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12 de octubre de 2005

Brecha de Uruguay - 7 de octubre de 2005

Leven anclas

El gobierno de Tabaré Vázquez
y las maniobras de Unitas

Por primera vez desde que asumió el gobierno de Tabaré Vázquez fueron necesarios votos no frenteamplistas para aprobar una ley en Diputados: la que autorizó la participación uruguaya en la Operación Unitas. El fondo del asunto, su trámite y su discusión tienen además muchas otras aristas. La más notoria es que fue un giro de 180 grados en la posición tradicional de la izquierda.

Guillermo Waksman
Los debates sobre la participación uruguaya en la edición número 47 de la Operación Unitas (OU) en el Senado (miércoles 5) y en la Cámara de Representantes (jueves 6) resultaron un trago muy amargo para la bancada oficialista y una verdadera fiesta para los legisladores de la oposición. La izquierda debía explicar los motivos por los cuales había cambiado no sólo su posición tradicional en el Parlamento, sino también la que estaba en los tramos medulares de sus documentos y discursos, en sus banderas y en sus muros, porque en definitiva estas maniobras tienen que ver con uno de sus postulados esenciales, el antimperialismo. Por eso en el Parlamento no sólo quedaron expuestas diferencias grandes en torno al asunto dentro de la bancada oficialista –que en el Senado se intentaron superar imponiendo al senador comunista Eduardo Lorier la prohibición de votar y hablar en contra–, sino que además los legisladores encuentristas tuvieron que soportar el escarnio de colorados y blancos, que desde hace varias legislaturas venían respaldando con sus votos la participación en la OU, con la dura oposición del actual oficialismo, y esta vez se vieron acompañados por quienes hasta ahora habían sido duros cuestionadores de su posición. “Bienvenidos al club”, fue el mensaje subyacente en muchos de sus discursos.
Pero seguramente las consecuencias para la izquierda de esta inédita votación no se agotaron en el Parlamento, donde las explicaciones, pese a ser muchas, no fueron siempre coincidentes y a menudo no fueron sostenidas con demasiada convicción. En las instancias previas al tratamiento parlamentario hubo definiciones diversas y votaciones divididas. La Mesa Política del FA no logró la mayoría de dos tercios requerida para pronunciarse en un sentido o en otro: hubo 13 votos por aprobar la participación en las maniobras y diez en contra, con dos abstenciones. Por lo tanto, los legisladores no tenían mandato de la fuerza política y algunos partidos decidieron adoptar posición orgánica: el comité central del PS se pronunció a favor, igual que la dirección del MPP (por 22 votos contra ocho), mientras que el comité ejecutivo del PCU resolvió por unanimidad votar en contra.
No se trata de la primera vez, en los siete meses del gobierno de Vázquez, que el EP-FA tiene que explicar una posición que poco tiene que ver con la que tradicionalmente había defendido. En el área económica, sobre todo, estas situaciones abundan, pero se habían ido planteando en forma aislada y no tuvieron mayor repercusión en las bases del FA. Es posible que algunos gritos desde una barra casi vacía durante la sesión del Senado, que incluyeron epítetos como “vendidos”, “traidores”, “hijos de puta” y “vendepatrias”, sean –como sostuvo el senador Eleuterio Fernández Huidobro (MPP)– consecuencia de una actividad organizada, pero sin duda la definición del EP-FA provocó indignación y severos cuestionamientos de muchos frenteamplistas.
El propio diputado Luis Rosadilla (MPP), quien tuvo a su cargo la intervención central en la Cámara baja, reconoció que la posición de la izquierda había generado severas críticas y hasta indignación en el FA. Puso como ejemplo que el zonal 17 del MPP, al cual pertenece, había considerado, por mayoría absoluta, que autorizar la participación de la Armada en la OU sería “una traición a los más caros principios del pueblo frenteamplista”. Admitió también Rosadilla que cuando habló por primera vez con los diputados y senadores sobre el tema Unitas, la respuesta que recibió de cada uno de ellos fue: “Yo esto no lo voto ni atado”. Dijo que por eso mismo los legisladores del EP-FA de las comisiones de Defensa de ambas cámaras le pidieron al presidente Vázquez que no enviara el mensaje al Poder Legislativo. En otros términos le solicitaron que fuera él quien le pusiera el cascabel al gato (la Armada), cerrando de ese modo el camino a la participación uruguaya en las maniobras.
Esa gestión demoró el trámite, al extremo que el presidente, que había firmado el mensaje el 29 de agosto, lo remitió al Parlamento recién un mes después.*
¿Por qué no aceptó Vázquez hacerse cargo del problema, absteniéndose de enviar el mensaje y evitarle malos momentos a los parlamentarios? La respuesta seguramente se encuentra en el argumento que al senador José Korzeniak (PS) le resultó decisivo para votar en favor de la participación en la OU. Durante el debate admitió que él había tenido muchas dudas, pero que finalmente se resolvió a votar porque si el presidente envió el mensaje fue porque estaba en juego su política de derechos humanos y, en particular, el éxito de las investigaciones en el marco del artículo 4 de la ley de caducidad.
Según Korzeniak, entonces, la Armada habría condicionado su colaboración en materia de derechos humanos a que se le permitiera concurrir a las maniobras y Vázquez habría aceptado la transacción. Siendo ésos los términos de las conversaciones, los legisladores no tenían otra alternativa que respaldar al mando superior. En otros términos, votar en contra de la participación en la OU equivalía a poner trabas en las investigaciones sobre el destino de los desaparecidos.

