Desde
el inicio de los años 90, a fin de reducir costos y personal
militar, el Pentágono delineó una nueva estrategia para la
instalación de bases militares
en el exterior. Buscó construir en otros países pistas de
aviación, cuarteles, stocks de carburante y equipamiento, etc.,
pero sin ocupar permanentemente estas bases con las Special
Operations Forces (SOF). Lo que interesa al Pentágono es que
ellas sean conservadas en buen estado y en condiciones de uso
instantáneo, en el momento en que alguna intervención militar
directa se torne necesaria.
Estas bases también son
periódicamente utilizadas como punto de partida y apoyo para
ejercicios (a) de entrenamiento de tropas americanas, y (b) de
entrenamiento de tropas de los países clientes, así como
familiarizarlas con equipamientos militares americanos, creando
condiciones para futuras ventas. Además de servir también para
la recolección de inteligencia, constituye así un medio de
promoción de ventas de material bélico, armamentos y municiones,
un comercio dirigido por el Pentágono. Bases de este tipo
fueron instaladas en Mauritania, en Mali y probablemente en
otros países de África.
Los objetivos de Estados Unidos,
en América del Sur, siempre fueron asegurar las fuentes de
materiales estratégicos, tales como los campos de petróleo en
Colombia, Ecuador y Venezuela, las minas de estaño en Bolivia,
las minas de cobre en Chile, y mantener abiertas las líneas de
acceso. Y, durante la década de 1990, el Pentágono instaló, en América
del Sur y en islas próximas, cerca de 20 guarniciones militares,
divididas entre bases aéreas y de 17 bases terrestres de radar,
en las cuales acuartelaban cerca de 1.500 mil soldados, a un
costo estimado de U$S 337 millones. Además de la base de Manta,
en Ecuador, contaban con tres en Perú y 4 en Colombia, siendo el
restante móvil y en lugares secretos. Crearon incluso una base
de entrenamiento de combate naval en Iquitos, Perú, y la Escuela
de Selva del Ejército ecuatoriano, en El Coca. Y en estas dos
bases, financiadas totalmente por el programa Joint Combined
Exchange Training (JCET), del Pentágono, cerca de 160 soldados y
30 civiles americanos entrenaban el Batallón Antinarcóticos del
Ejército de Colombia, al mismo tiempo en que pilotos,
supuestamente civiles, tripulan y controlan aviones y
helicópteros enviados para apoyar a la Policía Antinarcóticos,
en Mariquita, San José del Guaviare y Puerto Asís. Estos
aviadores americanos son altamente calificados para operar
estaciones de radar, captar cualquier señal radial en la selva e
interpretar sofisticadas imágenes de cámaras de “multi-espectro”,
capaces de identificar cualquier objetivo en la selva.
En 1999, el presidente de Argentina, Carlos Menem,
ofreció a los Estados Unidos la Escuela de Monte, que el
Ejército argentino posee en la provincia de Misiones, con 10.000
hectáreas y en una zona muy próxima a la frontera con Brasil,
para entrenamiento en combate en la selva de sus unidades de
contra-insurgencia. Cuestiones constitucionales en Argentina y
la manifestación de desagrado por parte de Brasil, sin embargo,
confluyeron para frustrar el proyecto.
En el Paraguay, desde 1969, Estados Unidos tenían
el proyecto de instalar una base militar. En 1983, durante la
dictadura del general Alfredo Stroessner, técnicos americanos
construyeron la base denominada Mariscal Estigarríbia, en la
provincia de Boqueronen, localidad con solamente 3.000
habitantes, en el Chaco Paraguayo, cerca de 250 Km da Bolivia y
próxima das provincias argentinas de Formosa e Salta.. Esa base
posee enorme sistema de radar, amplios hangares y una torre de
controle de tráfico aéreo. La pista, con un total de 3.500 Km
es más grande que la del aeropuerto internacional de Asunción y
fue restaurada y ampliada en los años 90. Esa pista permite
aterrizaje aviones de mayor tamaño, como los Galaxy y los B52.
