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23 de octubre de 2005
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El País
de España - 14 de octubre de 2005
Una voz crítica y provocadora
La furia rebelde de Harold Pinter
El dramaturgo británico gana el Premio Nobel de Literatura con una
obra que mezcla arte y política
La Academia Sueca sorprendió ayer al otorgar al dramaturgo londinense
Harold Pinter, de 75 años, el Premio Nobel de Literatura. Tras unos días
de confusión y polémicas, el Nobel ha acabado recayendo en un rebelde, en
un hombre que ha ido radicalizando su pensamiento político y
transformándose de autor en agitador. "Llevo unos cincuenta años
escribiendo obras de teatro y también estoy muy comprometido
políticamente. No estoy seguro de en qué grado este hecho tiene que ver
con el premio", dijo ayer en una de sus escasas declaraciones del día. El
jurado del Nobel señaló que Pinter "devolvió el teatro a sus elementos
básicos, un espacio cerrado donde los individuos están a merced de cada
uno".
Lourdes Gómez - Londres
Harold Pinter declaró ayer, tras ser distinguido con el Nobel de
Literatura, que estaba encantado y se preguntó si el galardón recompensa
también su compromiso político. Dijo que su primera celebración fue con su
esposa, con quien brindó con champán mientras llegaban ramos de flores a
su casa londinense de Holland Park. El dramaturgo contó que no piensa
escribir más teatro, pero sí poesía. El escritor se reafirmó en su
compromiso con el arte y la política: "Estoy profundamente comprometido
con ambos y en ocasiones arte y política se encuentran y en otras no".
Sobre sus planes de futuro, insistió en que piensa centrarse en la poesía
y en su compromiso político.
Pinter cumplió los tres cuartos de siglo el pasado lunes. Un cumpleaños
que fue más festejado en la vecina Irlanda que en su país nativo. El
teatro Gate, de Dublín, honró su 75º cumpleaños con un rico programa de
festejos a lo largo del fin de semana en los que participó la élite del
teatro y el cine internacionales. El lunes, una emisora de la BBC estrenó
su último trabajo, Voices, una pieza dramática musical en la que
Pinter colabora con el compositor James Clarke.
Nada mejor para rematar los tributos hacia uno de los más grandes de
los dramaturgos ingleses contemporáneos que la adjudicación del Nobel de
Literatura. "Es un gran galardón para un gran y original poeta del teatro.
Estoy encantado con la decisión", exclamó el director Peter Hall.
En Voices, Pinter descubre una nueva estructura formal, pero
sigue indagando en el foso humano de lo inhumano. En sus cinco décadas de
actividad creativa y denuncia social, Pinter conjuga el arte y la política
en una búsqueda por descifrar la verdad personal y pública.
Hace unos años, al lanzar su página de Internet, recuperó una
conclusión a la que había llegado en 1958: "No hay grandes diferencias
entre lo que es real y lo que no es real, tampoco entre lo que es cierto y
lo que es falso". Y añade en la portada de la web: "Creo que estas
afirmaciones aún tienen sentido y todavía se aplican a la exploración de
la realidad a través del arte. De esta forma, como escritor, las mantengo,
pero como ciudadano no puedo hacerlo. Como ciudadano debo preguntarme:
¿Qué es verdad? ¿Qué es falso?".
Su voz comprometida resuena siempre con fuerza. En 2003, ya aquejado
por un cáncer de esófago, retornó una vez más a la arena pública en
protesta contra la guerra de Irak. Al término de las masivas
manifestaciones que hubo en todo el mundo, y que en Londres concentraron a
más de un millón de personas, Harold Pinter subió al estrado levantado en
Hyde Park para pedir la dimisión del primer ministro británico Tony Blair.
Desde entonces acusa a Blair y a Bush de "criminales de guerra" y denuncia
sus acordes "posturas morales" de "insulto contra todos nosotros". "Lo que
encuentro absolutamente detestable", señaló en una reciente entrevista con
su biógrafo, Mark Batty, "es la posición moral de Blair y Bush". "Piensan
que tienen la autoridad moral y que lo que están haciendo es moralmente
correcto, cuando es pura basura". Su protesta contra la guerra tomó forma
creativa en unas colecciones de poemas, entre ellos War, publicado
este año.
Harold Pinter nació en el barrio de Hackney, en el popular Este de
Londres, el 10 de octubre de 1930. De padres judíos, conoció de cerca el
racismo que pregonaban los fascistas de su barrio. Objetor de conciencia a
los 19 años, comenzó entonces a escribir sus primeras poesías y actuar en
obras de teatro. La habitación y Tiempo de fiesta, que se
llevaron a escena a finales de los cincuenta, culminaron en El
cuidador, una sublime exploración del racismo y probablemente su gran
obra maestra. Se estrenó en 1964, fue llevada al cine, y aún sigue
representándose en salas de todo el mundo.
Pinter ha escrito 29 obras de teatro; 21 guiones, incluidos La mujer
del teniente francés y Betrayal, candidatos a los Oscar; la
novela Los enanos; decenas de relatos cortos y cientos de poemas.
Pero, ante todo, es el más relevante e importante dramaturgo inglés
vivo.
En el Teatro Nacional de Londres, donde ejerció de director asociado
entre 1973 y 1983, se recibió ayer con entusiasmo el anuncio del premio.
"Está entre los tres más importantes escritores de los últimos 30 años.
Algunas obras son difíciles de comprender, pero él sigue innovando",
señaló Al Haydes, un aficionado de 71 años. "¡Qué buena noticia!", exclamó
el más joven Stuart Silver, un actor de 30 años. "Es un genio. Una gran
figura. Es un autor comprometido políticamente, que está acercando al gran
público cuestiones de la coyuntura actual. Y, en estos tiempos, es
necesario que los artistas hagan más accesible la política mundial",
sostenía Silver, intérprete de sus textos.
"Es un autor muy respetado. Cada vez que viene al teatro se monta un
gran alboroto. La gente quiere ver sus obras y sobre todo a él en
persona", explica Sean Elliott, empleado de la librería del teatro. "Estoy
encantada. Se merece el Nobel por su gran contribución a nuestra
literatura y por dar a conocer sus opiniones políticas, liberales e
izquierdistas", comenta Meirion Davies en la cafetería del teatro, junto
al Támesis. "Sus ideas quizá no casan con algunos, pero conmigo
sí".
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