ARGUMENTOS DEL OFICIALISMO Y REGODEO OPOSITOR

El argumento principal planteado por Fernández Huidobro y manejado también por muchos otros senadores y diputados fue que el país debía discutir primero una política de defensa nacional y recién después, en el marco de sus definiciones, resolver sobre su participación en las futuras ediciones de la OU. Varios legisladores frenteamplistas señalaron aspectos parciales a incluir en la futura política sobre las Fuerzas Armadas. Se mencionó por ejemplo la participación en las misiones militares de las Naciones Unidas, la participación en otras maniobras militares conjuntas (sobre todo con países vecinos), la denuncia del TIAR, el pasaje de algunas reparticiones que hoy todavía dependen del Ministerio de Defensa a otros ámbitos del Estado, la reforma de la Caja Militar, y cambios en el sistema de ascensos.
Con alguna excepción, casi todos los senadores y diputados del EP-FA que intervinieron en el debate –muchos no lo hicieron– plantearon que siempre habían estado contra la participación en la OU, seguían estándolo y mantendrían la misma posición en el futuro. Señalaron que en esta ocasión votarían a favor circunstancialmente, porque no se debía innovar en un capítulo cuando faltaba una definición de fondo sobre el conjunto de la cuestión militar. Otro motivo fue que no se debía cancelar a último momento un ejercicio militar para el cual la Armada se viene preparando desde hace meses y que contará además con la participación de buques y aviones de otros países, como Argentina, Brasil, Estados Unidos y quizás Francia y España. Rosadilla agregó que de hecho la participación uruguaya en todas las ediciones de las maniobras se había convertido en una especie de política de Estado y que por eso mismo no se debía interrumpir de la noche a la mañana, con un simple golpe de timón.
Otro argumento invocado con frecuencia –ya lo había hecho en declaraciones públicas la ministra Azucena Berrutti– fue el de la necesidad de tener en cuenta lo que Max Weber llamó la ética de la responsabilidad, en contraposición a la ética de las convicciones.
La principal pregunta de blancos y colorados a la bancada oficialista fue qué había cambiado en el mundo, en Uruguay y en el EP-FA, para que esta fuerza modificara su posición respecto a la OU. El senador Carlos Moreira (cw, pn) recordó en ese sentido que el presidente de Estados Unidos seguía siendo George W Bush y que las tropas de ese país seguían instaladas en Irak.
Hubo distintos niveles de sutilezas en las intervenciones. El senador Jorge Larrañaga (an, pn) no se anduvo con remilgos: “Si hubiera una olimpíada de la voltereta política, la medalla de oro la tendría ganada el partido que hoy gobierna”. Su colega Julio María Sanguinetti (fb, pc) fue más cuidadoso y se limitó a rematar su discurso diciendo que votaba “con regocijo histórico”. Algunos legisladores señalaron que celebraban que la izquierda finalmente acompañara sus posiciones y otros dijeron que no se debía reprochar a ningún partido que cambiara de actitud, pero que sí era procedente reclamarle que explicara por qué lo hacía.
Con relación a la llamada ética de la responsabilidad, varios legisladores señalaron que no debe hacerse una interpretación tan amplia de ella que permita sostener desde el gobierno exactamente lo contrario de lo que se reclamó desde la oposición.

