En 1976, una semana después del atentado contra un avión cubano
de pasajeros en las costas de Venezuela, la CIA, dirigida por George
Bush padre, comenzó a recibir información acerca de la participación
de dos extremistas de derecha cubanos en el ataque, así como en el
asesinato en Washington del ex canciller chileno Orlando Letelier.
La CIA ocultó la información que tenía y 30 años después la
familia Bush continúa protegiendo a esos agentes operativos.
Este largo historial de lealtad está en estos días a prueba, por
la demanda de Venezuela de que uno de los dos, el ex colaborador de
la CIA Luis Posada Carriles, sea extraditado a Caracas para que allí
continúe el proceso pendiente en su contra por el atentado en que
murieron todos los pasajeros y tripulantes del avión cubano: 73
personas.
No está claro si el juez de inmigración de El Paso (Texas) que
está viendo la causa, otorgará la extradición. Todo apunta, como lo
indicó el propio juez, William Abbott, a que no lo hará y que el
proceso será suspendido indefinidamente para proteger al encausado
de posibles torturas en Venezuela.
Posada Carriles renunció el miércoles a su demanda de asilo
político y pidió, en cambio, la nacionalidad norteamericana en
recompensa por sus servicios a la CIA. En una amenaza poco velada,
también dijo que deseaba evitar tener que ventilar en el tribunal
asuntos sensibles para la seguridad de Estados Unidos.
Cuando Posada ingresó ilegalmente a Estados Unidos a comienzos de
este año y se escondió en Miami por varias semanas, el Presidente
Bush y su hermano, el gobernandor de Florida, Jeb Bush, hicieron
caso omiso de las denuncias cubanas y venezolanas acerca de la
presencia del personaje. Sólo después que el propio Posada llamó a
una rueda de prensa, se vieron obligados a arrestarlo.
Desde entonces, la administración Bush se ha mostrado reacia al
traslado forzoso de Posada a Venezuela, país gobernado por Hugo
Chávez, un aliado del Presidente cubano Fidel Castro.
LA PROTECCIÓN DE LA CIA
En 1976, el entonces director de la CIA, George Bush (padre) y
sus subordinados desviaron las sospechas de la participación de los
exiliados cubanos y la dictadura chilena de Augusto Pinochet en
atentados terroristas conjuntos.
Los ataques, dirigidos contra opositores de Pinochet y otras
dictaduras, alcanzaron Washington el 21 de septiembre de 1976,
cuando una bomba destrozó el auto en que viajaban Orlando Letelier y
su colaboradora Ronni Moffit.
Dos semanas después, concretamente el 6 de octubre, una bomba
hizo estallar el avión de Cubana de Aviación en que viajaba el
equipo olímpico de esgrima de Cuba, poco después de despegar de la
isla de Barbados.
En el Gobierno norteamericano, los dos ataques fueron rápidamente
vinculados a la Operación Cóndor, que reclutaba cubanos
anticastristas para ejecutar sus asesinatos.
Aun antes de los ataques contra Letelier y el avión, la CIA de
Bush padre había detectado indicios de estas operaciones.
Pero, aparentemente con el fin de evitar que sus aliados
aparecieran como terroristas internacionales y para ahorrar un
escándalo a la administración de Gerald Ford en época de elecciones,
la CIA se abstuvo de entregar la evidencia que pudo haber resuelto
el caso fácilmente.
En lugar de eso, la CIA filtró informaciones falsas a los medios
norteamericanos, exonerando a Pinochet del crimen de Letelier.
Por ejemplo, “Newsweek” informó el 11 de octubre de 1976, que “la
policía secreta chilena no está involucrada... (La CIA) llegó a esta
conclusión porque la bomba era demasiado rústica para ser obra de
expertos y porque el asesinato, ocurrido cuando Chile estaba
tratando de agradar a Estados Unidos, sólo podría dañar al régimen”.
Sin embargo, al interior del Gobierno se acumulaba la evidencia,
y las sospechas sólo crecieron después del atentado contra el avión
cubano.
INTRIGA EN VENEZUELA
De acuerdo a un cable secreto de la CIA, del 14 de octubre de
1976, fuentes venezolanas de la agencia transmitieron información
relacionando tanto el caso Letelier como el de Cubana de Aviación a
los extremistas cubanos Orlando Bosch y Luis Posada Carriles, quien
era entonces un alto oficial de la policía política venezolana
(Disip).
El cable, desclasificado recientemente y obtenido del Archivo
Nacional de Seguridad en Washington, decía que Bosch llegó a
Venezuela en septiembre de 1976, “bajo la protección del Presidente
venezolano Carlos Andrés Pérez”, quien asignó a su asesor de
inteligencia, Orlando García, para atenderlo.
A su llegada lo esperaban García y Posada, según el informe. Más
tarde se realizó una cena de captación de fondos en homenaje a
Bosch, en la que el cubano pidió dinero a Caracas a cambio de no
organizar manifestaciones durante el viaje del Presidente venezolano
a la Asamblea General de la ONU.
El informe de la CIA agrega que “durante la velada, Bosch
anunció: ‘Ahora que nuestra organización salió bien para del trabajo
de Letelier, vamos a intentar algo más’. Unos días después de la
cena, Posada fue oído diciendo: ‘Vamos a atacar un avión cubano
(...) Orlando tiene los detalles’”.
“Después del estallido del avión de Cubana el 6 de octubre en las
costas de Barbados, Bosch, García y Posada acordaron que lo mejor
para Bosch sería abandonar Venezuela. El 9 de octubre, Posada y
García escoltaron a Bosch hasta la frontera colombiana”.
