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2 de octubre de 2005
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Punto
Final de Chile - Edición 597 - Desde el 5 al 18 de agosto
de 2005
Socialismo del siglo XXI
¿Dónde
va Chávez?
Manuel
Cabieses Donoso
Director de Punto Final - En Caracas
Esta entrevista
a Hugo Chávez Frías, presidente de la República Bolivariana
de Venezuela, se efectuó el 27 de julio. El escenario: un patio
en el piso superior del palacio de Miraflores que Chávez ha convertido
en jardín. A veces juega allí con su nieto. Entre las plantas
hay una hamaca para el descanso.
En un ángulo del patio, Chávez
tiene su escritorio a la sombra de un bohío caribeño. Es
el rincón privado donde lee, escribe y recibe visitas informales.
En estos días está leyendo "Memorias de ultratumba", de Chateaubriand,
que le obsequió el vicepresidente José Vicente Rangel. El
presidente está dentro de Miraflores, pero lejos del protocolo palaciego.
Desde la calle suben gritos de vendedores y el ruido de vehículos
que le quitan sosiego al rincón campesino en que Chávez quiere
aislarse.
Nacido hace 51 años en el
poblado de Sabaneta, Estado Barinas, en el seno de una familia muy modesta,
Chávez se ha convertido en un arrollador fenómeno político
a escala latinoamericana. Desde luego, en su país es el presidente
sobre el cual más libros -a favor y en contra- se han escrito. Sin
mencionar que de su Constitución Bolivariana se han publicado millones
de ejemplares.
Desde el 6 de diciembre de 1998,
en que ganó la presidencia con 56,24% de los votos, no ha cesado
de ganar confrontaciones electorales -incluyendo el referéndum del
16 de agosto de 2004 sobre su permanencia en el cargo-. La legitimidad
democrática de su mandato se ha convertido en contundente desmentido
a la campaña internacional que dirige Estados Unidos contra su gobierno.
Las encuestas -de empresas privadas opositoras, algunas norteamericanas-
le acreditan más de 70% de apoyo popular. Eso le asegura la reelección
en diciembre de 2006.
La oposición se ha destrozado
a sí misma intentándolo todo para derrocar o asesinar a Chávez.
Incluyendo el golpe de Estado de abril de 2002, el paro patronal y sabotaje
petrolero de dos meses, en 2003, que causó pérdidas por 14
mil millones de dólares a la economía venezolana.
En diciembre de este año
se le presenta una nueva oportunidad porque hay elecciones parlamentarias
(en Venezuela, esa rara "dictadura" que describe la oposición, hay
elecciones a cada rato). Sin embargo es difícil que una oposición
diezmada y carente de principios democráticos saque lecciones de
sus propias torpezas. El pasado 1º de agosto hubo elecciones municipales
y aunque la abstención en esos eventos siguió siendo muy
alta, un 68,4%, la alianza de gobierno eligió el 80% de los concejales.
El Movimiento V República, de Chávez, alcanzó por
sí solo el 58% de los votos. El principal partido de oposición,
Acción Democrática, socialdemócrata, obtuvo 18%. Otros
grupos menores llamaron a no votar, jugando con oportunismo a la tendencia
histórica de las elecciones municipales que llegó a una abstención
de 76,3% en los 40 años que gobernaron AD y el socialcristiano partido
Copei.
Chávez y su gobierno, más
allá de la revolución bolivariana que realizan en Venezuela,
se han convertido en surtidor de iniciativas de integración y hermandad
en América Latina y el Caribe. A través de la integración
-a cuya disposición pone el enorme potencial energético de
Venezuela-, el gobierno de Chávez divisa un camino inédito
al socialismo. Porque después de seis años y medio de tormentoso
gobierno, enfrentando a un poder imperial implacable en sus designios e
inescrupuloso en sus métodos, Chávez ha llegado a la conclusión
que sólo el socialismo -despojado de lastres burocráticos,
dogmatismos ideológicos y errores del pasado- puede traer justicia
social y derrotar la pobreza.
