Canberra.-Irán y Estados Unidos están a punto de colisionar. A pesar de las advertencias provenientes de Estados Unidos y Europa, quienes temen que Irán está desarrollando armas nucleares, Irán está empeñado en reanudar el enriquecimiento de uranio (aunque postergó la decisión hasta noviembre), y su nuevo Presidente de línea dura, Mahmoud Ahmedinejad, insiste que el país tiene el derecho de hacerlo con fines civiles según el Tratado de No Proliferación Nuclear.El Presidente George W. Bush ha reaccionado declarando que están todas las alternativas abiertas, incluida la acción militar, lo que ha provocado una dura crítica no sólo de Teherán sino que del Canciller alemán Gerhard Schröder, uno de los aliados de Estados Unidos en este tema. Se rumorea que Israel también tiene planes de atacar las instalaciones nucleares de Irán. Pero el uso de fuerza contra Irán podría tener un costo demasiado alto para todos los involucrados. Teherán cuenta con la capacidad de responder de distintas formas militares y no militares en caso de una confrontación.
Irán podría cerrar el altamente estratégico Estrecho de Hormuz, a través del cual transita la mayor parte del crudo exportado por los países del Golfo. Además, ese país posee importantes destacamentos militares y navales en el norte, preparados para efectuar acciones bélicas destinadas a hacer estallar o hundir una serie de buques a fin de obstaculizar el estrecho.
La manera más eficaz que tendría EEUU para mantener abierto el estrecho sería desplegar tropas en terreno iraní, lo que significaría una guerra terrestre, una acción que los iraníes recibirían sin problemas, pero que los estadounidenses quisieran evitar, sobre todo tras la dura experiencia de Irak.
Teherán también podría usar el petróleo para ejercer presión. Una reducción sustancial o una parálisis total de la producción de crudo iraní, que actualmente alcanza cuatro millones de barriles diarios, inflaría el precio del crudo de forma dramática, lo que tendría consecuencias económicas y políticas devastadoras para EEUU y sus aliados, especialmente tras la crisis generada por los huracanes Katrina y Rita en el Golfo de México.
Una acción de este tipo también sería altamente nociva para Irán, aunque varios legisladores del país han señalado extraoficialmente que si se trata de la supervivencia del régimen islámico, estarían dispuestos a usar cualquier arma.
Además, Teherán es capaz de hacerle la vida mucho más difícil a las fuerzas estadounidenses y a sus aliados en Irak. Hasta la fecha, Irán ha actuado de forma prudente respecto de su vecino, bajo la esperanza de que si EEUU logra establecer la democracia esto brindaría poder político a los aliados chiítas de Irán en ese país. Pero en caso de un ataque estadounidense o israelí contra Irán, toda prudencia se dejaría de lado.
Se podría esperar que los iraníes no sólo impulsen a sus aliados en Irak a que luchen con más fuerza contra las tropas estadounidenses, sino que envíen miles de soldados e incluso voluntarios suicidas (que aunque no son reconocidos y dicen no ser apoyados por el Gobierno de Teherán, no son perseguidos) para apoyar a Irak. También podría contar con el apoyo de múltiples grupos de activistas chiítas dentro de sus redes islámicas regionales, para atacar blancos estadounidenses e israelíes y sus intereses a través de la región entera. Además, Irán podría usar sus extensos vínculos fronterizos con Afganistán para socavar la frágil estabilidad de ese país.
El régimen islámico también tiene la capacidad de tomar represalias militares. Posee una formidable máquina militar, equipada con misiles Shihab de mediano y largo alcance capaces de producir grandes destrozos a blancos estadounidenses e israelíes a distancias de 2.000 kilómetros. En tanto que Irán no es capaz de igualar el poder militar estadounidense, las fuerzas iraníes podrían contrarrestar esto en cierto grado con su fanatismo religioso y nacionalista.
Dado los costos de una confrontación, es esencial que Irán y sus tres socios negociadores, Gran Bretaña, Francia y Alemania, establezcan un acuerdo mutuo. Sin embargo, para que este acuerdo se materialice, las partes involucradas tendrán que tratar asuntos más allá del tema nuclear a fin de discutir las condiciones que han llevado a los iraníes a vivir con el miedo constante provocado por EEUU e Israel, y a estos dos países a sospechar cada vez más de las intenciones nucleares de Irán.
Una solución viable a este conflicto nuclear depende en alto grado de cómo las partes involucradas logren un acuerdo político mutuo. Si Washington reconociera el régimen islámico de Teherán, dejara de constantemente amenazar a Irán, y acordara un control de las armas de destrucción masiva en la región entera, lo que tendría que incluir a Israel, podría avanzar sustancialmente en cuanto al problema nuclear. Pero, Washington nunca ha deseado que Israel se vea obligado a someterse a las misma restricciones que rigen a los árabes e iraníes.
©International Herald Tribune
(The New York Times Syndicate)