Kintto Lucas - rodelu.net
16 de octubre de 2005

Alucinaciones
Kintto Lucas
El cine es la imaginación, es un barrio de la vida donde se puede volar-amar-odiar. Se puede entrar a la pantalla y andar por lugares remotos, se puede sentir. Pero el cine es también un descubrimiento, una emoción, un encuentro...
Cuando la película terminó los dos se miraron, remolinearon sus cabezas y ella sonrió entre tímida y melancólica. El le hizo un gesto subiendo las cejas y le tocó el pelo. Luego, se perdieron entre la multitud pensando que volvían de otro país... "Gaijín, caminhos da liberdade", es la imagen de este y muchos países antes y siempre. Los japoneses radicados en Brasil a comienzos de siglos son los personajes centrales de esta historia, aunque no son la única parte de un puzzle de arraigos y desarraigos, donde también asoman italianos y españoles.
Ellos, que no son japoneses, ni italianos, ni españoles, se sienten parte de la película. El, uno de los tantos castellanos, aunque esté cerca de su paisito (dejado por esas circunstancias del anochecer), añora el candombe y las olas. Ella, bahiana, negra, aunque viva en uno de los tantos brasiles de su país, cada noche piensa en aquel lugar de birimbao, ondas y vatapá, allá en el norte distante, abre la ventana, respira hondo, mira al horizonte y muestra la misma sonrisa que hace unos minutos le regaló a él en el cine. A veces se siente sin raíces entre descendientes de alemanes e italianos. En todo caso, los dos saben que son tan profundamente brasileros como los otros, y saben también que además del cine y sus pensares-sentires semejantes, hay algo en los ojos, en la voz, en la piel y en el cuerpo que los atrae. Les dice que ellos también pueden construir imágenes-imaginaciones que sean un rinconcito de la vida casi tan profundo como el corazón. Entonces vuelven a mirarse, se hacen los mismos gestos y se cuentan algunas cosas. Ella le habla del 2 de febrero en las playas de Salvador, de los vestidos blancos, de las velas y los barquitos en la arena, del agua que se vuelve más azul porque llega Yemanjá, la sensual diosa de los mares. Le explica además que la música de Gilberto y Caetano está metida en la piel de los habitantes de la costa, y la acordeona de Gonzagao conquista todo el sertao. Cuando habla parece volar a cada lugar, en cada palabra entrega un instante de misterio, un instante de suavidad que a él le fascina, le invade...
El le cuenta de las comparsas desfilando por las calles de Sur y Palermo, de la vibración de las vedetes y las mamas viejas, de toda la gente desbordando las calles en Las Llamadas. También le dice que fue seducido por la música de todos los brasiles, toma la guitarra, intenta unos acordes y susurra en portuñol: "Sao coisas desa vida tao cigana, caminhos como as linhas desa mao... Diga la meu coraçao na alegría de ver esa menina, y abrazarla y beijarla. Diga la meu coraçao, conte as estorias das pesoas nesa estrada, desa vida. Chora esa saudade estrangulada. Fale sem vocé no há mais nada. Olha bem nos olhos da morena y veja la no fundo a luz de aquela primavera. Durma cual criança no seu colo. Sinta o jeiro forte do seu solo, pase a mao no seu cabelos negros, diga un verso ben bonito y denovo vai embora. Diga la meu coraçao que ela está dentro de meu peito, bem guardada e é preciso mais que nunca proseguir". Luego deja a un lado la guitarra, deja las certezas y las dudas, los amores y dolores, las rebeldías y las soledades... y olvida el papel de solo del mundo. Sale del encierro personal, acaricia su rostro y comienza a preparar el segundo adecuado para bañarse en ese cuerpo moreno, brillante de sudores, con un cheirinho tao gostoso que se desparrama por la sala conquistando el aire de la noche.
Y así, los dos cuerpos comienzan a sentir la música en cada caricia, son ya un pentagrama cimbreante en la vieja alfombra. En ese momento, cuando él ya no tiene ni cree necesarias más palabras porque prefiere dejarse llevar por los acontecimientos, ella le confiesa al oído: "Sabe o que. Estou olhando pra vocé e pensando e suando e tremendo e sentindo toda sua pele pertinho y desejo abrirme mais, quero le entregar meu coraçao total... Acho que sua vida está entrando na minha como diz a cançao do Gonzaguinha, como si fose o sol desvirginando a madrugada. Entao, quero derramar todo meu amor, quero sentir vocé con toda a força do mundo, com toda a ternura, con toda a humedade, quero nacer no teu corpo, tronar, rasgar meu corpo, gostar, gritar...".
Entonces hubo una explosión de imágenes sobre el horizonte, alucinaciones varias de dos que enloquecieron en busca del amanecer.
Kintto Lucas
Escritor y periodista uruguayo radicado en Ecuador
Tintají Informa
 
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