En 1994, los americanos comenzaron a construir
una base, llamada Largos Caminos, em el Departamento de São
Pedro, donde hay depósitos de uranio. En Departamento de Caazapá,
región oriental, hay otra base, también construida por técnicos
americanos. Y, desde entonces, varios
ejercicios militares fueron efectuados en la región por fuerzas
conjuntas de los Estados Unidos y Paraguay. El 14 de enero de
2003, un avión de la Marina de los Estados Unidos – Hércules
C-130, Prefijo AX-4994 – con 11 fusileros navales, que intentara
entrar en territorio boliviano para llegar al Paraguay, invadió
el espacio aéreo de Brasil y fue obligado a aterrizar en el
aeropuerto Jorge Teixeira, en Porto Velho (Rondônia), por no
tener autorización para sobrevolar el territorio brasileño.
Constó que los militares integraban el 7º Grupo de las SOF, que
iban a realizar cursos de capacitación y operaciones conjuntas
especiales con las Fuerzas Armadas de Paraguay, según indicó un
pedido analizado y aprobado por el Senado de aquél país, a fines
de 2003. Esta era la segunda vez, en tres meses, que una
aeronave de los Estados Unidos sobrevolaba el espacio aéreo
nacional entre Brasil y Bolivia.
El 8 de diciembre de 2003, al
volar clandestinamente sobre el territorio brasileño, un
helicóptero americano, perteneciente a la Atlanta-Jet, habría
caído en la región del distrito de Abunã, próximo a la ciudad de
Guajará-Mirim, limítrofe con Bolivia, cerca de 80 millas de
Porto Velho. Al día siguiente, tres helicópteros
norteamericanos, vinculados a la Drug Enforcement Administration
(DEA), invadieron el espacio aéreo brasileño para rescatar a un
civil y dos militares.
A través de Notas reversales,
firmadas con los Estados Unidos, (05/05/2005), el Paraguay
autorizó el ingreso de 400 soldados americanos, vigente a partir
del 1º de julio de 2005 al 2 de diciembre de 2006, con la
posibilidad de prórroga. Y, según consta, el proyecto es
ampliar las instalaciones de Mariscal Estigarribia de modo de
acuartelar cerca de 16.000 soldados o, incluso, 13
contingentes. Esta iniciativa, permitiendo el ingreso en
Paraguay de 400 soldados americanos con inmunidades, y la
amenaza de un acuerdo de libre comercio con los Estados Unidos,
demuestran, mientras tanto, la irresponsabilidad del gobierno de
Nicanor Duarte Frutos y el aventurerismo de la administración de
George W. Bush, al inflamar el antiamericanismo y las tensiones
entre los países de América del Sur.
El acuerdo de Paraguay con los
Estados Unidos, tarde o temprano, tendrá que ser denunciado,
dado su incompatibilidad con los compromisos asumidos con el
MERCOSUR. Si el Paraguay, desde el término de la construcción
de Itaipú, no está en mejor situación la causa es la debilidad
de su estructura productiva, deficiente en cultura de trabajo y
penetrada por la contravención. Y fuera del MERCOSUR, el
Paraguay no es viable. Más del 30% de sus exportaciones se
destinan al mercado brasileño y, si se considera el contrabando,
este porcentaje se eleva a mucho más del 60%.
También las exportaciones de Paraguay para otros países fuera
del MERCOSUR pasan por las carreteras de Brasil, hasta los
puertos de Paranagua, Santos y Río Grande, así como por el
puerto de Buenos Aires, en el Río de la Plata. Además, Brasil
compensa a Paraguay, anualmente, con cerca de U$S 240 millones,
por concepto de royalties por el uso de la energía de Itaipú. Y,
aunque no desee tomar tal medida, puede suspender el pago, en
caso que sufra perjuicios considerables como la ruptura del
MERCOSUR por parte de Paraguay.
Artículo publicado inicialmente por Folha de São Paulo.
Profesor:
Dr. Luis Moniz Bandeira