Ha comenzado por un ensayo de poder
popular en su propio país de 24 millones y medio de habitantes.
Pero a la vez ofrece al vecindario el respaldo de la riqueza petrolera
y gasífera venezolana, que permitiría construir nuevos instrumentos
de integración regional. Una integración en todos los ámbitos,
desde lo económico hasta lo político. Chávez, sin
duda, juega fuerte. Su apuesta puede resultar porque, desde luego, ha provocado
un sorprendente interés en América Latina por volver a discutir
los temas del socialismo a la luz del fracaso y desprestigio del neoliberalismo.
Esa resurrección del viejo
fantasma que aterroriza a los privilegiados, se sustenta en la vasta corriente
de apoyo popular que en América Latina acompaña a la revolución
bolivariana de Venezuela y que provoca profunda preocupación a Washington.
De estos temas hablamos con el presidente
Hugo Chávez. Pero también de "Punto Final", que en septiembre
cumple 40 años de su fundación. Por ahí, en realidad,
se inició la conversación.
"¿Cuarenta años cumple
Punto Final, Manuel?"
Cuarenta años, presidente.
Claro, hubo un largo intervalo: 17 años de dictadura militar. La
revista estuvo clausurada desde el 11 de septiembre de 1973 hasta agosto
de 1989. Durante un tiempo apareció en México bajo la dirección
de Mario Díaz, un periodista chileno que vivió parte de su
exilio aquí, en Venezuela.
"Pero lo que ustedes rescatan es
el año de su nacimiento... En 1965".
En efecto: el tiempo perdido es
un tiempo que también nos pertenece...
"¿Y el nombre Punto Final
de dónde salió?"
De una conversación con Mario
Díaz, mi camarada en esta aventura. La idea era poner punto final
a un tema, es decir agotarlo. Sobre todo aquellos asuntos censurados por
la publicidad comercial, la restricción del espacio u otras formas
de censura que limitan la libertad de expresión de los periodistas.
"O sea, llegar al fondo de un asunto,
sin limitaciones, sin mordaza...".
En efecto, esa era la idea y sigue
siéndola.
("Pasa, pasa compadre, siéntate
aquí -se dirige al fotógrafo Marcelo García-. Pero
esta foto así, separados por una mesa, no me gusta... Vamos a conversar
allá". Chávez indica el pequeño jardín vecino.
Terminadas las fotos, entramos en tierra derecha en la entrevista).
Presidente: lo primero que quiero
plantearle es el interés por conocer algunas ideas sobre una discusión
que usted mismo ha provocado, tanto en Venezuela como en América
Latina. Me refiero al socialismo del siglo XXI. El tema es muy atractivo
para los lectores de "Punto Final" y para la Izquierda en general en muchos
países. Imaginar un nuevo socialismo es todo un desafío,
no sólo intelectual sino político. Me parece que su intención
es que un conjunto de ideas sean elaboradas por amplios sectores sociales
y políticos, no esperar la receta de un Carlos Marx que nos ilumine
sobre lo que hay que hacer. Sin embargo, usted puede estimular esta discusión
con algunas ideas y propuestas de lo que considera debería ser el
socialismo del siglo XXI.
"Mira, Manuel, lo primero -permíteme-
es felicitar a Punto Final por sus cuarenta años de batalla, sembrando
ideas revolucionarias y abriendo las anchas alamedas de que habló
nuestro compañero presidente Salvador Allende. Y también
saludar por intermedio de PF al pueblo chileno y a todos los pueblos latinoamericanos.
Ahora entremos al tema del socialismo
del siglo XXI. Primero, en lo personal se trata de un asunto de conciencia.
¿Por qué? Porque uno viene evolucionando en su pensamiento.
En mi caso he venido adquiriendo experiencia y recogiendo ideas producto
de esa dialéctica que se reproduce entre la teoría, los debates,
las discusiones y la práxis de lo que está ocurriendo en
Venezuela. Estos seis años, Manuel, han sido muy ricos, nos han
nutrido desde el punto de vista de las ideas. Han alimentado nuestro pensamiento.