Entretanto, el asesor legal del FBI en Buenos Aires, Robert
Scherrer, juntaba otras piezas del puzzle. De fuentes militares
argentinas, Scherrer informó a sus superiores que el asesinato de
Letelier era posiblemente obra de la Operación Cóndor.
RESOLVIENDO EL CASO
En Venezuela, los investigadores empezaron rápidamente a atar
cabos. Dos exiliados cubanos, Hernán Ricardo y Freddy Lugo, que se
habían bajado del avión durante la escala en Barbados, confesaron
que habían puesto la bomba, y nombraron a Bosch y Posada como los
autores intelectuales.
En un allanamiento del departamento de Posada en Caracas se
encontraron itinerarios de Cubana y otros documentos
comprometedores. La investigación también ubicó a los agentes
norteamericanos en camino de resolver el caso Letelier, al develar
detalles de la red terrorista de derecha asociada a la Operación
Cóndor.
Las cosas comenzaron a cambiar un poco cuando Jimmy Carter ganó
la elección presidencial el 2 de noviembre de 1976. Bush padre
empezó a preocuparse un poco más del terrorismo de los exiliados
cubanos dentro de Estados Unidos.
En un viaje de inspección a Miami, Bush se reunió con dirigentes
del exilio cubano y, según dijo una fuente, el mensaje para ellos
fue que no se permitirían actos terroristas en territorio
norteamericano, pero no habría limitaciones para ataques en otros
países.
En los dos años siguientes se resolvió el caso Letelier, que
probó la participación de la dictadura chilena, la condena del
agente de la DINA Michael Townley y otros operativos cubanos de bajo
nivel.
El fiscal del caso, Eugene Propper me dijo que la CIA no le ayudó
de forma eficaz a resolver el crimen.
LUIS POSADA EN LA CÁRCEL
Posada y Bosch fueron acusados en Venezuela por el atentado
contra el avión, pero rechazaron los cargos. El caso se volvió
rápidamente una complicación política, porque los dos sospechosos
conocían secretos potencialmente dañinos para el Presidente Carlos
Andrés Pérez, y el caso se alargó por una década.
Cuando Ronald Reagan asumió la Presidencia de Estados Unidos (con
Bush padre de vicepresidente), se desinfló el esfuerzo.
Aunque la evidencia apuntaba a los más altos niveles de la
dictadura chilena, la administración Reagan-Bush se abstuvo de pedir
el enjuiciamiento y extradición de Pinochet, Contreras y compañía.
En 1998, cuando Pinochet fue arrestado en Londres, uno de los
líderes mundiales que salió en su defensa fue Bush padre, ya como ex
Presidente.
LA FUGA
En 1985 Posada Carriles se escapó de una prisión venezolana,
presuntamente con ayuda de exiliados cubanos. En su autobiografía,
Posada agradeció al activista de Miami Jorge Mas Canosa por
facilitar los 25 mil dólares para sobornar a los guardias de la
cárcel.
Otro exiliado cubano que le ayudó fue Félix Rodríguez, cercano al
Presidente Bush padre y quien supervisaba el abastecimiento secreto
de armas a los contras nicaragüenses en los años ’80. Posada se le
unió al salir de prisión y se encargó de los pagos a los pilotos
clandestinos.
A finales de los ’80, también Bosch se había fugado de la cárcel
y estaba de regreso en Miami. Por estar implicado en unos 30 ataques
terroristas, se estudiaba entonces deportarlo, considerando que
Estados Unidos difícilmente podría predicar contra el terrorismo y
proteger a un terrorista tan connotado como Bosch.
Pero tuvo suerte otra vez. Jeb Bush, entonces un joven político,
encabezó una campaña para impedir la deportación, y en 1990 su
padre, el Presidente, perdonó a Bosch
En 1992, también durante la Presidencia de Bush padre, el FBI
interrogó por seis horas y media a Posada en la Embajada
norteamericana en Honduras, acerca de las operaciones ilegales
contra Nicaragua. Ahí reveló que el asesor de seguridad nacional de
Bush, Donald Gregg, estaba en contacto permanente con Félix
Rodríguez, y que él lo sabía porque era quien pagaba la cuenta de
teléfono de Rodríguez. Pero después lo dejaron ir.
MÁS ATAQUES
Luis Posada Carriles pronto regresó a sus actividades
terroristas. En 1994 planificó un ataque contra Fidel Castro durante
un viaje a Cartagena de Indias (Colombia), pero el plan fracasó
porque la seguridad impidió una visión de tiro directa hacia Castro,
según informó el diario “Miami Herald” en 1998.
Este rotativo también describió el papel de Posada en una campaña
de ataques con bombas contra hoteles y restaurantes dentro de Cuba,
en uno de los cuales resultó muerto un turista italiano. La nota
dice que Posada organizó los pagos a los conspiradores desde cuentas
en Estados Unidos.
En 2000 regresó a la cárcel, después que la inteligencia cubana
develó una conspiración para asesinar a Castro mediante una bomba
durante una reunión del líder cubano con estudiantes universitarios
en Panamá. Posada fue arrestado y sentenciado a nueve años de
prisión, pero fue perdonado, junto a sus cómplices, cuatro meses
después por la entonces Presidenta de Panamá, Mireya Moscoso, quien
vive en Cayo Vizcaíno (Florida). Los otros integrantes de la banda
viajaron rápidamente a Miami, donde fueron recibidos como héroes.
Ahora, en honor a la tradición, los abogados de la administración
Bush han anticipado que no deportarán a nadie que pudiera estar
actuando “en representación de Cuba”, en una aparente referencia a
Venezuela, aunque Caracas se ha comprometido formalmente a no
entregar al preso a La Habana.
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