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9 de diciembre de
2005
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El
País de España - 8 de diciembre de 2005
Harold Pinter arremete contra Bush y Blair
El dramaturgo sugiere en su discurso ante la Academia Sueca,
grabado en vídeo, que ambos son criminales de guerra
Ricardo Moreno - Estocolmo
En su discurso de aceptación del Premio Nobel de Literatura, Harold
Pinter arremetió ayer contra la política exterior de Estados Unidos y las
mentiras de Irak. "¿Cuántos seres humanos deben morir para que
califiquemos a sus responsables como criminales de guerra?", se preguntó
el Nobel, en un discurso dedicado a la búsqueda de la verdad como una
tarea imprescindible. Este concepto fue el eje del discurso del dramaturgo
británico. Su texto, titulado Arte, verdad y política, describió a
fondo las relaciones entre la creación y el mundo que habitamos. Las
palabras del dramaturgo británico fueron proyectadas en vídeo ante la
Academia Sueca, ya que su quebrantada salud le impidió estar personalmente
en la tradicional ceremonia.
Para desarrollar la base de su discurso se basó en acontecimientos
actuales, pero explicándolos a través de hechos del pasado. "En el teatro,
la búsqueda de la verdad es la fuerza motriz, pero se trata de un objetivo
huidizo, que puede surgir súbitamente, como por casualidad, por intuición,
y muchas veces cuando se cree haberlo encontrado se escapa de nuestra
comprensión y desaparece". Se refirió, naturalmente, a su propia creación,
aludiendo a algunas de sus obras y advirtiendo que cuando la gente le
pregunta cómo fue el proceso de creación de tal o cual obra, responde que
no sabe explicarlo. Sólo puede decir que ocurre. "Sin embargo, la verdad
verdadera es que no existe tal cosa como una verdad única en el teatro.
Hay muchas. Esas verdades se desafían la una a la otra, ceden una ante la
otra, se reflejan, se ignoran, se retan, y son ciegas. A veces se tiene la
impresión de haberla captado, pero se nos escurre de las manos y
desaparece", dijo Harold Pinter (Londres, 1930). "El lenguaje del arte,
por tanto, es algo muy ambiguo, una arena movediza, un trampolín, un
charco cubierto de hielo, que en cualquier momento puede ceder bajo los
pies del autor. A pesar de todo, nunca hay que dejar de buscar la verdad.
Esa búsqueda es impostergable, no se puede dejar para mañana. Hay que
acometerla de inmediato, sin demora, como un imperativo ético
esencial".
En el teatro político, explicó el dramaturgo británico, nos enfrentamos
a una problemática muy distinta. "Hay que evitar a cualquier precio el
panfleto como sustituto de la verdad. La objetividad es vital. Hay que
dejar a los personajes que respiren su propio aire. El autor no puede
domesticarlos para satisfacer su propio gusto, su opinión o sus
prejuicios. Tiene que estar dispuesto a acercarse a ellos desde muchos
ángulos, desde un sinfín de perspectivas, sin reservas, y posiblemente
sorprenderles alguna vez, pero siempre darles la libertad de seguir su
propio camino. No siempre funciona así. Y la sátira política, desde luego,
no dispone de ese tipo de reglas, sino que hace todo lo contrario, lo cual
es su objetivo", dijo.
Más adelante se refirió a la distinción entre lo falso y lo verdadero
en el lenguaje político. Dijo estar convencido y poder respaldarlo con
pruebas, que no está interesado en la búsqueda de la verdad, sino en la
conservación del poder. "Y para lograr ese objetivo, lo primordial es
mantener al pueblo en la ignorancia, escamoteándole la verdad, por omisión
lisa y llana o por la desinformación". Ilustró esta afirmación con el
hecho más importante, en la medida en que afecta a la estabilidad del
mundo en el momento actual: la invasión a Irak. Recordó las motivaciones
que se esgrimieron para justificarla, como la posesión por parte de Sadam
Husein de un arsenal de armas de destrucción masiva. "Nos hicieron saber",
manifestó el escritor, "que Al Qaeda era responsable, en conexión con el
dictador iraquí, del atentado terrorista a Nueva York, el 11 de septiembre
de 2001". Nada de eso era verdad, agregó. La verdad, dijo Pinter, está
directamente ligada al papel mundial que Estados Unidos se ha
autoadjudicado.