Como sabes, estoy pronto a cumplir 51 años (al día siguiente
de esta entrevista. N. de PF). Comencé en esta lucha allá
por los años 80. Recordaba hace un rato con Beto Almeida (dirigente
social brasileño. N. de PF), que poco antes de los 80 comenzamos
a formar en el seno del ejército una corriente bolivariana y nacionalista
que ni siquiera se planteaba una revolución. A mediados de los 80
propuse a mis compañeros militares agregar la letra R -de revolución-
a la sigla de nuestro movimiento que se llamaba EB-200 -Ejército
Bolivariano 200 porque en 1983 era el bicentenario del nacimiento de Bolívar-.
El movimiento nació en 1982 en un acto simbólico. En realidad,
era una pequeña célula clandestina. Por el año 87,
dimos una discusión que fue dura. El movimiento había crecido
pero todavía éramos pequeños grupos, que al fin nos
definimos como un movimiento bolivariano revolucionario. Lo que perseguíamos
era eso, una revolución, una transformación política,
social, económica y cultural inspirada en el planteamiento de Bolívar.
Diseñamos así lo que hemos llamado el 'árbol de las
tres raíces', que es nuestra fuente ideológica. Consiste
en la raíz bolivariana (su planteamiento de igualdad y libertad,
y su visión geopolítica de integración de América
Latina); la raíz zamorana (por Ezequiel Zamora, el general del pueblo
soberano y de la unidad cívico-militar) y la raíz robinsoniana
(por Simón Rodríguez, el maestro de Bolívar, el Robinson,
el sabio de la educación popular, la libertad y la igualdad). Este
'árbol de las tres raíces' dio sustancia ideológica
a nuestro movimiento...".
REVOLUCION ANTIIMPERIALISTA
¿Pero entre ustedes había
militares con formación marxista?
"Sí, los había. Mis
primeros contactos con el mundo político, por ejemplo, fueron con
un ex guerrillero venezolano a quien respeto mucho, Douglas Bravo. Me reuní
con él varias veces, incluso antes que naciera nuestro movimiento.
Douglas dirigía el movimiento
Ruptura, que tenía una revista del mismo nombre. (Bravo procedía
del PCV y fue comandante de las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional
-Faln- en los años 60. N. de PF). Luego me reuní también
con la Causa R originaria, aquel movimiento que fundó Alfredo Maneiro,
de claro planteamiento marxista. Sin embargo, eran los años en que
comenzaba a resquebrajarse la Unión Soviética. Vimos cómo
el planteamiento socialista fue desapareciendo, incluso en los círculos
y publicaciones que venían del marxismo, y algunos hasta de la lucha
armada. Luego vino en Venezuela la rebelión militar del 4 de febrero
de 1992. Pero este movimiento bolivariano no tenía un planteamiento
socialista. Si revisas declaraciones mías de esos años, cuando
nos preguntaban si éramos de Izquierda o derecha contestábamos:
'No, no, esa división no existe'. Era una posición neutra,
desconectada de la realidad pero muy influida por todo aquello del 'fin
de la historia', la caída de la URSS, etc. Luego viene la fase actual:
llegamos al gobierno en 1999 y se formula el planteamiento de la revolución
bolivariana que da un salto -como debes recordar- después del golpe
de Estado de abril de 2002. Es entonces cuando esta revolución se
declara antiimperialista. Nunca lo habíamos asumido así.
Fue la respuesta que dimos al golpe y nuestro pueblo lo asumió con
mucho vigor".
¿Una réplica a la
intervención imperialista en el golpe?
"Exactamente. Fue una respuesta
a lo que estábamos viviendo. Quizás, Manuel, en los primeros
años de nuestro gobierno -y te confieso que yo lo viví aunque
por poco tiempo- hubo la ilusión de que podíamos estar bien
con Dios y con el diablo. Alguna gente que se me acercó y que hasta
cierto punto me rodeó en este palacio -tu sabes que en torno al
poder y a quienes personificamos parte del poder, se van generando anillos
de influencia-, llegó con un discurso de 'no hay que buscar conflictos,
hay que buscar consensos'. Me dejé llevar por esa línea en
los primeros años. Eran los días de mis reuniones con Clinton
y con altos empresarios estadounidenses. Fui al Fondo Monetario Internacional,
estuve en la Bolsa de Nueva York y toqué el martillo ése...
