría menor del arte. Fue un genial
narrador verbo-visual".
Esas palabras de Umberto Eco, publicadas por el diario
italiano La Repubblica, definen quizá la emoción
fundamental que ofrece Periplo imaginario, la gran
exposición antológica organizada en el prestigioso complejo
museístico Santa María della Scala de Siena para celebrar la
obra de Hugo Pratt (Rímini, 1927-Lausana, 1995) a los 10 años
de su muerte. Periplo imaginario recoge -entre
acuarelas, dibujos, apuntes en tinta china y planchas
originales de tebeos- unas 350 piezas del autor italiano que,
en 1967, dio la vida a Corto Maltés, el romántico y solitario
marinero medio gitano y medio irlandés que muy pronto se
convirtió en una leyenda del mundo de los tebeos. Corto es,
sin duda, la punta más visible del iceberg de la obra de un
autor traducido a 19 idiomas, que vende anualmente unas
200.000 copias entre cómics y publicaciones varias y -no sólo
según Eco- se eleva a la dignidad de relevante referencia del
arte figurativo del siglo XX.
"Periplo imaginario nace como voluntad de hacer un
balance y de enseñar los aspectos menos conocidos del trabajo
de Pratt, en particular sus acuarelas, junto con la parte
principal, los tebeos", explica en una conversación telefónica
Patrizia Zanotti, comisaria de la muestra y colaboradora del
autor durante los últimos 17 años de su vida.
En el centro de ese amplio balance está, a primera vista,
Corto Maltés, el hijo más célebre de la imaginación del
maestro veneciano, el que le ofreció el reconocimiento
internacional a su creador. Pero, quizá, más que el propio
Corto, es la relación entre Hugo y este personaje la que
centra la mirada de la propuesta de Siena. La relación entre
hombre y héroe, autor y personaje, soñador y sueño.
Periplo imaginario -que estará en Siena hasta el 2
de octubre y que viajará a París en otoño y después, en las
intenciones de los organizadores, a Barcelona- se parece mucho
a una discreta invitación a ahondar en esa relación, a
descubrir hasta qué punto las aventuras de Corto fueron el
sueño de Hugo y hasta qué punto, sorprendentemente, la
reminiscencia de su fascinante experiencia.
La biografía de Pratt, que no tiene mucho que envidiar a
una aventura de Corto, ayuda a entender la cuestión. Hugo
Pratt nació el 15 de junio de 1927, en Rímini, en una casa
frente al mar. Lo de Rímini fue casual: sus padres estaban
allí de vacaciones. Pero lo del mar, no, porque su familia
residía en Venecia: de todas formas, Pratt hubiera nacido
cerca del mar. Era su destino.
En sus venas corría sangre inglesa, francesa, española,
judía y turca. Su familia se consideraba fundamentalmente
apátrida y él vivió en la ciudad de los canales hasta los 10
años, cuando su padre, militar, fue destinado a Etiopía. Allí
empezó el excepcional periplo que le llevó a ser, contra su
voluntad, marinero de la Repubblica de Saló (el bando italiano
fascista durante el final de la II Guerra Mundial), a ser
desertor, traductor para los aliados y prisionero de los
alemanes. Ya después de la guerra, vivió 10 años en Buenos
Aires, dos en Londres, ocho en Italia, 14 en París, y 11 en
Lausana, donde murió el 20 de agosto de 1995.
Por si no fueran suficientemente significativos los lugares
de su residencia, se puede añadir que toda su vida estuvo
constantemente llena de viajes, reales o de los que "no tienen
nada a que ver con los kilómetros", como solía decir.
Casi como un reflejo de ese periplo, el recorrido de la
muestra está estructurado en siete grandes áreas geográficas
(Venecia, Mundo Céltico, África, América Latina, América del
Norte, Pacífico y Asia). "La intención era subrayar la
relación entre lo vivido -cultural y físicamente- y lo
creado", cuenta Zanotti.
"Corto Maltés, en definitiva, es una mezcla de aspectos de
personas reales conocidas y de personajes literarios, una
reelaboración de vivencias y de pasiones literarias. Y los
lugares en los que se desarrollan sus aventuras son en gran
parte los destinos de los viajes de Pratt filtrados a través
de las reminiscencias. Nunca vi a Pratt trabajar con una foto
en la mesa. Y el interrogante sobre la relación entre autor y
personaje lo resolvía quizá el mismo autor, cuando decía que
consideraba a Corto como a un compañero de viaje", prosigue.
"La memoria y el instinto eran los elementos dominantes a
la hora de empezar una historia", recuerda Zanotti. "Nunca le
vi empezar una aventura de Corto con un guión ya escrito.
Decía que lo único que hacía falta para empezar a contar una
buena historia era un buen final".
