|
Latinoamérica - rodelu.net |
5 de octubre de 2005
|
La República
de Uruguay - 17 de junio de 2005
El atentado contra el avión de Cubana que causó
la muerte a 73 personas el 6 de octubre de 1976
El terrorismo anticastrista
Documentos, testimonios e investigaciones periodísticas coinciden: el
anticastrista Luis Posada Carriles fue uno de los autores intelectuales
del atentado terrorista contra el avión de Cubana de Aviación que causó la
muerte a 73 personas el 6 de octubre de 1976. Más aun, para realizar el
atentado, Posada Carriles contó con la complicidad de autoridades
policiacas de Venezuela y de la propia CIA, de la que formaba parte desde
los años sesenta. He aquí los detalles del atentado.
Homero
Campa *
"Cuidado", grita Wilfredo Pérez, piloto del avión DC-8 de la aerolínea
Cubana de Aviación que ocho minutos antes había despegado del aeropuerto
de Seawell, Barbados.
Son las 17.23 horas del miércoles 6 de octubre de 1976 y la nave está a
punto de alcanzar los 18 mil pies de altura.
En la torre de control del aeropuerto de Seawell, los controladores
aéreos mantienen comunicación con los pilotos del vuelo CU-455 de Cubana
de Aviación que va con destino a La Habana, Cuba, Pero con escala en
Kingston, Jamaica.
-¡Felo (apócope de Wilfredo), fue una explosión en la cabina de
pasajeros y hay fuego! -informa el copiloto.
-Seawell... Seawell... CU-455...
-CU-455...Seawell...
-¡Tenemos una explosión y estamos descendiendo inmediatamente. Tenemos
fuego a bordo!
-CU-455, ¿regresará al campo?
No hay respuesta. El avión empieza a soltar humo a la altura del tercer
motor.
Los pilotos despliegan el tren de aterrizaje y empiezan a maniobrar con
los flaps.
A las 17.25 horas se vuelve a escuchar la voz del copiloto en la torre
de control:
-Seawelll... CU-455. Pedimos inmediatamente, inmediatamente pista para
aterrizar.
-CU-455, autorizado para aterrizar.
-Recibido.
Y se capta la voz del piloto:
-¡Cierren la puerta, cierren la puerta!
Seawell capta y alienta:
-CU-455. Tenemos emergencia total. Continuamos escuchando.
El piloto intenta regresar al aeropuerto. Una segunda explosión en la
parte trasera sacude a la aeronave y el morro (la punta del avión se
eleva. El copiloto grita:
-¡Eso espero! ¡Pégate al agua, Felo, pégate al agua!
El piloto gira el timón y el avión se desvía. Iba directo a una playa.
Abajo, turistas miran caer la aeronave al mar envuelta en fuego y
humo.
En la torre de control se escucha:
-Este es DQ-650 (avión venezolano que vuela cerca). ¿Los podemos ayudar
en algo?
Silencio.
En el vuelo de Cubana de Aviación iban 73 personas a bordo: 53 cubanos,
11 guayanenses y cinco norcoreanos.
Entre los cubanos iban los miembros del equipo nacional de esgrima que
acababa de ganar medallas de oro en los Juegos Centroamericanos y del
Caribe, así como 10 miembros de la tripulación de Cubana que se
encontraban hospedados de Bridgetown, la capital de Barbados, debido a la
rotación de personal de la aerolínea.
La reconstrucción sobre la manera en que se planeó y ejecutó el
atentado contra la aeronave cubana puede hacerse con base en extractos del
informe que una comisión de investigación realizó acerca de las causas de
esta tragedia, en documentos de la CIA y el FBI recientemente
desclasificados y en investigaciones realizadas por la periodista
venezolana Alicia Herrera Escalona y por el periodista cubano Nicanor León
Cotazo. Esta comisión estuvo integrada por expertos de Venezuela, Guayana,
Trinidad y Tobago y Canadá.
Las pruebas documentales y los testimonios no dejan lugar a dudas: el
ex agente de la CIA Luis Posada Carriles -detenido la semana pasada en
Estados Unidos- fue uno de los autores intelectuales.