Pero llegué a descubrir, Manuel, porque soy del monte y el montuno
desarrolla un instinto especial, que me tenían cercado. Una madrugada
me metí a la central telefónica de palacio y descubrí
que allí tenían instrucciones de no pasarme ciertas llamadas.
Por ejemplo las llamadas de Fidel Castro estaban anotadas en el libro,
pero no me las pasaban. Porque en el grupo que me rodeaba había
la tesis que la relación con Fidel Castro no era positiva ni necesaria".
NO HAY "TERCERA VIA"
¿Y esa gente tenía
autoridad para dar ese tipo de instrucciones a la central telefónica?
"Pero claro. ¿Tú no
recuerdas que tuve de ministro del Interior a Luis Miquilena, por ejemplo?
El fue uno de los que articuló un férreo cerco en torno mío...
Y tuve de ministro en la Secretaría de Gobierno nada menos que a
Alfredo Peña. Y aquí venía Cisneros a almorzar con
Peña (*). Hasta que me fui dando cuenta que me habían montado
un cerco. Entonces yo era un muchacho, pero uno va madurando. Un general
amigo, un sabio, el general Pérez Arcay, me dijo: 'Hugo, tienes
que graduarte de viejo. Aunque tengas 40 años debes ser un viejo,
tienes que aprender rápido, no puedes esperar llegar a viejo, madura
ahora'. El me ayudó a abrir los ojos.
Perdona, Manuel, que tienda a alargar
las respuestas, pero este tema de la ideología nunca lo había
analizado como ahora, desde una perspectiva lejana. Bueno, ¿qué
produjo todo esto? Golpe el 2002, paro patronal, sabotaje petrolero, contragolpe,
discusiones y lecturas. Llegué a la conclusión -asumo la
responsabilidad porque no lo discutí con nadie al hacerlo público
en el Foro Social Mundial de Porto Alegre- que el único camino para
salir de la pobreza es el socialismo.
En una época llegué
a pensar en la tercera vía. Andaba en problemas para interpretar
el mundo. Estaba confundido, hacía lecturas equivocadas, tenía
unos asesores que me confundían todavía más. Llegué
a proponer un foro en Venezuela sobre la tercera vía de Tony Blair.
Hablé y escribí mucho sobre un 'capitalismo humano'. Hoy
estoy convencido que es imposible. Pero esto ha sido producto de seis años
de dura brega y de aprender de mucha gente. Me convencí de que el
socialismo es el camino y así lo dije en Porto Alegre y después
aquí, ante la Asamblea Nacional. He invitado al país a un
debate. Creo que debe ser un socialismo nuevo, con planteamientos frescos,
acoplado con una nueva era que apenas está comenzando. Por eso me
atreví a llamarlo 'socialismo del siglo XXI', como proyecto. Creo
que es un reto, un desafío. Pero me da mucho gusto ver cómo
el llamado no ha caído en tierra infértil. Por el contrario,
ya han aparecido hasta libros sobre el tema. En Venezuela hay un debate
que va extendiéndose. El general Alberto Müller Rojas (ex embajador
en Chile. N. de PF) invitó el 5 de julio en la Asamblea Nacional,
el día de la patria, a que hagamos el Manifiesto Socialista del
siglo XXI. Por ahora lo que estamos haciendo es un llamado a discutir ideas
nuevas y viejas experiencias para delinear ese nuevo socialismo. Por ejemplo,
yo quiero aportar algunas ideas. Una es afirmar que el primer socialista
de nuestra era fue Cristo. Soy cristiano y pienso que el socialismo debe
nutrirse de las corrientes más auténticas del cristianismo.
