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2 de octubre de 2005
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La
Voz de Galicia - 30 de setiembre de 2005
Colores del terrorismo y Cuba
Ramón
Chao
DISTINGUEN los erotólogos, expertos en la materia, entre su campo
de acción y la pornografía. Pornografía es el erotismo de los otros. Los
pornógrafos piensan igual, pero al revés: el erotismo del vecino es pornografía,
y lo que ellos practican, erotismo. Pasa lo mismo con la lucha armada, que para
unos es terrorismo, y para los de enfrente, resistencia.
Yo, que no soy
pornógrafo ni terrorista, clasificaría el terrorismo en dos clases, el blanco y
el rojo. Hago constar que el calificativo de rojo procede de un
deslizamiento lingüístico condenable. A los republicanos, ateos y materialistas
deseosos de otro modo social, nos agrada que nos llamen rojos. Es un color
soberbio, como el de la plaza Roja de Moscú (krasnaia) o del
Ejército rojo (krasnui) de la Unión Soviética que en sus inicios
creó Trotsky, pues rojo en ruso así se dice y equivale a magnífico, brillante,
resplandeciente.
Pero salí de mi carril, y regresando a que hay
terrorismo rojo y blanco, un buen ejemplo nos lo dio la semana pasada Tony
Blair, al reconocer, por primera vez desde que dura la guerra de Irak, que no
había previsto que sus tropas chocaran con un terrorismo tan salvaje; es decir,
terrorismo rojo. El premier británico olvida que su país, con el
de Bush y la España de Aznar, bombardearon y ocuparon un país cuyo Gobierno
estaba reconocido por todas las instancias internacionales, causando miles de
muertos y torturas sin cuento (terrorismo blanco). Cualquier órgano de difusión
medianamente objetivo hablaría de grupos de resistencia.
El terrorismo
blanco carece de responsables. Lynndie England, cabo o algo así del ejército de
ocupación, torturadora en Abu Ghraib ( terrorismo blanco), es la única condenada
por las atrocidades que se infligieron a los presos iraquíes, rojos ellos, y
pagó (poco) por todos, incluidos oficiales como Ricardo Sánchez, que mandaba en
las fuerzas de ocupación, y su adjunto, por no subir más arriba como se debiera.
No me voy a extender más, aunque no dejaré de citar los casos de
Palestina e Israel (rojo y blanco, respectivamente) o Chechenia y Rusia (ídem).
Aquí se da el caso de que Putin practicó terrorismo rojo cuando dirigía el KGB y
ahora, del otro lado, lo aceptan en el club de los blancos.
Ejemplo
flagrante de los colores terroristas (aunque el blanco no es color, sino
ausencia de él, como la falta de responsables) nos los ofrece el libro que acaba
de publicar El Viejo Topo, titulado La guerra contra el terrorismo y el
caso de los Cinco : desde hace decenios, Estados Unidos lleva a cabo una
agresión permanente contra Cuba, con invasiones, unos ochenta intentos de
magnicidio contra Fidel Castro, atentados con cerca de 4.000 muertos, un bloqueo
absoluto (terrorismo de un blanco radiante), mientras que desde hace seis años
se encuentran condenados en Estados Unidos cinco agentes cubanos cuya misión era
infiltrarse en los medios de terrorismo blanco americano para desenmascarar a
los autores de los atentados del mismo color en la isla. Eso sin hablar de Luis
Posada Carriles, uno de los terroristas más famosos en el mundo, protegido por
la justicia (blanca) yanqui.
Si ustedes aceptan mi teoría de los matices
del terrorismo, jueguen a descubrir toda clase de colores que pululan en el
planeta: en Afganistán, Haití, apropiación del agua, contaminación atmosférica,
condena del preservativo en África, rechazo del Protocolo de Kioto, etcétera,
etcétera.
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