Los protagonistas
Posada Carriles -ciudadano de origen cubano, acérrimo anticastrista y
por entonces ya con una historia de atentados a instalaciones cubanas en
varios países de América Latina- vivía en Caracas.
De hecho, había adquirido la nacionalidad venezolana y se había
desempeñado como comisario jefe de la División General de Seguridad de la
Dirección de los Servicios de Inteligencia y Prevención (Disip) de
Venezuela. Con la llegada al poder del primer gobierno de Carlos Andrés
Pérez (1974-1978), Posada se retiró de su cargo y estableció una empresa
de seguridad: Investigaciones Comerciales Industriales, Compañía Anónima
(ICICA).
En setiembre de 1976, Orlando Bosch llegó a Venezuela. Bosch era
considerado prófugo de la justicia estadounidense y uno de los dirigentes
del CORU, organización que -según el gobierno de La Habana- fue alentada
por la CIA para aglutinar a los grupos radicales del exilio castrista.
Bosch contó con la complicidad de dos altos funcionarios de la Disip -
Orlando García y Ricardo Morales Navarrete, alias El Mono, de
origen cubano- para entrar a Venezuela a pesar de ser prófugo de la
justicia: le expidieron un pasaporte y una visa -entregados en Managua,
Nicaragua- a nombre de Carlos Luis Paniagua; y ya en Caracas le entregaron
un carné de identificación como funcionario del Disip a nombre de Carlos
Sucre. Por tanto, Bosch tuvo autorización para moverse a sus anchas en
Caracas y para usar sus armas: una Colt 45 y un revólver Python 3.57.
Compañeros de andanzas anticastristas desde los años sesenta, Posada
Carriles y Bosch se veían a menudo.
De hecho, Posada le proporcionó como chofer a uno de sus empleados de
su empresa de seguridad: Hernán Ricardo Lozano, un joven de unos 20 años
de edad que había trabajado como fotógrafo para el vespertino venezolano
El Mundo. Era en realidad una fachada; tomaba fotos y recababa
información de dirigentes de izquierda venezolanos que transmitía a la
Disip. Además, se supo después, también trabajaba para la CIA.
En su libro Yo puse la bomba y qué, la periodista Alicia Herrera
señala a Posada Carriles y a Bosch como los autores intelectuales. Lo hace
a partir de las confesiones de los autores materiales del atentado: Hernán
Ricardo (el empleado de Posada Carriles y chofer temporal de Bosch) y de
un amigo que éste reclutó: Fredy Lugo.
Definida la operación, hubo al menos tres reuniones entre Posada
Carriles, Bosch, Hernán Ricardo y Lugo. La primera se celebró varios días
antes del atentado en el restaurante Tía Pura, ubicado en la calle
Manolos, de Caracas. La segunda se efectuó el 4 de octubre en una quinta
ubicada al este de esa ciudad, y la última fue por la tarde del 5 de
octubre, un día antes del atentado. Allí se definió que las cargas
explosivas -todos las llamaban "el regalo" -irían ocultas en una de las
dos cámaras fotográficas que -en su calidad de fotorreportero- llevaría
Hernán Ricardo, quien tendría la responsabilidad de colocarlas en el baño
del avión. También se definió que para avisar de la operación utilizarían
como clave las palabras "perros y autobús", "Lo demás lo ponen de su
propia cosecha", ordenó Posada.
Sin embargo, los planes del atentado se habrían discutido antes, en
otro lugar y con otros personajes.
De acuerdo con reportes secretos del FBI -desclasificados a principios
de este mes a solicitud de la organización The National Security Archive-,
hubo al menos dos reuniones en las que se planeó el atentado al avión de
Cubana de Aviación.
El reporte fue enviado por el agente del FBI Raúl Díaz, quien el 1 de
noviembre de 1976 había entrevistado a una "fuente confidencial": Ricardo
Morales Navarrete, alias El Mono, quien entonces era comisario de
la sección 54 (contrainteligencia) de la Disip de Venezuela y quien había
ayudado a entrar a ese país a Orlando Bosch. Más aun: Morales había
participado en dichas reuniones.
La primera de ellas se celebró en el bar del hotel Arauco Holton, de
Caracas.