Tampoco se trata de andar buscando a un iluminado, como tú decías,
para que nos haga un modelo que vamos a copiar todos. Sería absurdo.
Vamos a hacer el socialismo desde nuestras propias raíces, desde
nuestros aborígenes, desde las comunas en Paraguay y Brasil, desde
el socialismo utópico que representó Simón Rodríguez,
desde el planteamiento de Bolívar de libertad e igualdad, desde
el planteamiento de Artigas, el gran uruguayo, de que hay que invertir
el orden de la justicia, eliminando los privilegios. Creo que estamos comenzando
esta tarea".
ES EL MOMENTO DE AVANZAR
¿No cree, presidente, que
declarar sus intenciones socialistas es algo prematuro en la actual situación
venezolana y latinoamericana en general? ¿No es una apuesta política
muy alta?
"Es posible que lo sea, no me creo
dueño de la verdad. Pero mi instinto político me dice que
es el momento de formular este planteamiento. Desde el punto de vista del
cálculo electoral algunos buenos amigos y compañeros me han
dicho que no era oportuno. Que mejor habría sido esperar las elecciones
de 2006 y después de ganarlas, hacer ese planteamiento. Pero yo
no veo la situación de esa manera. Los tiempos políticos
no coinciden necesariamente con los tiempos electorales. De aquí
a un año hay un siglo. El tiempo es relativo, ya lo demostró
Einstein. Creo que es el momento. Cuando ves reverdecer los campos, es
el momento de abonar para que broten las sementeras. Cuando vemos lo que
está ocurriendo en América Latina, sobre todo en América
del Sur, el gran debate que hay en Brasil, en Uruguay, y los gobiernos
que impulsan cosas nuevas, cuando se mira lo que ha pasado en Ecuador y
en Bolivia, también en Venezuela por supuesto, en Centroamérica
y el Caribe... Pero el epicentro está en América del Sur.
A este rebrote popular y democrático hay que darle sustancia ideológica.
¿Y cuál es? Yo respondo, desde mi conciencia política,
que es la vía socialista. En Venezuela lo he puesto de la siguiente
manera: estamos en una transición y como decía Gramsci, que
muera lo que tiene que morir y que nazca lo que tiene que nacer. Una transición
que me atrevo a llamar 'democracia revolucionaria', un término que
tampoco es mío sino del poeta cubano Roberto Fernández Retamar.
Habla de eso en una entrevista de 1992 que leí -cuando estaba preso-
en un libro, América Latina, marca registrada, del chileno Sergio
Marras. Fernández Retamar habla del bolivarianismo y la democracia
revolucionaria. He retomado ese término para caracterizar el tipo
de democracia que empuja como una caballería, que abre puertas y
se impregna de pueblo. Es una fase de transición hacia el socialismo.
Esta dirección está mucho más clara en Venezuela.
Si hace cuatro años me hubieras preguntado: ¿Chávez,
hacia dónde vamos?, quizás mi respuesta no habría
sido tan precisa, aun cuando a la que estoy dándote todavía
le falta muchísima precisión. Te habría dicho, como
tantas veces lo dije: aquí está la Constitución Bolivariana,
este es el proyecto. Ahora creo que vamos rumbo al socialismo. La democracia
revolucionaria hay que irla orientando hacia el socialismo.
Eso ha generado aquí una
dinámica por abajo, muy interesante. Pdvsa (Petróleos de
Venezuela S.A.), por ejemplo, está discutiendo ese tema al interior
de la empresa con ese líder extraordinario que es el ministro de
Energía y Petróleo, Rafael Ramírez, un muchacho que
fue formado en ese movimiento Ruptura del que te hablé. Pero los
funcionarios de mi gobierno con formación marxista no se atrevían
a hablar de socialismo. Yo les he dado luz verde. Ahora hasta la Asamblea
Nacional habla de socialismo. Ha sido como una liberación, se vuelve
a hablar de un tema tabú. El chantaje mediático era muy pesado:
si te declarabas socialista, te decían trasnochado, troglodita,
dinosaurio. Ahora no, el socialismo anda en la calle y hasta algunos empresarios
declaran que no les asusta. ¡Magnífico! Habrá que oir
sus razones, respetarlas y discutirlas. Los militares hablan de revolución
y socialismo, y discuten esos temas. Creo que es muy positivo. Y yo asumo
la responsabilidad que me cabe en este proceso. Tenemos que estudiar y
debatir mucho. Ojalá podamos hacer pronto un evento internacional
sobre socialismo y conocer así distintas opiniones y experiencias".
