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28 de octubre de 2005

El Periódico de Catalunya - 28 de octubre de 2005

Entrevista // Constantin Costa-Gavras, cineasta

"Soy un medio
para hablar de las víctimas del poder"

• El realizador griego estrena hoy en España 'Arcadia', su nueva ración de denuncia

Núria Navarro
Loutra-Iraias (Grecia), 1933
Director de 'Z', 'La confesión', 'Missing', 'La caja de música' y 'Amen'

Costa-Gavras es uno de los realizadores de cine político más notables de la segunda mitad del siglo XX. De su factoría son la denuncia de la dictadura griega en Z (1969); la de Pinochet, en Missing (1982); el conflicto palestino, en Hanna K (1983); el nazismo, en La caja de música (1989). Hoy se estrena en los cines Arcadia, una película de humor macabro sobre la precariedad laboral.

--Y Pinochet sigue coleando...
--Yo estoy contento porque ahora se sabe toda la verdad. Que esté o no en prisión no es tan grave. El juez Guzmán y yo estuvimos de acuerdo en que su gloria se ha ridiculizado. Y el ridículo es peor que la prisión.

--Se ha pasado la vida haciendo cine contra el poder.
--Eso me ha proporcionado mucho placer, créame. La dificultad ha sido crear películas distintas. El papel del arte es el de intentar que los odios de unos contra otros no se repitan.

--La rostro del poder ha cambiado.
--Sí. El poder trata de adaptarse a la resistencia de los pueblos. Cuanto más resisten, más se perfecciona. Si el pueblo acepta todo, el poder es terrible. Por eso estoy alarmado...

--Importa hacer cine político.
--Yo me veo como un medio para hablar de las víctimas del poder. Pero eso de cine político... Yo creo que todo acto es político. Esta misma entrevista lo es. Política no es sólo votar a la derecha o a la izquierda. Es nuestro comportamiento diario. No es posible ser un ser-no-político.

--Si fuera así, a todo el mundo le interesaría el cine de denuncia.
--¡Es que se huye de la realidad! En los años 60 y 70 había dos bloques. Estabas a favor o en contra. Hoy no hay bloques y es muchísimo peor.

--¿En qué sentido?
--No sabemos quién es el enemigo ni en quién hay que confiar. Nos hacen promesas que no se cumplen. Se emprenden acciones que no debían emprenderse. Así que, cuando la gente oye hablar de política, se retrae. Hay una tendencia a rechazar lo político como si fuera el enemigo, algo sucio. Hay que reencontrar la dimensión política. Y luego...

--Diga, diga.
--Hay una nueva filosofía que dice que el cine es entretenimiento. Yo creo que el arte es otra cosa. Uno se divierte con Cervantes o con Sófocles. Pero es un entretenimiento distinto al de Schwarzenegger, ¿no?

--¿Su padre construyó su mirada?
--La construyó el haber crecido en Grecia, en una familia pobre, y el haber vivido una ocupación y una guerra civil que fue terrible. Pero también pesó el descubrimiento de la libertad en París. Conocer a Yves Montand, a Simone Signoret... Hicimos una película con Montand contra el sistema prosoviético, La confesión, que nos hizo perder amigos...

--¡Qué época más intensa!
--Sí. Todo eso me llevó a hacer lo que hago. No podría hacer una película como Malle, Truffaut o Chabrol, porque sus experiencias son distintas. Pero hago lo que hago porque lo he podido hacer en Francia.

--Es un griego muy francés, vaya.
--Soy el resultado de la lucha permanente entre impulso y reflexión.

--En Arcadia los pone al servicio de la precariedad laboral.
--El poder ya no toma la forma de un dictador que da miedo, sino la de los grandes patronos que sobrepasan fronteras. Es la dictadura económica, más sutil pero muy destructiva. La deslocalización de una compañía cambia la vida de miles de familias y de un país. ¡Eso no puede parecernos normal! Me recuerda a lo que hacía la Iglesia hace tiempo... Se eligen entre ellos e imponen su voluntad.

--Difícil democracia.
--Está muy debilitada. El poder político ha dejado las riendas a bancos y multinacionales. Cuando Packard despidió a 1.500 personas, el Gobierno puso el grito en el cielo, pero se llevó a cabo igualmente.

--¿Europa sabrá reaccionar?
--¡En Europa hay demasiada gente! Se pierde demasiado tiempo intentando poner de acuerdo a 25. Al principio, debería haber un grupo de Estado de cinco o seis que diera los tiempos para el futuro. Y esos tiempos deben pasar por la educación, la cultura y el respeto al otro.

--¿Qué males le quedan por denunciar, señor Constantin?
--¡Hay cosas tan graves en nuestra vida cotidiana! Se han destinado millones de dólares a salvar a los iraquís y no hacemos nada por los pobres. En un diario francés leí que hay 30.000 niños que mueren al día de hambre. Y en la misma página, salía un rico americano que había pagado 20 millones para pasar unos días en el espacio. ¡Qué mundo loco! Pero ¿sabe qué me indigna más?

--No, señor.
--Que el diario no tomó una postura crítica frente a eso. ¿Es que nadie se pregunta si está bien o mal?

 
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