os
argentinos dieron ayer su apoyo al presidente Néstor Kirchner,
concediéndole un importante éxito en las elecciones legislativas nacionales,
pero ese respaldo resultó refrenado por los triunfos obtenidos por la oposición
de centroizquierda, encabezada por el socialista Hermes Binner, y de
centroderecha, liderada por el empresario Mauricio Macri.
Con los resultados de este domingo el gobierno alcanza tres objetivos
primordiales: relegitimar el mandato presidencial con una votación contundente;
avanzar en el control sobre el Congreso -que en su actual composición amenazó
con autonomizarse del poder central-, y resolver en su favor la contienda
interna del peronismo, que en los comicios de la estratégica provincia de Buenos
Aires concurrió escindido en dos vertientes, una encabezada por la esposa del
presidente, Cristina Fernández, y otra por la señora del ex presidente Eduardo
Duhalde, Hilda González.
Fue precisamente Duhalde el artífice de la candidatura presidencial de quien
en 2003, siendo un gobernador apenas conocido de una provincia patagónica, llegó
a hacerse del gobierno con apenas 22 por ciento de los votos gracias a que otro
ex presidente, Carlos Menem, se negó a dirimir en segunda vuelta la primera
magistratura. Ese hecho impidió a Kirchner obtener entonces la plena
legitimación que sólo otorga un masivo sufragio popular.
Esa fragilidad de origen condujo al mandatario a encarar las elecciones
legislativas de hoy como virtual epopeya cívica, elevándolas a la categoría de
"plebiscito sobre mi gestión" y brindándose a ellas con verdadero frenesí. Así,
la renovación de media Cámara de Diputados y un tercio del Senado, una mera
contienda de mitad de mandato para renovar el Poder Legislativo, se convirtió en
un combate generalizado, lleno de enunciados desafiantes e impactantes denuncias
mediáticas.
Tanto despliegue no logró conmover demasiado a una ciudadanía básicamente
distante de los políticos pero los resultados muestran que prevalece la simpatía
por un presidente que se hizo cargo personalmente de la campaña, recorriendo el
país en auxilio de sus candidatos, anunciando obras públicas y reclamando el
favor popular para un "proyecto alternativo de nación".
Los más de 20 millones de argentinos que concurrieron a los comicios
premiaron a Kirchner apoyando contundentemente la candidatura a senadora de su
esposa, quien se alzó con un triunfo claro sobre la otra candidata peronista y
lo mismo sucedió con otros candidatos oficialistas en varias provincias. No
obstante, la izquierda moderada del socialista Hermes Binner se asignó un éxito
importante en el tercer distrito, Santa Fe, y la centroderecha del empresario
Mauricio Macri se convirtió en la primera minoría en la capital del país,
desplazando a Elisa Carrió, archienemiga del kirchnerismo que se previó que
llegaría a ser la sorpresa en esa ciudad.
La incógnita que se develará a partir de mañana es si el resultado de esta
jornada electoral conducirá a una recomposición de las fuerzas políticas, tanto
oficialistas como opositoras y, en particular, si el horizonte de un peronismo
fracturado en duhaldistas y kirchneristas continuará profundizándose hasta
convertirse en la principal contradicción política de este país.
La oposición, incrédula, presagia una próxima reunificación de las dos alas
peronistas que se enfrentaron en la provincia de Buenos Aires y en otros
distritos, invocando la naturaleza hegemónica del justicialismo. Desde el
gobierno, en cambio, se habla mayoritariamente de propiciar la articulación de
una nueva fuerza política de sesgo progresista, que no sólo incluiría a sectores
del peronismo sino también a grupos provenientes de otras tradiciones políticas.
Determinar el itinerario venidero entonces no es tema menor si se percibe la
elección de hoy relacionada con las presidenciales de 2007, cuando Kirchner
tiene la posibilidad constitucional de ser relecto. Ventaja para el gobierno,
los dos líderes emergentes a su izquierda y derecha, Binner y Macri, aspiran a
gobernar sus respectivos distritos sin demostrar, por lo menos hasta ahora,
aspiraciones presidenciales.
Resta saber, asimismo, si este éxito claro pero no ilimitado del primer
mandatario repercute de algún modo atenuando su estilo de confrontación
permanente, modalidad crispada que suele disgustar a los sectores medios,
tradicionalmente no peronistas y siempre decisivos a la hora de votar.
Confirmado el liderazgo presidencial y fortalecida su presencia
parlamentaria, nada hace presagiar un cambio decisivo ni en el discurso, que
seguirá siendo incisivo y audaz, ni en las políticas gubernamentales, que
continuarán moderadas y realistas, favorecidas por los vientos de una economía
mundial que aún privilegia el precio de granos y petróleo, cuyas retenciones a
la exportación constituyen parte esencial del significativo aumento del ingreso
nacional y son el principal recurso para el pago de la cuantiosa deuda externa,
que el gobierno desembolsa con devoción.
Lo que sí puede pronosticarse es un recrudecimiento de la pugna social ya
que, tras estas elecciones, resta resolver la principal asignatura pendiente:
cómo redistribuir la riqueza en un país cuyo crecimiento económico es notable y
que acumula un superávit fiscal sin parangón, pero donde la pobreza y aun la
indigencia todavía golpean, implacables, a la mitad de la población.
* Periodista, ex diputado nacional y secretario general del Partido
Socialista argentino.