VIEJO Y NUEVO SOCIALISMO
Hay cosas del viejo socialismo, presidente,
que fracasaron. Por ejemplo, la concepción de partido, la ausencia
de participación real del pueblo en las decisiones, la falta de
pluralismo, el estatismo absoluto de la economía, el bajo perfil
de los derechos humanos, de las libertades públicas y de la libertad
de expresión, etc. ¿Qué diferenciaría al socialismo
del siglo XXI de aquel socialismo que se derrumbó?
"Tienes razón, alguien dijo
que en realidad nunca hubo socialismo... Circulaba un chiste sobre Breznev
u otro líder soviético que confidenciaba a un amigo: ojalá
que aquí no llegue nunca el socialismo.
Ahora bien, entre los elementos
que pudieran definir el socialismo del siglo XXI yo diría que el
primer rasgo es el moral. Hay que comenzar por ahí, por la conciencia,
por la ética. El Che escribió mucho de la moral socialista.
Desde la visión del mundo que cada cual tenga, debemos recuperar
el sentido ético de la vida. Sin duda lo que digo tiene mucho de
cristianismo: 'Amaos los unos a los otros' o 'Ama a tu prójimo como
a ti mismo'. En realidad se trata de eso: de la solidaridad con el hermano.
Luchar contra los demonios que sembró el capitalismo: individualismo,
egoísmo, odio, privilegios. Creo que por ahí habría
que comenzar. Es un trabajo de todos los días, una tarea cultural
y educativa de largo aliento. En Venezuela hemos comenzado a debatir ese
aspecto y es muy positivo. Es un arma en la lucha contra la corrupción,
un mal que es propio del capitalismo. Empresas y empresarios corrompidos,
negocios oscuros, funcionarios corruptos, movidos sólo por la ambición.
Aunque también la corrupción se ha dado en el socialismo
ese fenómeno tiene una raíz capitalista, es la ambición
de riqueza. El socialismo debe defender la ética, la generosidad.
Bolívar fue un ejemplo: abandonó todo por ser útil
a su país. Hay que recordar también a Cristo y lo que dijo
al hombre rico que quería ir al cielo: vende todo lo que tienes
y repártelo entre los pobres. El hombre se puso a llorar porque
no era capaz de hacer eso. Fue entonces cuando Cristo lanzó aquella
frase 'será más fácil que un camello entre por el
ojo de una aguja que un rico entre en el reino de los cielos'.
En la línea política
uno de los factores determinantes del socialismo del siglo XXI debe ser
la democracia participativa y protagónica. El poder popular. Esto
es un elemento político definitorio que contrasta con aquello del
partido único o centrar todas las decisiones en el partido. Hay
que centrar todo en el pueblo, el partido debe estar subordinado al pueblo.
No al revés".
PLURALISMO POLITICO
¿Un sistema político
pluralista que permita participar a diferentes sectores? ¿Un poder
popular real?
"Claro que sí, una democracia
participativa y abierta.
En lo social, el socialismo debe
conjugar igualdad con libertad. Una sociedad de incluidos, de iguales,
sin privilegios, sin esta abismal diferencia entre extrema riqueza y extrema
pobreza. En lo económico: un cambio del sistema de funcionamiento
metabólico del capital. Este es un tema complejo de tratar. Aquí
hemos iniciado experimentos como el impulso al cooperativismo y al asociativismo,
a la propiedad colectiva, a la banca popular y núcleos de desarrollo
endógeno, etc. Se trata de dejar atrás la lógica de
funcionamiento perverso del capitalismo. Son válidas muchas experiencias
como la autogestión y cogestión, la propiedad cooperativa
y colectiva, etc. Estamos poniendo en marcha un ensayo de empresas de producción
social y unidades de producción comunitaria. Eso está recién
naciendo pero ayudará a definir un modelo teórico. Le da
también una connotación especial: no se trata de un grupo
de intelectuales escribiendo un libro de dos mil páginas. Práctica
y teoría deben marchar en paralelo".