La exposición enseña la relevancia del papel que jugaron,
en la memoria y en el instinto de Pratt la infancia veneciana
y la adolescencia en Etiopía. La estética de esos dos lugares
es recurrente en su obra. "Pratt se fue de Venecia con 10
años... hay que imaginar el viaje", subraya Zanotti, "los
puertos, el canal de Suez, los batiscafos... y luego Etiopía,
los militares, los uniformes, los indígenas. Pratt jugaba con
niños africanos, e instintivamente sentía que los adultos se
equivocaban. Aprendió allí el respeto hacia las minorías y el
que no siempre las historias contadas por los mayores -o
escritas por los poderosos- son correctas. De ahí que en
muchas de sus obras los indígenas, los representantes de las
culturas minoritarias hablen con sabiduría, dando un vuelco a
la visión que los occidentales tenemos asumida".
Fabula de Venecia -la aventura de Corto Maltés que
EL PAÍS ofreció a sus lectores en la colección Cómics- es un
evidente ejemplo de esas influencias. Pero Periplo
imaginario, que ya ha sido visitada por 25.000
espectadores, demuestra que esas influencias y la delicada
emoción de sus reelaboraciones, están presentes en toda la
obra de Pratt, más allá de Corto.
Milo Manara, otro gran maestro del tebeo italiano y amigo
de Pratt, dijo de la exposición: "Es bellísima y conmovedora.
Me emociona ver las planchas de Pratt en paneles tan grandes:
en conjunto dan la sensación de un gran fresco, y muestran la
cantidad de trabajo minucioso y sabio que hay detrás de cada
dibujo".
Y, recordando al amigo, añadió: "En 27 años de amistad
siempre he llamado a Hugo Pratt Maestro, nunca Hugo, aunque
hayamos sido compañeros de vida, viajes, y copas. Nunca he
conocido un hombre más libre que él: naturalmente eso
implicaba un cierto carácter áspero, decidido a luchar en
contra de cualquier chantaje afectivo. De mí, apreciaba
muchísimo que supiera cuándo era el momento de irme...".
La cronología de las obras expuestas demuestra la creciente
atención que Pratt dedicó a las acuarelas. "Yo soy un
veneciano, y el agua para mí es importante", decía. La
narración de los hechos en las acuarelas trasciende cada vez
más en una dimensión potentemente emotiva y sugerente. Las
imágenes necesitan cada vez menos el antes y el después,
llenas de sentido de por sí. Como cuadros. Y, sin embargo, las
historias enganchan, arrastran. En los viajes, imaginarios y
reales, de Hugo Pratt.
Una pasión de Umberto Eco
Cuando quiero relajarme, leo ensayos de Engels.
Si, por el contrario, tengo ganas de concentrarme,
leo Corto Maltés". Umberto Eco nunca escondió su
pasión por las aventuras del marinero creado por
la fantasía de Hugo Pratt, y en más de una
ocasión, le utilizó para provocar a quienes
consideran el cómic un arte menor.
Hace 10 días, el semiólogo piamontés volvió a
reflexionar sobre la obra de Pratt en un amplio
artículo publicado por el diario italiano La
Repubblica. Comentando algunas de las obras de
la exposición, Eco no tiene miedo en decir que
algunas de ellas "alcanzan esa relación con el
universal propia de la gran pintura, cualquiera
sea la técnica utilizada".
Pratt, según Eco, estuvo probablemente
influenciado por Conrad, Stevenson y Kipling,
"pero no se encuentra en su obra ningún indicio de
parasitismo. Pratt reconoce sus fuentes de
inspiración, pero combate con coraje su lucha con
el ángel, elabora y resuelve, como diría Bloom, su
angustia de la influencia y crea historias que son
sólo e inequívocamente Pratt".
En el texto, Eco evoca una anécdota sugerente.
"Casi siempre los dibujantes de tebeos se retratan
en sus protagonistas o, como mucho, en los
deuteragonistas. [...] De Pratt nunca lo sospeché.
Pero un día le encontré en Milán, en la
presentación de un libro, y le presenté a mi hija,
que debía tener 8 o 10 años y que ya era lectora
de Corto. Ella me susurró al oído que Pratt era
Corto. Que el rey esté desnudo sólo lo pueden
decir los niños. Pratt no tenía la altura, la
figura esbelta de Corto, pero, mirándole bien,
tuve que admitir que de alguna forma era
Corto: la línea de la nariz, el corte de la boca.
No sé, seguramente no era el Corto de las primeras
historias, sino el más mágico de las últimas,
aquellas que Pratt todavía no había dibujado...
Pratt se estaba buscando [...] y, buscándose,
perseguía algunos sueños errabundos".
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