REBELDES CON CAUSA

Siete de los 69 legisladores del EP-FA no votaron la participación uruguaya en la OU, aunque su discrepancia se expresa de distinta forma y en circunstancias también diferentes.
El único que votó en contra –permaneciendo en la sala sin levantar la mano– fue el diputado Guillermo Chifflet (PS), quien de esa forma desoyó el mandato de su partido. Chifflet sostuvo que consideraba que no había argumentos que justificaran un cambio de la posición histórica de la fuerza, que no tenía sentido votar primero y discutir después la política militar, y que hacerlo dañaría al EP-FA y también la credibilidad del sistema político. Fuentes del PS dijeron a BRECHA que seguramente no se tomará ninguna medida disciplinaria contra el legislador, quien antes de la sesión habría llegado a plantear a autoridades de su partido que estaba dispuesto a renunciar a su banca antes de votar la participación en la OU. Chifflet dijo a BRECHA que siempre había sido contrario a “votar con los pies”, es decir a retirarse de sala para no pronunciarse ni a favor ni en contra de un asunto.
Una situación peculiar fue la del senador Lorier (PCU). A diferencia de Chifflet, él coincide con la decisión de su propio partido, pero la bancada de senadores del EP-FA, por dos tercios de votos, le prohibió cuestionar la ley o votarla en contra. Se le permitió, eso sí, una salida que no violentara su posición: retirarse de la sala antes de la votación. Así lo hizo, aunque intervino en el debate sin violar el mandato de la bancada. Antes de irse dejó una rosa roja en su banca, en homenaje a las víctimas de la dictadura, según declaró a BRECHA.
En la Cámara baja fueron siete diputados –seis de ellos del Interior– los que se retiraron de sala antes de la votación: Doreen Ibarra (1001), Darío Pérez y Fernando Longo, de Maldonado y Flores (ambos de la Liga Federal Frenteamplista), el artiguense Carlos Maceda (Espacio Vertiente), y Álvaro Vega, Esteban Pérez y Daniel Morales, diputados por Florida, Canelones y Rocha (los tres del MPP).
El diputado blanco Carlos González Álvarez (an), que en la primera votación había votado en contra, cambió de actitud al efectuarse una votación nominal. Al término de esta última, la ley quedó aprobada por 81 votos en 82.
* Eso explicaría también las diferencias en la exposición de motivos entre el proyecto original y el que finalmente llegó al Senado, que se encargó de señalar el diputado Javier García (an, pn). En el primer texto se reiteraban los fundamentos de años anteriores, señalándose los beneficios que tenía para el país la participación en este tipo de maniobras; mientras que en el segundo, bastante más escueto, no se mostraba ni un dejo de entusiasmo por lo que se estaba proponiendo en el artículo único del proyecto de ley, con el claro propósito de hacerlo más potable –y votable– para los legisladores de la izquierda.


Detalle

Otros tiempos

• En octubre de 1986 la Operación Unitas se realizó en aguas jurisdiccionales uruguayas.