Según el documento, participaron Frank Castro, era el líder del CORU,
"una organización terrorista anti-Castro que ha tomado parte en varios
bombazos"; Gustavo Castillo "es una de las tres personas involucradas en
el intento de secuestro del cónsul cubano en Mérida, Yucatán, el 23 de
julio de 1973, en la cual el guardaespaldas del cónsul fue asesinado".
El reporte señala que, "de acuerdo con Morales", en la segunda reunión
"hubo algunos desacuerdos sobre quién tomaría parte en varias fases de la
operación y quién reclamaría el crédito por el bombazo (el avión). Frank
Castro dijo que el FNLC (Frente Nacional de Liberación de Cuba) debería
acreditarse el hecho".
En el diseño de las bombas (al menos un par) habría participado Posada
Carriles, así como su amigo, Carlos Fabri, quien trabajaba en el
departamento de explosivos de la Disip. Los artefactos estaban fabricados
con explosivos plásticos C-4 y -según un documento de la CIA- su reloj se
activaría con un lapicero. En el citado documento del FBI, Morales
Navarrete dice que Orlando García, consejero en materia de seguridad del
presidente Carlos Andrés Pérez, creía que "si Fabri no construyó la bomba
del avión de Cubana, instruyó a personas sobre cómo hacerlo o, al menos
sabía sobre ella".
El hecho es que la Disip venezolana sabía de antemano del atentado. Y
no hizo nada. De hecho, el citado documento del FBI señala que, de acuerdo
con Morales, "algunas personas en el gobierno de Venezuela están
involucradas en el bombazo del avión".
"Así -señala el documento-, Morales Navarrete y otros en el gobierno de
Venezuela 'irán abajo'. El dijo que si la gente (involucrada) empieza a
hablar, 'tendríamos nuestro propio Watergate".
El pasado 28 de abril, el periodista venezolano Ernesto Villegas mostró
en su programa televisivo En Confianza un expediente de pruebas
extraídas durante el proceso judicial contra Posada Carriles por la
voladura del avión de Cubana de Aviación. Entre las pruebas destaca un
documento que señala a Orlando García, el citado alto funcionario de la
Disip, como artífice de un acuerdo entre el gobierno de Venezuela y los
anticastristas del CORU.
El primero otorgaría impunidad a los segundos a cambio de que no
actuarán en este país ni en Colombia y Costa Rica.
En las negociaciones, los terroristas lograron que se quitara de esa
lista a Panamá, propuesta inicialmente por las autoridades venezolanas,
pero a sugerencia de éstas se incluyó a Guyana entre las naciones donde se
permitirían acciones contra propiedades cubanas.
La operación
Por la noche del 5 de octubre de 1976, Hernán Ricardo Lozano y Fredy
Lugo viajaron a Caracas a Puerto España, capital de Trinidad y Tobago. Se
hospedaron en Holiday Inn. Durmieron unas horas y por la mañana se
dirigieron al aeropuerto de Piarco, de Puerto España. Allí esperaron el
vuelo CU-455 de Cubana de Aviación que venía de Guyana y que se dirigía a
La Habana con escalas en Trinidad, Barbados y Jamaica.
El avión de Cubana había salido de Guayana con 27 minutos de retraso
por esperar a cinco miembros de una delegación oficial de Corea del Norte.
Al llegar al aeropuerto de Piarco, los pasajeros que iban en tránsito se
tuvieron que quedar en la nave. Una huelga de la línea aérea BWIA
obstaculizaba el movimiento normal del aeropuerto. El avión fue abordado
por los integrantes del equipo nacional cubano de esgrima.
Habían llegado en la madrugada procedentes de Caracas en un vuelo de
Pan American. Venían contentos: había arrasado con las medallas de oro en
los Juegos Centroamericanos y del Caribe.
Ese mismo avión fue abordado por Ricardo y Lugo. Fueron de los últimos
en subir las escalerillas. Casa uno llevaba un maletín de mano. Se
sentaron juntos en asientos ubicados en el centro de la aeronave. El avión
despegó del aeropuerto a las 12.15 (GMT) rumbo a Barbados.
Durante el vuelo, Hernán fue al baño trasero del avión. Todo indica que
colocó una de las bombas. Iba oculta en una cámara fotográfica. Cuando
intentó salir, la puerta se había trabado. Empezó a gritar pidiendo ayuda.
