ESDE CARACAS se nos informa que el 30 de setiembre fue presentada la
cuarta edición, ampliada, del libro de la periodista venezolana Alicia Herrera
"Pusimos la bomba...¿y qué?", con un prólogo del vicepresidente José Vicente
Rangel. La obra es un modelo del periodismo de investigación. Documenta en todos sus
entretelones el atentado terrorista del 6 de octubre de 1976 que abatió el aparato de
Cubana de Aviación causando 73 víctimas, e identifica con pelos y señales a sus
responsables: los ejecutantes directos, que fueron los fotógrafos venezolanos Freddy Lugo
y Hernán Ricardo Lozano, y los organizadores, Orlando Bosch y Luis Posada Carriles.
Nuevos capítulos del libro de Alicia Herrera
Este último está ahora detenido en El Paso, Texas, bajo custodia de la
Oficina de Inmigración y Aduanas y el gobierno de EEUU se niega a extraditarlo, como
reclama el gobierno de Venezuela (ver nuestra nota de ayer).
Conocí a Alicia Herrera en el período del exilio, durante el VII
Congreso de Periodistas Latinoamericanos organizado en La Habana por la Unión de
Periodistas de Cuba (UPEC) a fines de mayo de 1982. Allí se le brindó un voto de
aplauso, destacando que el libro conjuga una excelente técnica periodística con una
labor tenaz de investigadora, que puso a prueba su sagacidad, su inteligencia y su
valentía. En efecto: se metió en la boca del lobo, visitó durante meses a los cuatro
implicados en el Cuartel de San Carlos, y en forma lenta y sutil, con paciencia extrema,
fue armando por boca de los propios personajes la trama íntegra de la conjura, que en el
capítulo VII aparece expuesta en todos sus detalles, con la participación de cada uno.
De paso, anotó las condiciones de privilegio en que se encontraban los encausados en la
prisión militar, con todas las comodidades, visitas y comida a toda hora, teléfono a
disposición... y hasta recibiendo un sueldo de la Disip (Dirección de Seguridad e
Inteligencia Policial venezolana) a la cual había pertenecido Posada Carriles. Esto tiene
otras derivaciones.
La jueza Delia Estaba Moreno, del Tribunal 1º de primera instancia en
lo penal decretó que "la responsabilidad de los ya mencionados ciudadanos (Posada,
Bosch, Lugo y Ricardo Lozano) está plenamente demostrada en autos". El fiscal
militar II, Antonio José Moro González, pidió penas de hasta 26 años. Esto fue en
1978. Pero en 1980, ya con Luis Herrera Campins en el gobierno, el asunto sufrió un
brusco cambio. El 26 de setiembre, el mismo fiscal militar pidió la absolución, alegando
que en la fase final del juicio desaparecieron las pruebas que le sirvieron de base para
formular la acusación. El presidente del Consejo de Guerra, coronel José Ramón
Bastidas, dijo que se exoneraba de culpa a los cuatro individuos.
Las páginas robadas
Sin embargo, no fueron puestos en libertad. Varias veces armaron sus
valijas para irse, pero debieron quedarse. A esa altura las revelaciones de Alicia Herrera
habían alcanzado enorme repercusión. Ella había recibido amenazas de muerte. Posada
Carriles purgó nueve años de prisión, hasta que con ayuda de la CIA se fugó en 1985 y
continuó sus andanzas hasta hoy, con la solicitud de extradición pendiente.
La cuarta edición del libro recoge precisamente partes del expediente
judicial que fueron robadas para proteger al terrorista. Manos anónimas hicieron llegar
esas hojas al periodista venezolano Ernesto Villegas, quien las presentó en su programa
de Venezolana de TV y luego las entregó a Herrera para completar su investigación.
Incluye también documentos desclasificados del FBI, que confirman la culpabilidad de
Posada en el caso aludido. Agréguese que en el libro los entrevistados se desbocan
(particularmente Bosch y Posada) y se vanaglorian de los atentados que perpetraron además
en Panamá, Argentina, Colombia, Cuba, Guyana, México, incluso en España.
Pero hay más. El juez de inmigración de El Paso, William Abbot, sólo
escuchó el testimonio de Joaquín Charfardet, abogado de Posada, para denegar su
extradición, argumentando que en Venezuela sería torturado. Pero he aquí que el tal
Charfardet fue uno de los colegas de Posada en la Disip.
Además, torturador
Y que varios venezolanos, que fueron torturados por Posada cuando éste
ocupaba un cargo de dirección en la Disip, se presentaron ante la cancillería
solicitando que sus expedientes sean agregados a la solicitud de extradición. El grupo es
coordinado por Jesús Marrero, que fue torturado por órdenes de Posada, y aludió a los
casos de Brenda Esquivel, golpeada hasta que perdió el hijo que llevaba en el vientre
("para acabar con la mala semilla"), de Pancho Alegría, asesinado, y de Noel
Rodríguez, desaparecido, estando aún sus familiares a la búsqueda de sus restos.