Para fundamentar sus afirmaciones sobre estos hechos, Pinter se refirió
al pasado cercano, de la política exterior de Estados Unidos a partir del
final de la Segunda Guerra Mundial. En las llamadas guerras de "baja
intensidad", como las que tuvieron lugar en Nicaragua y otros países
centroamericanos en la década de los ochenta y noventa, murieron miles de
inocentes. En el caso del apoyo financiero y logístico a las fuerzas
militares montadas para combatir al régimen sandinista, Pinter recordó que
Estados Unidos había sido el sostén de la dictadura de Somoza durante 40
años. La creación de escuadrones de la muerte, la utilización de
mercenarios para perpetrar actos terroristas, fue una característica de la
política norteamericana para la región. "El apoyo a brutales dictaduras,
no solamente en la región latinoamericana, sino en otras regiones de Asia
y algunos países de Europa como la dictadura militar en Grecia, causó un
sufrimiento a amplios sectores de esos pueblos, similares a los que se
habían condenado cuando eran otros gobiernos quienes los cometían".
Retornando a la actualidad, no ahorró calificativos de condena para la
Administración de Bush y el primer ministro británico, Tony Blair, y se
preguntó: "¿Cuántos seres humanos deben morir para que califiquemos a sus
responsables como criminales de guerra?".
La muerte fue un tema recurrente en la alocución del escritor y un
hecho que tuvo la extraña particularidad de convertirse en una suerte de
epopeya universal, la Guerra Civil española, culminó su alocución.
Intelectuales, hombres comunes de todo el mundo, sintieron el imperativo
de arriesgar su vida para combatir, con las armas o la palabra, por la
causa de la República, en las Brigadas Internacionales. Pinter recordó al
poeta chileno Pablo Neruda y leyó un poema alusivo, del libro España en
el corazón, en el que testimonia para una historia que se repetirá en
otros lugares: "Generales traidores, / mirad mi casa muerta, / mirad
España rota".
El dramaturgo no pudo acudir a Estocolmo por prescripción médica,
informa Lourdes Gómez. Su salud había empeorado y días atrás
ingresó en un hospital de Londres. El dramaturgo David Hare le visitó el
jueves y, según comentó ayer, el Nobel se encontraba mejor. "Estaba en
buena forma", dijo. Amigo personal de Pinter, Hare presentó la emisión en
directo del discurso de aceptación por un canal de la televisión
británica. "Se siente muy agradecido de la oportunidad que la Academia
Sueca le ha ofrecido de decir lo que quiera", dijo. En 2002 operaron a
Pinter de un cáncer de esófago. La intervención fue un éxito, y el
dramaturgo y poeta siguió activo en los foros político y artístico. Dos
esferas de actuación que, como explicó Hare en su presentación televisada,
"están inescrutablemente mezclados" en la visión del homenajeado. El 13
octubre volvió a saltar la alarma en torno a la salud de Pinter, que
acababa de festejar su 75º cumpleaños en Dublín. A la puerta de su casa,
el recién nombrado Nobel en literatura daba una imagen patética: débil,
delgado, magullado. Él mismo explicó las causas de su estado físico al día
siguiente: "He sufrido problemas de salud y ahora camino con bastón. Me
resbalé al salir del coche y me golpeé la cabeza en el pavimento. Estuve
cuatro horas en el hospital y me dieron nueve puntos. Un momento antes
disfrutaba en grande de la vida. Al siguiente pensé que iba a
morirme".
De consecuencias más graves parece una extraña enfermedad que le afecta
a la boca y dificulta su hablar. Pinter habló en el mencionado artículo de
una "misteriosa afección de piel que es extremadamente rara y que me ha
escogido a mí de entre millones de personas para reposar en mi boca".
Muerte
¿Dónde se descubrió el cuerpo muerto?
¿Quién descubrió el cuerpo muerto?
¿Estaba muerto el cuerpo muerto cuando se descubrió?
¿Cómo se descubrió el cuerpo muerto?
¿Quién era el muerto?
¿Quién era el padre o la hija
o el hermano,
o el tío o la hermana o la madre o el hijo
del cuerpo muerto y abandonado?
¿Estaba el cuerpo muerto cuando fue abandonado?
¿Se abandonó el cuerpo?
¿Por quién fue abandonado?
¿Estaba el cuerpo muerto desnudo o vestido durante
el trayecto?
¿Qué le hizo declarar muerto
el cuerpo muerto?
¿Declaró usted muerto el cuerpo muerto?
¿Conocía bien al muerto?
¿Cómo supo que el cuerpo muerto estaba muerto?
¿Lavó usted el cuerpo muerto?
¿Le cerró ambos ojos?
¿Enterró el cuerpo?
¿Lo abandonó?
¿Besó el cuerpo muerto?
Este poema, con el que Harold Pinter finalizó su
discurso, se publicó por primera vez en el semanario The Times Literary
Supplement el 10 de octubre de 1997, y se recoge en la última edición
revisada de la antología de Harold Pinter Various Voices: prose, poetry
politics, 1948-2005.
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