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5 de octubre de 2005

La Nación de Chile - 4 de septiembre de 2005

Una historia de lazos
entre la familia presidencial y terroristas cubanos

Examen de terrorismo para Washington

El cubano Luis Posada Carriles es un viejo conocido de la familia Bush y de la CIA. Acusado de barbaries, cuenta con una red de protección oficial e informal que pone en tela de juicio todo el discurso antiterrorista de Bush.

Robert Parry
En 1976, una semana después del atentado contra un avión cubano de pasajeros en las costas de Venezuela, la CIA, dirigida por George Bush padre, comenzó a recibir información acerca de la participación de dos extremistas de derecha cubanos en el ataque, así como en el asesinato en Washington del ex canciller chileno Orlando Letelier.

La CIA ocultó la información que tenía y 30 años después la familia Bush continúa protegiendo a esos agentes operativos.

Este largo historial de lealtad está en estos días a prueba, por la demanda de Venezuela de que uno de los dos, el ex colaborador de la CIA Luis Posada Carriles, sea extraditado a Caracas para que allí continúe el proceso pendiente en su contra por el atentado en que murieron todos los pasajeros y tripulantes del avión cubano: 73 personas.

No está claro si el juez de inmigración de El Paso (Texas) que está viendo la causa, otorgará la extradición. Todo apunta, como lo indicó el propio juez, William Abbott, a que no lo hará y que el proceso será suspendido indefinidamente para proteger al encausado de posibles torturas en Venezuela.

Posada Carriles renunció el miércoles a su demanda de asilo político y pidió, en cambio, la nacionalidad norteamericana en recompensa por sus servicios a la CIA. En una amenaza poco velada, también dijo que deseaba evitar tener que ventilar en el tribunal asuntos sensibles para la seguridad de Estados Unidos.

Cuando Posada ingresó ilegalmente a Estados Unidos a comienzos de este año y se escondió en Miami por varias semanas, el Presidente Bush y su hermano, el gobernandor de Florida, Jeb Bush, hicieron caso omiso de las denuncias cubanas y venezolanas acerca de la presencia del personaje. Sólo después que el propio Posada llamó a una rueda de prensa, se vieron obligados a arrestarlo.

Desde entonces, la administración Bush se ha mostrado reacia al traslado forzoso de Posada a Venezuela, país gobernado por Hugo Chávez, un aliado del Presidente cubano Fidel Castro.

LA PROTECCIÓN DE LA CIA

En 1976, el entonces director de la CIA, George Bush (padre) y sus subordinados desviaron las sospechas de la participación de los exiliados cubanos y la dictadura chilena de Augusto Pinochet en atentados terroristas conjuntos.

Los ataques, dirigidos contra opositores de Pinochet y otras dictaduras, alcanzaron Washington el 21 de septiembre de 1976, cuando una bomba destrozó el auto en que viajaban Orlando Letelier y su colaboradora Ronni Moffit.

Dos semanas después, concretamente el 6 de octubre, una bomba hizo estallar el avión de Cubana de Aviación en que viajaba el equipo olímpico de esgrima de Cuba, poco después de despegar de la isla de Barbados.

En el Gobierno norteamericano, los dos ataques fueron rápidamente vinculados a la Operación Cóndor, que reclutaba cubanos anticastristas para ejecutar sus asesinatos.

Aun antes de los ataques contra Letelier y el avión, la CIA de Bush padre había detectado indicios de estas operaciones.

Pero, aparentemente con el fin de evitar que sus aliados aparecieran como terroristas internacionales y para ahorrar un escándalo a la administración de Gerald Ford en época de elecciones, la CIA se abstuvo de entregar la evidencia que pudo haber resuelto el caso fácilmente.

En lugar de eso, la CIA filtró informaciones falsas a los medios norteamericanos, exonerando a Pinochet del crimen de Letelier.

Por ejemplo, “Newsweek” informó el 11 de octubre de 1976, que “la policía secreta chilena no está involucrada... (La CIA) llegó a esta conclusión porque la bomba era demasiado rústica para ser obra de expertos y porque el asesinato, ocurrido cuando Chile estaba tratando de agradar a Estados Unidos, sólo podría dañar al régimen”.

Sin embargo, al interior del Gobierno se acumulaba la evidencia, y las sospechas sólo crecieron después del atentado contra el avión cubano.

INTRIGA EN VENEZUELA

De acuerdo a un cable secreto de la CIA, del 14 de octubre de 1976, fuentes venezolanas de la agencia transmitieron información relacionando tanto el caso Letelier como el de Cubana de Aviación a los extremistas cubanos Orlando Bosch y Luis Posada Carriles, quien era entonces un alto oficial de la policía política venezolana (Disip).

El cable, desclasificado recientemente y obtenido del Archivo Nacional de Seguridad en Washington, decía que Bosch llegó a Venezuela en septiembre de 1976, “bajo la protección del Presidente venezolano Carlos Andrés Pérez”, quien asignó a su asesor de inteligencia, Orlando García, para atenderlo.

A su llegada lo esperaban García y Posada, según el informe. Más tarde se realizó una cena de captación de fondos en homenaje a Bosch, en la que el cubano pidió dinero a Caracas a cambio de no organizar manifestaciones durante el viaje del Presidente venezolano a la Asamblea General de la ONU.

El informe de la CIA agrega que “durante la velada, Bosch anunció: ‘Ahora que nuestra organización salió bien para del trabajo de Letelier, vamos a intentar algo más’. Unos días después de la cena, Posada fue oído diciendo: ‘Vamos a atacar un avión cubano (...) Orlando tiene los detalles’”.

