Hace casi tres décadas, Latinoamérica y el
mundo fueron sacudidos por un acto terrorista sin igual, tanto por su crueldad
como por la inocencia de sus víctimas. El 6 de octubre de 1976, un DC-8 de
Cubana de Aviación, partió de Caracas, hacia Trinidad-Tobago y luego a
Barbados. En el avión se encontraban 73 personas, entre ellos los 24
integrantes del equipo juvenil de esgrima de Cuba, quienes celebraban haber
ganado todas las medallas de oro del Campeonato Centroamericano y del Caribe.
También estaban en el avión 11 jóvenes guyaneses que viajaban a Cuba para
estudiar Medicina, cinco coreanos de la delegación oficial de la República
Popular Democrática de Corea y varios tripulantes que se encontraban hospedados
en la capital de Barbados, debido a la rotación del personal de la aerolínea
Cubana de Aviación. Todos murieron.
Los autores materiales de la masacre
fueron los venezolanos Hernán Ricardo Lozano, quien manifestó ser miembro de la
CIA, y Freddy Lugo, y los terroristas cubanos Luis Posada Carriles y
Orlando Bosch Ávila. A estos autores materiales se les suman otra serie de colaboradores,
todos ellos en la categoría de “presuntos”. Uno de ellos falleció hace poco, en
el mes de julio, víctima de un ataque cardíaco, el sr. Orlando García Vásquez,
cubano nacionalizado venezolano de 79 años. Este señor, miembro de los cuerpos
de inteligencia venezolanos de la época, dirigió las primeras investigaciones
del atentado, sin embargo, luego se descubrió que estuvo vinculado al acto
terrorista según documentos federales recientemente revelados en los Estados
Unidos. ¡Qué curioso: zamuro cuidando carne! La DISIP de entonces estaba
penetrada por los más ultrosos grupos anticastristas, quienes robaban los
dineros de la bonanza petrolera venezolana de entonces para financiar la lucha
contra Cuba, teniendo a la CIA como el ente rector de esa acción.
Aunque la organización anticastrista
Comandos de Organizaciones Revolucionarias Unidas (CORU) se atribuyó la
responsabilidad de los hechos, queda claro que ellos fueron sólo los autores
materiales, ya que el Gobierno de los EEUU, presidido en aquel entonces por
Gerald Ford, es, sin lugar a dudas, el autor intelectual de la
masacre.
Los autores materiales de la voladura del
avión, 29 años después, no han pagado por sus crímenes, aunque no exista en el
mundo una pena justa para tan horrendo acto terrorista. Por el contrario,
Orlando Bosch fue indultado por el también terrorista Gobierno de Bush, y Luis
Posada Carriles está siendo juzgado en los EEUU por un delito de
inmigración, debido a que un Juez de Texas, William Abbott, decidiera que este
señor no podía ser deportado a Venezuela, tal como lo ha solicitado nuestro
Gobierno, debido a que podría ser sometido a torturas en nuestro país. Es decir,
seguimos a la espera de justicia.
Por supuesto, el castigo para el autor
intelectual de aquella masacre, es todavía más difícil. Recientemente, en el mes
de mayo, el presidente Fidel Castro acusó
directamente al Gobierno de Estados Unidos de complicidad con el terrorismo, al
proteger y ocultar información sobre la voladura del avión cubano. Esta
afirmación la hizo luego de determinarse que el FBI y la CIA, según documentos
ya desclasificados, tenían conocimiento de los autores materiales del atentado
una vez ocurrido el mismo. Pero, aunque esta es otra prueba más de las muchas
que confirman la autoría intelectual de los EEUU en tan horrible crimen, los
terroristas siguen libres y actuando a sus anchas.
Los que volaron el avión cubano no tuvieron vergüenza en
confesar, como lo hicieron ante la periodista venezolana Alicia Herrera que,
“…pusimos la bomba ¿y qué?”. Esos cínicos terroristas y sus socios son los que
continuaron desangrando a la América Latina con sus crímenes contra los
movimientos progresistas y revolucionarios. Esos asesinos son los mismos
terroristas que vimos durante el Golpe de Estado de abril de 2002, quienes al
parecer se concentraron en Caracas, para agredir e invadir cobardemente al
embajada de Cuba. Allí estaban los terroristas ligados a la voladura del avión
junto con los neoterroristas. En un solo tumulto, rabiosos y con ansias
asesinas, se confundían Henrique Capriles Radonski, Salvador Romaní, Robert
Alonso, Ricardo Koesling, Henry López Sisco y muchos más. Por cierto que el
fiscal que acusó a Capriles Radonski murió de manos de terroristas
“presuntamente” ligados a estos grupos anticastristas. Se trata del valeroso
fiscal Danilo Anderson. Por su parte, el sr. López Sisco, quien por alguna razón
se pasea libremente por el territorio nacional es el mismo que, casualmente,
participó seis años después de la voladura del avión, un 4 de octubre, en la
masacre de Cantaura.
En este 6 de octubre de 2005, 29 años después de la
masacre, denunciamos al mundo que el Gobierno de los Estados Unidos aún
protege a quienes participaron en la voladura del avión, porque es una
manera de protegerse a sí mismos.