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2 de octubre de
2005
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Brecha
de Uruguay - 30 de setiembre de 2005
Con el brasileño Jair Krischke
Brasil: Una crisis societal
Aunque Krischke es un destacado activista en la defensa
de los derechos humanos, en la coyuntura actual resulta
imposible no abordar la situación política que atraviesa
Brasil, y muy en particular la crisis del gobierno de Luiz
Inácio Lula da Silva y el Partido de los Trabajadores
(PT).
Raúl Zibechi
Una vida
dedicada a la defensa de los derechos humanos. Jair Krischke,
abogado de 67 años, recibió decenas de condecoraciones, desde
Israel a Brasil; fue declarado ciudadano emérito de Porto
Alegre, donde nació y reside, y distinguido como visitante
ilustre de Montevideo, por la ayuda a exiliados y perseguidos
uruguayos durante la dictadura. Es fundador del Movimiento de
Justicia y Derechos Humanos (MJDH/Brasil), del Centro
Latinoamericano de Investigación (CELADI) y asesor de la
REL-UITA. En 2001 recibió la medalla Chico Mendes a la
resistencia, por la Orden de Abogados de Brasil. Sin embargo,
en su país es un francotirador por sus feroces críticas al
gobierno de Lula, desde una posición de izquierda. “Los
defensores de los derechos humanos nos separamos del gobierno
porque se niega a abrir los archivos de la dictadura.” —A
dos años y nueve meses de iniciado, ¿cómo evalúa el gobierno
de Lula? —Una tragedia. Estamos frente a un asesinato de la
esperanza. Lula llega al poder con 53 millones de votos, mucho
más que los votos del PT, que consiguió apenas el 17 por
ciento de la Cámara de diputados. Tuvo un masivo apoyo
ciudadano pero sigue la misma política económica de Fernando
Henrique Cardoso. Eso prendió la luz roja. Luego vino la
reforma de las jubilaciones, avasallando derechos de los
empleados públicos y privados que habían sido conquistados con
largas luchas. Se trata de una historia de luchas que arranca
en los años cincuenta con el gobierno de Getúlio Vargas, y que
cuando llega el gobierno del Partido de los Trabajadores se
comienzan a desarmar esos derechos. Lula estaba a punto de
empezar una reforma laboral que implicaba una derrota de los
sindicatos. Por suerte no va a pasar porque se terminó el
gobierno de Lula, no tiene más fuerza política para encarar
reformas. —¿Es verdad que el país está
paralizado? —Completamente paralizado. Esto es algo
impresionante, en el parlamento no se vota nada. Funcionan
tres comisiones parlamentarias de investigación de la
corrupción, lo que me parece exagerado. El problema es que
estamos ante una corrupción muy diferente a la que los
latinoamericanos estábamos acostumbrados. Lo que conocemos es
el robo de los dineros públicos, individual o de grupo, para
enriquecimiento personal. Acá se trata de robo para un
proyecto político. —¿Cómo se llegó a esto? —Como la
bancada del PT es muy pequeña estaba obligado a pactar una
base de apoyo parlamentaria. Al poco tiempo de comenzar su
gobierno comienza el cambio de partido de muchos
parlamentarios, que no van al PT sino a partidos aliados, al
Partido Liberal, del vicepresidnete José Alencar, al ptb, de
Roberto Jefferson, al Partido Popular, formado por ex
comunistas... —¿No hacia el Partido Laborista, de Leonel
Brizola? —No, Brizola apoyó a Lula pero a poco de comenzar
el gobierno rompió radicalmente. Era un viejo zorro de la
política y supongo que tenía mucho olfato y algo habrá
intuido. En realidad nadie sabía lo que estaba sucediendo. Yo
me considero una persona bien informada, con contactos en la
política, pero no tenía la menor idea de lo que estaba
sucediendo. Para los latinoamericanos es difícil comprender
lo que sucede en Brasil. Tenemos 17 partidos con
representación parlamentaria, entonces el PT y el gobierno de
Lula empezaron a moverse para que hubiera cambios de partidos.
