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23 de octubre de 2005
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La Jornada
de México - 14 de octubre de 2005
La administración estadounidense es una bestia sedienta de sangre
Harold Pinter*
A principios de año fui operado de cáncer. La cirugía y sus efectos me
provocaron una pesadilla. Sentí que no podía nadar bajo agua en un interminable,
oscuro y profundo océano. Pero no me ahogué y me alegro de estar vivo. Sin
embargo, supe que emerger de una pesadilla personal era entrar en una pesadilla
pública infinitamente más avasallante -la pesadilla de la histeria, la
ignorancia, la arrogancia, la estupidez y la beligerancia estadunidenses; la
nación más poderosa que el mundo ha conocido, lidiando la guerra contra el resto
del mundo. ''Si no están con nosotros, están contra nosotros'', ha dicho el
presidente George W. Bush.
También ha dicho: ''No permitiremos que las peores armas del mundo
permanezcan en manos de los peores líderes del mundo''. Dices bien. Mírate en el
espejo amiguito. Ese eres tú.
Estados Unidos está desarrollando en este momento avanzados sistemas de
''armamentos de destrucción en masa'' y se prepara para usarlos donde crea
necesario. Ellos tienen más armas que las que pueda amasar el resto del mundo.
Ellos han rechazado todos los acuerdos internacionales sobre armas químicas y
biológicas, denegando la inspección de sus propias fábricas de armamentos. La
hipocresía tras sus declaraciones públicas y sus acciones es casi un chiste.
Estados Unidos cree que las 3 mil muertes de Nueva York son las únicas
muertes que cuentan, las únicas muertes que importan. Son muertes
''americanas''. Las otras muertes son irreales, abstractas, de ninguna
consecuencia, según ellos. Las 3 mil muertes causadas por ellos en Afganistán
nunca se mencionan. Los cientos de miles de niños iraquíes muertos gracias a las
sanciones estadunidenses y británicas que los han privado de medicamentos
esenciales nunca se mencionan. Los efectos del uranio reducido, usado por
Estados Unidos en la guerra del Golfo nunca se mencionan. Los niveles de
radiación en Irak son alarmantes. Nacen bebés sin cerebro, sin ojos, sin
genitales. Donde van los oídos tienen la boca o el recto, lo que mana de esos
orificios es sangre. Las 200 mil muertes causadas en Timor Oriental en 1975 por
el gobierno indonesio que Estados Unidos inspiró y apoyó, nunca se mencionan.
Las 500 mil muertes en Guatemala, Chile, El Salvador, Nicaragua, Uruguay,
Argentina y Haití, en acciones apoyadas y subsidiadas por Estados Unidos, nunca
se mencionan. Los millones de muertos en Vietnam, Laos y Camboya nunca se
mencionan. El padecimiento desesperado de los palestinos, factor central en la
crisis mundial, apenas se menciona. ¡Pero qué malinterpretación del presente y
qué perversión de la historia es ésta! Los pueblos no olvidan. No olvidan la
muerte de los suyos, no olvidan la tortura y la mutilación, ellos no olvidan la
injusticia, no olvidan la opresión, no olvidan el terrorismo de las grandes
potencias. No sólo los pueblos no olvidan, sino que contratacan.
La atrocidad cometida en Nueva York era predecible e inevitable. Fue un acto
de retaliación contra las manifestaciones sistemáticas del terrorismo de Estado
ejercido por Estados Unidos a lo largo de muchos años, en todas partes del
mundo. En Gran Bretaña el público ha recibido la advertencia de estar vigilante
y preparado para potenciales actos terroristas. El lenguaje mismo que se usa es
descabellado. ¿Cómo se materializará esa vigilancia pública? ¿Usando una bufanda
sobre la boca para filtrar los gases venenosos? Sin embargo, cualquier ataque
terrorista sería inevitable consecuencia de la despreciable y vergonzosa
sumisión de nuestro primer ministro a Estados Unidos. Al parecer ya fue
interceptado un ataque de gas venenoso en el Metro de Londres. Pero ese tipo de
acción aún podría perpetrarse.
Miles de escolares usan el Metro a diario. Si ocurriera un ataque de gas que
los matara, toda la responsabilidad re-caería sobre nuestro primer ministro. Es
innecesario aclarar que el primer ministro no viaja en Metro.
La guerra contra Irak constituye, de hecho, un plan de asesinato premeditado
contra miles de civiles para supuestamente librarlos de su dictador. Estados
Unidos y Gran Bretaña prosiguen un curso de acción que sólo conducirá a una
escalada de violencia a través del mundo y a la catástrofe. Es obvio, sin
embargo, que Estados Unidos está inflado de ganas de atacar a Irak. Creo que
ellos lo harán, no sólo para tomar control del petróleo iraquí, sino porque la
actual administración estadunidense es en estos momentos una bestia sedienta de
sangre. Las bombas son su único vocabulario.
Muchos estadunidenses están horrorizados ante la postura de su gobierno, pero
parecen estar desvalidos.
A menos que Europa reúna la solidaridad, la inteligencia, el valor y la
voluntad para resistir el poder de Estados Unidos, Europa misma se hará
merecedora de la declaración de Alexander Herzen: ''Nosotros no somos los
médicos, nosotros somos la enfermedad''.
(*) El texto, parte del discurso pronunciado al recibir un título honoris
causa de la Universidad de Turín, Italia, se publicó originalmente en el
Daily Telegraph, Londres, 11 de diciembre de 2002
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