i surfea uno en
internet y busca "Pippi Langstrumpf" (que así se llama en alemán),
encontrará nada menos que 550 mil entradas referentes a ese prodigio
inventado por la fantasía maternal de Astrid Lindgren. Como figura emanada
de su caletre, para contársela a su hija Karin, enferma en la cama, Pippi
nació en 1941, aunque debe decirse que el nombre de la figura se lo
inventó su propia hija cuando ella le preguntó qué historia quería que le
contase. Como personaje de un libro, vio la luz el 1 de septiembre de
1945, corriendo el riesgo de la publicación la editorial Rabén &
Sjörgen y siendo las ilustraciones de Ingrid Vang-Nyman.
Así quedó sellado el destino de la niña más popular del siglo XX, y así
es que ha llegado a los sesenta años de una larga vida en la que nunca ha
dejado de tener tan sólo nueve.
Una larga vida, y eso a pesar de que al aparecer el libro hubo en
Suecia una violenta discusión acerca de su protagonista, y un profesor de
pedagogía y psicología achacó su creación a lo que calificaba de "fantasía
enfermiza". Porque la verdad es que Pippi amenazaba con llevar a la
bancarrota el sistema educativo y el sistema de valores tradicionales.
Pippi hacía su santísima voluntad y se reía de escuelas y policías en sus
propias barbas. Pero como muy bien escribió Astrid Lindgren años después:
"Si con la figura de Pippi albergué alguna vez otra intención que la de
divertir a mis jóvenes lectores, sería la de mostrarles que se puede tener
poder sin abusar del mismo, cosa que es claramente, de todas, la más
difícil prueba de habilidad en la vida."
Pippi Langstrumpf les ha hablado ya, en por lo menos medio centenar de
lenguas, a niños y adultos del mundo entero, siempre con ese nombre,
traducido literalmente, menos en francés. En francés es Fifi Brindacier y
no Pippi, que en la lengua de Voltaire se pronunciaría "pipí"
(excesivamente escatológico), ni tampoco Calzaslargas sino "Tien’asero",
según cuenta Juan Ramón Jiménez que decían los vecinos de Moguer viendo
pasar a su burrillo: "Tiene acero. Acero y plata de luna, al mismo
tiempo." Como Pippi. (Este poliglotismo de Pippi me hizo recordar alguna
vez la deliciosa décima de don Nicolás Fernández de Moratín: "Admiróse un
portugués/ de ver que en su tierna infancia/ todos los niños en Francia/
supiesen hablar francés./ ‘Arte diabólica es’,/ dijo, torciendo el
mostacho,/ ‘que para hablar en gabacho/ un fidalgo en Portugal/ llega a
viejo, y lo habla mal;/ y aquí lo parla un muchacho.’" Pippi, pardon!...
Fifi, concretamente a los nueve años.)
Por mi parte, confieso que en materia de literatura soy bastante
pedofílico, y una de las niñas de las que me he enamorado hasta las cachas
es esta Pippi, entre nosotros Pippilotta Rollgardina Victualia Peppermint
Longstockin, y para abreviar Pippi Calzaslargas, y creo que me enamoré tan
irremisiblemente de ella cuando la vi entrar a la tienda en cuya vitrina
había un cartel donde rezaba: ¿ padece de pecas? "Pues no, no
padezco de pecas", le dice Pippi al dependiente. "Pero, querida niña",
responde el pobre dependiente, "si tienes toda la cara llena de pecas..."
"Claro que sí", replica Pippi, "pero no padezco de ellas. A mí me gustan.
¡Buenos días!" ¡Pues claro está que sí! Si uno no tiene el valor de
gustarse como es, qué se le ha perdido en este valle de lágrimas de
cocodrilo "e impuestos mucinipales"... como diría la propia
Pippi.
Para mí, Pippi pertenece por derecho propio a un mundo en el que se
mueven con leyes propias su compatriota Nils Holgersson, el Lazarillo de
Tormes, Oliver Twist y la pequeña Dorritt, Tom Sawyer y Huckleberry Finn,
Zazie, Alicia en el país de las maravillas, Kim de la India y Mowgli, el
Nariçinho del brasileño Monteiro Lobato, Peter Pan, Mafalda, y el menos
conocido Wouterje Pieterse, ese quijote infantil de Multatuli (el autor
neerlandés que escribió la primera novela anticolonialista de la Historia,
la incomparable Max Havelaar), y desde luego, también, el
principito de St.-Exupéry: Pippi es, por cierto, una princesita...
plebeya, gracias a los dioses.
Y desde luego que hay diferencias fundamentales entre todos ellos. Por
ejemplo: Alicia es una personita a la que le suceden cosas, y Pippi es una
personaja que hace que las cosas sucedan; y Alicia vive en el mundo de
todos los días desde el cual entra en el mundo de la fantasía, y Pippi es
una figura directamente féerica, de cuento de hadas, que incide en la vida
de todos los días.
Con todo, déjenme decirles que en este su sexagésimo cumpleaños, y
puesto a elegir entre una y otra, el Mr. Hyde pedofílico que me habita se
queda con las dos. Y en unión de Tommy y de Annika, de Pequeño Tío y del
Señor Nilsson, de Tweedledum y de Humpty Dumpty, del Gato de Cheshire y el
Sombrerero Loco, brindo por una larga vida de ambas y, para que no me
tachen de corruptor de menores, cambio el whisky del brindis por una
limonada. Cheers &
Skol!