Durante la discusión en Diputados argumentaron en contra de la participación uruguaya los blancos Luis Rocha Imaz, Héctor Lorenzo Ríos, Luis José Martínez, Héctor Martín Sturla y Javier Barrios Anza, aunque los cinco, a la hora de votar prefirieron salir del hemiciclo, al igual que el diputado Víctor Vaillant, que pertenecía al Partido Colorado. Al fundar el voto de la bancada del FA, el diputado José Díaz (PS) dijo que “a pesar de la excelente gestión que desde marzo de 1985 lleva adelante el canciller Enrique Iglesias con el beneplácito de todos nosotros, cuando se trata de seguir la política dictada por el Pentágono el fantasma del continuismo campea otra vez”. Por su parte, el diputado Yamandú Fau –entonces en el FA– sostuvo que Uruguay no podía aceptar que lo hicieran formar parte de una política belicista en la que nada tiene que ver. Afirmó también que “en materia de respeto de la soberanía de los demás pueblos, Estados Unidos tiene mucho que aprender”. (Véase BRECHA, 17-X-86.)
• En 1991 la edición XXXII de la OU recibió los votos en contra de la bancada del Frente Amplio, del Nuevo Espacio –que conducía Hugo Batalla– y del senador Manuel Singlet (MNR, PN). Durante el debate, Mariano Arana (VA) fundamentó su voto afirmando, en alusión a la situación de Panamá, que “no podemos acompañar el ingreso de fuerzas norteamericanas cuando están ocupando un país hermano”. Sostuvo además que las maniobras eran “una afrenta para las posturas antimperialistas”. Por su parte, el senador Carlos Cassina fundó su voto en contra en la tradición de la lista 99.
• En agosto de 1998 la OU también se realizó en parte en aguas jurisdiccionales uruguayas, a pesar de que –aparentemente por distracción– no se habían votado las correspondientes autorizaciones del Parlamento, ni para el ingreso de naves de guerra extranjeras a las aguas uruguayas ni para la participación de marinos uruguayos en las maniobras navales. Sólo el Senado había aprobado el proyecto de ley remitido por el entonces ministro Raúl Iturria: se olvidaron de someterlo a la consideración de Diputados. El senador Albérico Segovia, de Asamblea Uruguay, descubrió la omisión ocho meses después y pidió informes a la cancillería y al Ministerio de Defensa. (Véase BRECHA, 31-III-99).
• En setiembre de 2003, al fundamentar su voto discorde con el informe en mayoría de la Comisión de Defensa de la Cámara de Representantes, el entonces diputado José Bayardi (VA) sostuvo que, desde el punto de vista doctrinario, Uruguay no debía “participar en maniobras conjuntas diseñadas al servicio de intereses estratégicos que no son los nuestros y que surgieron en un contexto de de polarización entre el Este y el Oeste”. En el mismo sentido recordó que “estas maniobras se ambientaron dentro de la doctrina del panamericanismo, que hemos rechazado y seguimos rechazando, en el marco del tiar, tratado que a nuestro entender ha perdido vigencia”.
Bayardi se preguntaba más adelante qué sentido tenía “dominar una tecnología de la cual se carece y que responde a otras doctrinas” y si no sería preferible “avanzar en el perfeccionamiento y dominio de tecnología y técnicas adaptadas a nuestra propia doctrina y nuestras propias hipótesis”. Finalmente, el hoy subsecretario de Defensa sostenía, hace dos años, que “luego de la actitud de acciones unilaterales en el plano militar llevadas adelante por Estados Unidos en torno a Irak, por fuera de lo dispuesto por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y del derecho internacional, nos reafirmamos en la inconveniencia de participar en este tipo de maniobras conjuntas, en el entendido de que los intereses estratégicos de Estados Unidos pueden tener poco que ver con lo que nosotros como país debemos tender a potenciar”. (Cámara de Representantes, Diario de sesiones, sesión del 1-X-05.)

 
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