El Partido Liberal tenía veintipocos diputados y ahora tiene
62, el ptb tuvo un crecimiento similar. Una diputada, en
declaraciones a la comisión de investigación, declaró que la
invitaron a cambiar de partido y le ofrecieron un millón de
reales y 30 mil reales mensuales (450 mil y 14 mil dólares
respectivamente). Un diputado cobra 17 mil reales. Ahí se
puede ver el monstruo que se estaba incubando. Son 5 mil
millones de reales (2.300 millones de dólares). Es una cifra
brutal. —¿De dónde salió ese dinero? —Se está
investigando. Se trata de empresas de publicidad, porque el
Estado es el que más gasta en publicidad. Las empresas
sobrefacturaban y el dinero sobrante se desviaba a la compra
de diputados. Lo interesante es que se compraban
parlamentarios de derecha para que votaran reformas
neoliberales, cosa que hubieran hecho gratis y con alegría. Ni
Kafka hubiera podido imaginar algo así. —¿De dónde viene
todo esto? Hay dos explicaciones que tal vez sean
complementarias. Algunos aluden a una estrategia trazada por
José Dirceu, mientras otros –como el sociólogo Francisco de
Oliveira– señalan que el PT tiene una larga relación con el
capital financiero. —No es posible pasar superficialmente
sobre este tema, porque es un viraje muy profundo respecto de
nuestros hábitos políticos. Hay una figura que no aparece
mucho, Luiz Gushiken, una persona muy vinculada a Lula. Fue
dirigente del sindicato bancario de la cut, luego creó una
empresa para asesorar a los Fondos de Amparo al Trabajador,
que son fondos previsionales creados a fines de la dictadura.
Gushiken asesora al capital financiero. Lula lo invita a ser
ministro de uno de los nuevos ministerios, el de
Comunicaciones. Y ahí está el dinero de la publicidad. En el
escenario donde se mueve Gushiken hay miles de millones de
dólares. Los fondos previsionales pertenecen al Banco do
Brasil, a la Caja Económica, a Petrobras, que es la principal
empresa de Brasil. Las cifras son monumentales, tanto que
cuando el gobierno de Cardoso privatizó algunas grandes
empresas esos fondos previsionales invirtieron en algunas
empresas. Allí aparecen dirigentes como Gushiken y otros
sindicalistas y dirigentes del PT junto a gerentes de empresas
telefónicas privatizadas asociadas al Citybank, a Telecom de
Italia y de Portugal, por poner dos ejemplos. —Eso quiere
decir que la política económica, como el nombramiento de
Henrique Meirelles al frente del Banco Central, forma parte
una alianza con el capital financiero de larga
data. —Meirelles fue presidente mundial del Bank Boston. Se
jubila, vuelve a Brasil y se postula como diputado por el
Partido Socialdemócrata, de Cardoso, gastando mucho dinero
porque nadie lo conocía en Brasil. Antes de asumir, Lula lo
llama para ocupar el Banco Central. —¿Cuál es su
hipótesis? —Que en algún momento se diseñó una política
para transformar el PT en un pri con todas las características
de un partido de Estado. Sorprende el escaso tiempo en que se
intentó llevar esto adelante. —¿Quiénes están detrás de
esta estrategia? —La cúpula del PT. El Campo Mayoritario
dirigido en los hechos por José Dirceu es el que gestó este
proyecto. Dirceu es un cuadro, un tipo muy frío y calculador.
Se exilió en Cuba, volvió al país clandestinamente, con una
cirugía plástica, fue a vivir al interior de Paraná, se casó,
tuvo un hijo y vivió tranquilamente. Cuando llegó la amnistía
de 1979 le dijo a su esposa “Mira yo soy José Dirceu” y se
hizo otra cirugía para recuperar su aspecto. Ni a la mujer ni
al hijo les dijo nunca nada. Ese hombre frío y cerebral es el
que comandó todo esto. —¿Con el conocimiento de
Lula? —Si Lula no sabía, es peor aun. Pero sí sabía. Otros,
como Delubio Soares, son apenas los encargados de gestionar,
no son los que diseñaron el proyecto. —¿Entonces por qué la
derecha quiere destruir a Lula y al PT? —Eso es una gran
equivocación. Lula sigue en el poder gracias a la derecha y
los banqueros. Estuve en una reunión con empresarios y fueron
muy claros en que prefieren a Lula y no al vicepresidente José
Alencar, porque como empresario Alencar quiere bajar las tasas
de interés. —¿Va a ganar Lula en 2006? —No. No se sabe
quién puede ganar. El PT sigue en manos del Campo Mayoritario.
Tarso Genro reina pero no gobierna. Cuando enfrentó a Dirceu
perdió. Además la derecha y los medios tienen muchos más casos
para sacar a luz. Está el caso del hijo de Lula que recibió
dos millones de dólares de una empresa telefónica; de Marisa,
su esposa, que tiene derecho a protección policial pero no a
hacer gastos a cargo del Estado, y tenemos informes que desde
enero a agosto de este año está gastando un promedio de 1.800
reales diarios (900 dólares). —¿Cómo quedan la izquierda y
los movimientos sociales? —En una situación muy compleja.
En estos días mucha gente está abandonando el PT. —¿Podemos
decir que el gobierno de Lula significa una crisis para la
izquierda y el movimiento social? —Y para la democracia.
Nunca antes habíamos llegado al gobierno y hoy la gente se
pregunta, ¿esto es izquierda?, ¿esto es democracia? Cuando se
mata la esperanza se crea una crisis de sociedad, y este es el
problema más grave. Un partido de izquierda que llega al poder
e implementa un gobierno neoliberal que además es
corrupto...
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