Tuvo que acudir el piloto a destrabar la puerta, según contaron después
varios pasajeros que descendieron en Barbados.
Luego contó a la periodista Herrera:
"El (Ricardo) pensó que iba a volar de una vez por el aire y le entro
culillo (miedo)".
El avión llegó al aeropuerto de Seawell (Barbados) a las 12.50 de la
tarde, hora local. Allí bajaron Lugo y Hernán.
Este último presentó un pasaporte falso a nombre de José Vázquez
García. Ambos salieron apuradamente del aeropuerto y tomaron un taxi. Diez
minutos después, se enteraron de la caída del avión por la radio del
vehículo. El taxista Maurice Firebrace los oyó discutir en español sobre
la voladura del avión de Cubana, según declaró posteriormente a las
autoridades de Barbados.
No es claro qué pasó después. Unos reportes señalan que el taxi los
llevó al hotel Holiday Inn y que después se mudaron al hotel Beach
Village. Según los reportes del gobierno cubano, después del aeropuerto el
taxista Firebrace los llevó directamente a la embajada de Estados Unidos
en Barbados. Otro taxista, Roger Pilgrim, testificó que en la tarde de ese
mismo día los trasladó dos veces a la sede diplomática estadounidense,
primero entre las dos y tres de la tarde, y después alrededor de las
4.55.
Desde el hotel Village y desde las calles de Barbados hicieron varias
llamadas de Caracas. Hernán llamó a Icica, la empresa propiedad de Posada
Carriles.
Este no se encontraba. Entonces se comunicó dos veces con Marinés Vega,
amiga de Posada. Le dejó sendos recados. Según el documento del FBI, hubo
otra llamada. Hernán telefoneó a Bosch.
Le dijo: "Un autobús con 73 perros cayó al barranco y todos han
muerto". Era la clave acordada.
Las evidencias
Hernán y Lugo decidieron regresar esa misma noche a Trinidad y Tobago.
Tomaron el vuelo de las 20.30 de BWI.
Una vez en Trinidad, tomaron un taxi hacia el hotel Holiday Inn. El
taxista Kenneth Dennis se percató de su nerviosismo: seguían hablando del
avionazo de Barbados. La noticia ya había dado la vuelta al mundo.
Por la madrugada del día siguiente, la policía de Trinidad detuvo en su
hotel a Hernán y a Lugo. Para él, quedaba clara la relación de la CIA con
los detenidos. Washington protestó airadamente.
A partir de las declaraciones de Hernán y Lugo, la Disp detuvo a Posada
Carriles y a Orlando Bosch el 11 de octubre de ese año. Inició así un
largo y tortuoso proceso judicial.
El 2 de noviembre, la jueza venezolana Delia Estava Moreno consignó a
Posada Carriles, Bosch, Hernán y Lugo por "homicidio calificado,
fabricación y uso de armas de fuego y portación de documentos falsos".
Iniciaron trabas y argucias legales para prolongar el proceso. La juez
Moreno renunció después de recibir presiones y amenazas de muerte. El caso
pasó a una corte militar; el juez a cargo, el general Elio García Barrios,
mantuvo las acusaciones. En venganza, un comando armado asesinó a su hijo
y a su chofer en 1983.
Sin que hubiera sentencia definitiva, Posada Carriles se fugó el 18 de
agosto de 1985 de una cárcel de máxima seguridad de Venezuela. El gobierno
de Cuba acusó a la Fundación Nacional Cubano Americana de financiar la
fuga: envió 50 mil dólares a través de Panamá para corromper a custodios y
funcionarios venezolanos. Viajó directo hacia Honduras, donde participó en
las operaciones que desencadenaron posteriormente en el escándalo
Irán-Contras.
En 1987, un juez venezolano absolvió a Bosch de la participación del
atentado. Llegó a Miami en 1989. Fue detenido por tratarse de un prófugo
de la justicia. Cuando el Departamento de Justicia iba a deportarlo, el
entonces presidente George Bush (padre) -quien como director de la CIA
supo de sus actividades- le otorgó el "perdón". Vive tranquilamente en
Miami. *
(*) Tomado de la Revista Proceso de
México |