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21 de octubre de 2005
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Las cumbres iberoamericanas
Angel Guerra Cabrera
Las cumbres iberoamericanas han sido incapaces de hacer cumplir su retórica
respecto a las lacras sociales de América Latina, que desde la cita fundacional
en Guadalajara, México (1991), se han incrementado. Ello se debe, en primer
término, a que ya en esa época la unipolaridad estadunidense se manifestaba
abiertamente. Se acentuó la subordinación de las burguesías ibéricas y de
América Latina a la superpotencia, lo que mermó más aún sus posibilidades de
mantener posturas internacionales autónomas. Esto llevó a su vez, sobre todo en
la región latinoamericana, al avance arrollador de la ofensiva neoliberal con
sus nefastas consecuencias sociales. Y es que la orientación política de un
mecanismo internacional depende, ante todo, de la predominante en los gobiernos
miembros.
Sin embargo, todo hay que decirlo, las cumbres iberoamericanas tuvieron
también la virtud de excluir a Washington por primera vez de los encuentros de
jefes de Estado latinoamericanos y de incluir a Cuba para disgusto de aquél. No
es casual que en respuesta a la reunión de Guadalajara, la diplomacia yanqui
reactivara las cumbres de las Américas, con el propósito expreso de oponerse al
más leve intento de independencia de los países al sur del río Bravo. Con ese
cometido diseñó el Area de Libre Comercio para las Américas (ALCA) y sus
ramificaciones de implicación militar como el Plan Colombia, el Plan
Puebla-Panamá y el establecimiento de nuevas bases bélicas en Colombia, Aruba,
Ecuador, Perú y Paraguay. Estas herramientas también persiguen desalojar de
América Latina a los capitales no estadunidenses, como el español. Lejano del
espíritu de cooperación pregonado por las cumbres iberoamericanas, éste
enfrenta, sin embargo, esa amenaza del imperialismo estadunidense, contradicción
explotable por los gobiernos progresistas y populares, para fortalecer su
posición negociadora.
Una nueva realidad ha hecho que cambie la situación política en América
Latina. El neoliberalismo está en bancarrota no sólo por el desastre económico y
social a que ha llevado, sino porque los pueblos de la región se niegan a
aceptarlo por más tiempo. De la cumbre de Guadalajara a nuestros días surgieron
potentes movimientos populares contra los planes de ajuste y las
privatizaciones, por el derecho de los campesinos a la tierra, por los derechos
de los pueblos indígenas, por la defensa del agua, la biodiversidad y el derecho
al usufructo nacional de los recursos naturales. Eso que los tecnócratas llaman
despectivamente "populismo" lleva en sus entrañas más recónditas los nuevos
vientos de la revolución latinoamericana, pospuesta pero viva en el inconsciente
colectivo. Los movimientos han mostrado su capacidad para deponer presidentes y
para aupar al gobierno opciones de cambio, que si no siempre han satisfecho las
expectativas de los electores, sí han dado pasos independientes frente a Estados
Unidos, como en el caso de Brasil, Argentina y Uruguay. Por su parte, Hugo
Chávez en Venezuela ha desarrollado una política exterior tercermundista y de
integración latinoamericana y caribeña, cuyo resorte, la Alternativa Bolivariana
para la América (ALBA), ya ha conseguido logros concretos como los solidarios
convenios con Cuba, Petrocaribe y los acuerdos energéticos y en otros campos con
sus vecinos del sur. A ello hay que añadir la obtención en seis años de grandes
logros sociales que han robustecido su probado apoyo popular. Estos hechos,
unidos a una Cuba que enarbola altiva su bandera socialista pese al inclemente
hostigamiento imperial, han producido un cambio en la correlación de fuerzas en
América Latina que hace de ella la región del mundo donde hoy se libra la
batalla decisiva contra el imperialismo estadunidense y sus pretensiones de
imponer una dictadura fascista en el mundo. Las cumbres iberoamericanas no son
impermeables a estas realidades, como no lo son los gobiernos neoliberales en
América Latina, que ya no se atreven a admitir su adhesión a ese modelo y tratan
de enmascararla recurriendo a una fraseología hueca y engañosa.
No ha de subestimarse que en la reciente Cumbre Iberoamericana de Salamanca
fueran reafirmados los principios del derecho internacional y derrotado el
intento de otorgar facultades supranacionales a la creada secretaría general.
Junto a los pronunciamientos exigiendo a Estados Unidos el fin inmediato del
bloqueo a Cuba (no "embargo" como quería Washington) y la extradición a
Venezuela del terrorista Luis Posada Carriles constituyen victorias de los
pueblos latinoamericanos.
Publicado en La Jornada el
20 de octubre de 2005
Angel
Guerra Cabrera
Columnista
de La Jornada de México
aguerra12@prodigy.net.mx
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