“Después del estallido del avión de Cubana el 6 de octubre en las costas de Barbados, Bosch, García y Posada acordaron que lo mejor para Bosch sería abandonar Venezuela. El 9 de octubre, Posada y García escoltaron a Bosch hasta la frontera colombiana”.

Entretanto, el asesor legal del FBI en Buenos Aires, Robert Scherrer, juntaba otras piezas del puzzle. De fuentes militares argentinas, Scherrer informó a sus superiores que el asesinato de Letelier era posiblemente obra de la Operación Cóndor.

RESOLVIENDO EL CASO

En Venezuela, los investigadores empezaron rápidamente a atar cabos. Dos exiliados cubanos, Hernán Ricardo y Freddy Lugo, que se habían bajado del avión durante la escala en Barbados, confesaron que habían puesto la bomba, y nombraron a Bosch y Posada como los autores intelectuales.

En un allanamiento del departamento de Posada en Caracas se encontraron itinerarios de Cubana y otros documentos comprometedores. La investigación también ubicó a los agentes norteamericanos en camino de resolver el caso Letelier, al develar detalles de la red terrorista de derecha asociada a la Operación Cóndor.

Las cosas comenzaron a cambiar un poco cuando Jimmy Carter ganó la elección presidencial el 2 de noviembre de 1976. Bush padre empezó a preocuparse un poco más del terrorismo de los exiliados cubanos dentro de Estados Unidos.

En un viaje de inspección a Miami, Bush se reunió con dirigentes del exilio cubano y, según dijo una fuente, el mensaje para ellos fue que no se permitirían actos terroristas en territorio norteamericano, pero no habría limitaciones para ataques en otros países.

En los dos años siguientes se resolvió el caso Letelier, que probó la participación de la dictadura chilena, la condena del agente de la DINA Michael Townley y otros operativos cubanos de bajo nivel.

El fiscal del caso, Eugene Propper me dijo que la CIA no le ayudó de forma eficaz a resolver el crimen.

LUIS POSADA EN LA CÁRCEL

Posada y Bosch fueron acusados en Venezuela por el atentado contra el avión, pero rechazaron los cargos. El caso se volvió rápidamente una complicación política, porque los dos sospechosos conocían secretos potencialmente dañinos para el Presidente Carlos Andrés Pérez, y el caso se alargó por una década.

Cuando Ronald Reagan asumió la Presidencia de Estados Unidos (con Bush padre de vicepresidente), se desinfló el esfuerzo.

Aunque la evidencia apuntaba a los más altos niveles de la dictadura chilena, la administración Reagan-Bush se abstuvo de pedir el enjuiciamiento y extradición de Pinochet, Contreras y compañía.

En 1998, cuando Pinochet fue arrestado en Londres, uno de los líderes mundiales que salió en su defensa fue Bush padre, ya como ex Presidente.

LA FUGA

En 1985 Posada Carriles se escapó de una prisión venezolana, presuntamente con ayuda de exiliados cubanos. En su autobiografía, Posada agradeció al activista de Miami Jorge Mas Canosa por facilitar los 25 mil dólares para sobornar a los guardias de la cárcel.

Otro exiliado cubano que le ayudó fue Félix Rodríguez, cercano al Presidente Bush padre y quien supervisaba el abastecimiento secreto de armas a los contras nicaragüenses en los años ’80. Posada se le unió al salir de prisión y se encargó de los pagos a los pilotos clandestinos.

A finales de los ’80, también Bosch se había fugado de la cárcel y estaba de regreso en Miami. Por estar implicado en unos 30 ataques terroristas, se estudiaba entonces deportarlo, considerando que Estados Unidos difícilmente podría predicar contra el terrorismo y proteger a un terrorista tan connotado como Bosch.

Pero tuvo suerte otra vez. Jeb Bush, entonces un joven político, encabezó una campaña para impedir la deportación, y en 1990 su padre, el Presidente, perdonó a Bosch

En 1992, también durante la Presidencia de Bush padre, el FBI interrogó por seis horas y media a Posada en la Embajada norteamericana en Honduras, acerca de las operaciones ilegales contra Nicaragua. Ahí reveló que el asesor de seguridad nacional de Bush, Donald Gregg, estaba en contacto permanente con Félix Rodríguez, y que él lo sabía porque era quien pagaba la cuenta de teléfono de Rodríguez. Pero después lo dejaron ir.

MÁS ATAQUES

Luis Posada Carriles pronto regresó a sus actividades terroristas. En 1994 planificó un ataque contra Fidel Castro durante un viaje a Cartagena de Indias (Colombia), pero el plan fracasó porque la seguridad impidió una visión de tiro directa hacia Castro, según informó el diario “Miami Herald” en 1998.

Este rotativo también describió el papel de Posada en una campaña de ataques con bombas contra hoteles y restaurantes dentro de Cuba, en uno de los cuales resultó muerto un turista italiano. La nota dice que Posada organizó los pagos a los conspiradores desde cuentas en Estados Unidos.

En 2000 regresó a la cárcel, después que la inteligencia cubana develó una conspiración para asesinar a Castro mediante una bomba durante una reunión del líder cubano con estudiantes universitarios en Panamá. Posada fue arrestado y sentenciado a nueve años de prisión, pero fue perdonado, junto a sus cómplices, cuatro meses después por la entonces Presidenta de Panamá, Mireya Moscoso, quien vive en Cayo Vizcaíno (Florida). Los otros integrantes de la banda viajaron rápidamente a Miami, donde fueron recibidos como héroes.

Ahora, en honor a la tradición, los abogados de la administración Bush han anticipado que no deportarán a nadie que pudiera estar actuando “en representación de Cuba”, en una aparente referencia a Venezuela, aunque Caracas se ha comprometido formalmente a no entregar al preso a La Habana.

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