VISION DE AMERICA LATINA
¿Cómo analiza usted
la situación actual en América Latina? ¿Cree que el
imperio tratará de generar conflictos para desestabilizar gobiernos
rebeldes como el suyo?
"Estábamos preparados para
la reacción internacional que ahora estamos sintiendo. Ya no sólo
en el caso de Venezuela, sino también de Brasil. El caso de ese
país y el escándalo que se ha desatado por la corrupción,
sin que esto suponga benevolencia con la corrupción, me huele que
no tiene sino un objetivo: debilitar al gobierno de Lula, tratar de chantajearlo.
Tengo mucha fe en que Lula, un extraordinario líder, va a salir
de esta situación tan difícil. Está la posibilidad
de que Brasil se sume de manera determinante al nuevo camino que hoy necesitan
los pueblos de América Latina. En Argentina también vemos
un proceso complejo: permanentes ataques de sectores de la oligarquía
criolla al gobierno, ataques internacionales, etc. Vemos lo que pasa en
Bolivia, en Ecuador, en Uruguay. En fin, en este enfoque sobre la situación
latinoamericana, que ni siquiera pretende ser un análisis, diría
que tenemos razones para estar optimistas. Lo que pasa en México
y las perspectivas de un gobierno distinto se suma a esa visión.
Los que estamos al frente de algunos procesos en América Latina,
ya sea desde el gobierno o de movimientos políticos y sociales,
debemos diseñar el mapa no sólo estratégico sino también
táctico y de trabajo. En esto tenemos un vacío y creo que
es necesario que con pensadores y líderes de distintos países
conformemos un equipo con capacidad de hacer propuestas que impacten esta
realidad. Como seguir impulsando TeleSur, por ejemplo. Petrosur, Petroamérica,
el Banco del Sur, la Universidad del Sur, proyectos de integración
que no pueden quedar sólo a nivel de gobiernos. Si no les damos
contenido de participación popular, serían, como decía
Bolívar, 'repúblicas aéreas', castillos en el aire".
La suya, presidente, es una visión
optimista sobre el futuro de América Latina.
"Sí, es optimista y te digo
el porqué. Uno tiene varios años, bueno tu tienes más
que yo, Manuel..."
Sí, pero yo no he gobernado...
"...Yo he tenido esa oportunidad
desde hace seis años y medio. Y uno puede comparar. Han ocurrido
muchas cosas no sólo en América Latina. Si vas a la India,
ves algo distinto a lo que había hace cinco años. Vas por
Europa y hay cosas nuevas que están ocurriendo. Son señales
que indican nuevos tiempos. No puede ser una casualidad que se enciendan
estas señales en Europa, en Asia, en América Latina. En Africa
también. He leído una noticia que revela la preocupación
del imperio norteamericano: un plan de apoyo militar a países africanos.
Mira lo que está pasando en Iraq... Son señales muy alentadoras
a pesar de que acepto lo que dices. Las batallas que vendrán serán
muy duras. Pero si en alguna ocasión hubo una oportunidad de avanzar
y alcanzar importantes victorias en la dirección histórica
que nos hemos fijado, si en algún momento fue oportuno avanzar,
es ahora, ahora y aquí. Punto Final, que ha pasado 40 años
en esta batalla, tendrá otros 40 años más para luchar
y ojalá publicar lo que aquí estamos intuyendo y soñando"
(*) Luis Miquilena, de larga trayectoria
en la Izquierda venezolana, terminó sumándose al golpe de
Estado del 11 de abril de 2002.
