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28 de septiembre de
2005
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La
Jornada de México
- 28 de setiembre de 2005
La justicia
de EEUU protege al terrorismo
Editorial
La negativa
de un juez migratorio estadunidense a otorgar la extradición a Venezuela
del terrorista cubano-venezolano Luis Posada Carriles ilustra en forma
inequívoca la doble moral y la hipocresía de las esferas
públicas estadunidenses en materia de terrorismo. La máxima
potencia mundial, arrastrada por su grupo gobernante a una cruzada mundial
contra el fundamentalismo islámico, algunos de cuyos sectores recurren
al terrorismo, se resiste en cambio a permitir que otros países
sometan a juicio a Posada Carriles, uno de los autores del atentado contra
una aeronave civil de Cubana de Aviación que dejó más
de 70 muertos, promotor de ataques con explosivos en diversos puntos de
la isla y partícipe en una fallida conjura para asesinar en Panamá
a Fidel Castro cuando viajó a ese país en el contexto de
una Cumbre Iberoamericana realizada hace cinco años.
Cabe recordar que el protegido de
la justicia estadunidense no es un mero sospechoso de terrorismo, sino
fue hallado culpable, por un tribunal de Caracas, de la voladura de la
aeronave; purgó nueve años de su condena en Venezuela y,
cuando se encontraba en régimen de libertad condicional, se fugó
de ese país. Posteriormente, tras prestar servicios a las fuerzas
irregulares que organizó Estados Unidos en Centroamérica
para combatir al gobierno sandinista de Nicaragua y a la guerrilla salvadoreña,
Posada Carriles fue encarcelado en Panamá, luego de que el propio
Castro dio a las autoridades de esa nación la voz de alerta del
atentado que se preparaba en su contra. En suma, las actividades terroristas
de Posada Carriles están mejor documentadas y comprobadas que las
de Osama Bin Laden.
Se pone de manifiesto, pues, que
el poder público estadunidense sigue midiendo este fenómeno
condenable en todas sus expresiones, como siempre lo ha hecho,
con doble vara: para Washington hay terroristas buenos (usualmente trabajan
en coordinación con el Pentágono y la Agencia Central de
Inteligencia) que desestabilizan gobiernos, asesinan civiles y ponen bombas
en aviones, hoteles y restaurantes, y terroristas malos, como los integristas
de Al Qaeda y las organizaciones guerrilleras colombianas.
En otro sentido, sorprende, por cínico,
el alegato del magistrado de que Posada Carriles no será entregado
a la justicia cubana ni a la venezolana porque podría correr el
riesgo de ser torturado, ya que el país que enfrenta acusaciones
de Amnistía Internacional (AI) y otros organismos humanitarios por
violar la Convención de la Organización de las Naciones Unidas
(ONU) contra la Tortura no se llama Cuba ni Venezuela, sino Estados Unidos.
En un documento reciente de AI (2005)
se consignan las muertes bajo custodia y malos tratos perpetrados por las
fuerzas estadunidenses en Irak, así como en Afganistán y
Guantánamo, y se indica que "salieron a la luz pruebas de que el
gobierno de Estados Unidos había autorizado técnicas de interrogatorio
que violaban la Convención de la ONU contra la Tortura": los secuestrados
de nacionalidad kuwaití retenidos en Guantánamo, por ejemplo,
coincidieron, en entrevistas recabadas por un abogado estadunidense, en
que habían recibido palizas terribles, los colgaron de las muñecas
y los golpearon, les quitaron la ropa, los encapucharon y expusieron desnudos
al frío extremo. "Todos confirmaron que este trato lo infligían
estadunidenses [...] Varios mencionaron el uso de descargas eléctricas
[...] algunos las recibieron; muchos vieron cómo se aplicaban."
Para no ir más lejos, ayer,
mientras un tribunal migratorio estadunidense concedía protección
al terrorista cubano, un tribunal militar condenaba a tres años
de prisión a la soldado Lynndie England, participante menor, pero
famosa, de la barbarie cometida por la tropa estadunidense en la cárcel
de Abu Ghraib (Irak), donde los invasores torturaron y asesinaron a integrantes
de la resistencia iraquí o meros sospechosos de serlo. Tras las
indignantes revelaciones del año pasado sobre esas atrocidades,
la justicia castrense de la potencia ocupante aplicó una política
de control de daños y llevó a consejos de guerra a algunos
de los soldados y suboficiales, pero ningún oficial de alto rango
fue llevado ante los jueces, pese a que resultaba evidente que los malos
tratos formaban y siguen formando parte de una estrategia general.
Después de la negativa de
extraditar a Posada Carriles, al gobierno de Washington y a las instancias
judiciales estadunidenses no les queda ninguna autoridad moral para condenar
el terrorismo ni para hacer como que lo combate. |