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13 de octubre de 2005
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Africa y la migración
Angel Guerra Cabrera
La migración de subsaharianos y magrebíes hacia España y otros países de
Europa se manifiesta de manera explosiva, sin que las medidas policiales y
represivas puedan detenerla. La tragedia que refleja es de mucho mayor
envergadura que la encarnizada represión de Madrid y Rabat contra los negros
africanos que recientemente se lanzaron a saltar desde el lado marroquí la doble
valla instalada por el gobierno español en la frontera de Ceuta y Melilla con el
reino alauita. Ambas ciudades, por cierto, simbólicas de la nostalgia colonial
que sienten muchos políticos españoles desde que su gigantesco imperio fuera
destrozado por las revoluciones de independencia de América Latina. La inusual
trascendencia pública adquirida en esta ocasión por el intento de cruzar las
vallas se debió a su repetición multitudinaria, a que la acción de las fuerzas
de seguridad cobró más de una docena de muertos y a que escenas de los
repudiables hechos aparecieron en las pantallas de televisión.
Hace años en algún punto de Africa centenares mueren de hambre, de sed,
asesinados por delincuentes o por los propios traficantes de indocumentados en
la larga travesía hacia Europa o ahogados al naufragar las precarias
pateras. Contra otros muchos se cometen abusos cotidianamente como los
que ahora se han dado a conocer.
La causa de este drama está enraizada en la historia de explotación del
capitalismo en Africa. Desde la trata de esclavos, que produjo con sangre y
lágrimas de millones de seres humanos las bases de la riqueza de que hoy
disfrutan las así llamadas democracias occidentales, pasando por el saqueo
sistemático de sus riquísimos recursos naturales, hasta las acciones para
doblegar a los nacientes estados africanos después del proceso de
descolonización. Hace 45 años Patricio Lumumba fue asesinado en el Congo con la
complicidad de tropas bajo bandera de la ONU, que supuestamente cumplían allí
una misión pacífica y humanitaria. El resultado fue la tiranía de Mobutu, quien,
a diferencia de Lumumba, sí era un gran demócrata, merecedor de la confianza de
las naciones civilizadas. Son incontables las intrigas divisionistas, asesinatos
de líderes populares y golpes de Estado fraguados por éstas en Africa. El
apartheid, conviene recordar, fue apoyado mucho tiempo por casi todas las
potencias europeas y Estados Unidos. Con el auspicio de Washington se llevaron a
cabo las invasiones de Angola por tropas racistas sudafricanas, que sólo
pudieron ser rechazadas por la acción internacionalista de Cuba al llamado de
Agostinho Neto.
Las políticas neoliberales fueron impuestas a rajatabla en el continente
negro. Sobre la pobreza y el desamparo ya existentes, ellas han conducido a la
creciente falta de oportunidades de educación, de empleo y de atención
sanitaria. Han ocasionado la despoblación de vastas zonas agrícolas por la
progresiva desertificación, los bajos precios impuestos a sus productos y las
guerras genocidas para apoderarse del coltán, el petróleo, los diamantes y otros
valiosos recursos. Añádanse la pandemia de sida y las cada vez más mortíferas y
frecuentes hambrunas. ¿Qué se puede esperar si no es que multitudes desesperadas
traten de escapar de ese infierno en que ha sido convertida la tierra de sus
ancestros? Los africanos carecen en su mayoría de los mínimos vitales, pero en
los miserables suburbios de las grandes urbes creados por la desertificación y
la disolución de las agriculturas históricas no faltan jóvenes educados con
expectativas ni tampoco la llegada ocasional de la electricidad y con ésta del
bombardeo consumista de la televisión. Si no pueden alcanzar ese espejismo
emigrando hacia la acomodada Europa, con suerte encontrarán algo que llevarse
diariamente a la boca como otros que ya lo lograron. Porque esta fuerza de
trabajo es indispensable para el capitalismo desarrollado. Por su condición
ilegal es fácil pagarle salarios de miseria que presionan a la baja la
remuneración del resto de los trabajadores.
Las potencias ricas a expensas de la pobreza de gran parte de la humanidad ni
siquiera cumplen con el compromiso adquirido de dedicar un 0.7 por ciento de su
PIB para la ayuda al desarrollo de aquélla. Como afirmó un importante diario
europeo: "La presión sobre Europa por los inmigrantes se incrementará de manera
tan dramática que estaremos totalmente doblegados." Siembra vientos y recogerás
tempestades.
Publicado en La Jornada el
13 de octubre de 2005
Angel
Guerra Cabrera
Columnista
de La Jornada de México
aguerra12@prodigy.net.mx
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