Alfredo Peña, de origen comunista,
se convirtió en implacable opositor desde el cargo de alcalde mayor
de Caracas, que perdió en las elecciones de octubre del año
pasado.
Gustavo Cisneros, dueño de
Venevisión. Uno de los amos de la prensa en Venezuela y de la TV
en América Latina. (N. de PF).
(Publicado en "Punto Final" Nº
598, 19 de agosto, 2005)
| ¿Quién asesora
a Bachelet?
El vespertino La Segunda del 11 de
agosto señala que la candidata presidencial socialista Michelle
Bachelet recibió a Alejandro Plaz, presidente de la ONG Súmate,
de Venezuela. La informó sobre la situación política
en ese país. Otros candidatos, como Joaquín Lavín
(UDI) y Sebastián Piñera (RN), rehuyeron ese contacto. Sin
embargo, Plaz también fue recibido por el ministro de Relaciones
Exteriores, Ignacio Walker (DC), el presidente de la UDI, senador Jovino
Novoa, el asesor económico de Bachelet, Andrés Velasco, Gutenberg
Martínez y otros políticos chilenos, lo cual no es de extrañar.
Pero lo de Bachelet sí produce extrañeza. ¿Cuál
de sus asesores le recomendó recibir a Plaz? ¿Y por qué?
Hay que concederle a la Dra. Michelle Bachelet el beneficio de la ignorancia.
Probablemente no sabe qué es la ONG Súmate, y quién
es Alejandro Plaz.
En breve. Plaz -que fue director
de McKinsey & Company, una firma consultora con vínculos con
la CIA- es el director de Súmate, una empresa que recibe fondos
de la Fundación Nacional para la Democracia (NED) y de la Agencia
para el Desarrollo Internacional (Usaid) de Estados Unidos. En Venezuela
a falta de partidos opositores confiables, la CIA creó la empresa
Súmate para organizar el referéndum revocatorio de 2004,
que pretendía destituir al presidente Chávez por la vía
que permite la propia Constitución Bolivariana.
El ex subsecretario de Estado, Roger
Noriega, reconoció: "Hemos invertido muchísimo dinero en
este proceso". Súmate gastó una enorme cantidad de recursos
en propaganda e infraestructura para recoger firmas exigiendo el referéndum.
Una vez realizado, ante el triunfo de Chávez con más del
59 por ciento de los votos, Súmate impugnó los resultados.
Sin embargo, la OEA y el Centro Carter dieron fe de la legitimidad de ese
proceso y de la transparencia del Consejo Nacional Electoral, en que participan
representantes de la oposición. Ya antes del referéndum,
la Fiscalía General de Venezuela acusó a los directores de
Súmate, Alejandro Plaz y María Corina Machado, de violar
el Código Penal al conspirar contra el gobierno y recibir financiamiento
de la NED.
La abogada venezolano-norteamericana
Eva Golinger obtuvo en 2004 numerosos documentos desclasificados de la
CIA, que prueban la injerencia de Estados Unidos en el golpe de 2002 y
los más de veinte millones de dólares proporcionados a organizaciones
opositoras, entre ellas la ONG Súmate. Su investigación ha
sido publicada en el libro El código Chávez (Fondo Editorial
Question, Caracas, 2005).
¿Cuál o cuáles
asesores de Michelle Bachelet hicieron posible la entrevista de Alejandro
Plaz con la candidata -habitualmente difícil de entrevistar-? ¿Se
pretende enrarecer las relaciones chileno-venezolanas colocando a Bachelet,
que seguramente será presidenta de Chile, en una actitud inamistosa
hacia el gobierno venezolano? ¿Por qué ella dispone de tiempo
para recibir a un individuo como Plaz, de claras vinculaciones con la CIA,
para informarse sobre Venezuela y sin embargo no demuestra interés
en hacerlo con quienes podrían proporcionarle elementos para formarse
la opinión que necesita una futura gobernante? ¿O es que
entre los asesores de Bachelet controlan posiciones los mismos que en Venezuela
reciben importante financiamiento de Estados Unidos para atacar a la democracia
revolucionaria de ese país? |
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