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8 de diciembre de
2005
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La ONDA digital de Uruguay - 6 al 12 de diciembre de 2005
Haití
“Es el respaldo a un régimen
fruto de un golpe de Estado realizado
con intervención extranjera”
El 15 de diciembre de 2004 la mayoría del Frente Amplio votó a
favor del envío de tropas a Haití, pero el diputado socialista Guillermo
Chifflet lo hizo en contra, junto al diputado del 26 de Marzo, Fernando
Vázquez.
Transcribimos las palabras de Chifflet en aquel momento, debido a
que tienen absoluta vigencia porque el diputado del PS dijo, el pasado
jueves 1º de diciembre, que mantenía en todos sus términos sus dichos
anteriores.
Chifflet renunció a su banca en el primer día de diciembre de 2005,
debido a que prefirió mantener su postura y no aceptar el mandato
imperativo de la bancada socialista y de toda la bancada del
FA.
Lo que sigue es la transcripción completa de las palabras de
Chifflet, hace casi un año.
Diputado Guillermo Chifflet
“Señor
Presidente: hace unos meses, en junio del año que termina, cuando se
debatió en Cámara el mismo tema sobre el cual debemos pronunciarnos hoy
-el envío de un contingente militar a la República de Haití- lo primero
que personalmente nos planteamos fue qué había pasado en Haití y qué
intereses están en juego allí.
Al
finalizar una de nuestras intervenciones en aquella oportunidad, aportamos
testimonios que a nuestro modo de ver despejaban toda duda. Dijimos, por
ejemplo, que el 24 de marzo un General estadounidense, el General James
Hill, afirmó ante la Cámara de Representantes de su país "que las
operaciones en Haití" -cito textualmente- "tenían el efecto de proteger
los intereses de los Estados Unidos en el Caribe".
Entiendo
que debo subrayar sintéticamente algunos aspectos del problema. En primer
lugar, ¿qué ocurrió en Haití? Los hechos son claros y hasta definen por sí
mismos una respuesta racional: en Haití hubo un golpe de Estado que
desplazó al Gobierno del Presidente electo, Jean-Bertrand
Aristide.
En
segundo término, el golpe contó con respaldo de intervención
extranjera.
En tercer
lugar, una resolución del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas referida
al tema, no habló de golpe de Estado, sino de que Aristide dimitió,
renunció. Pero está probado -a esta altura nadie puede sostener lo
contrario- que fue expulsado del Gobierno por un golpe de Estado -reitero:
un golpe de Estado- movido por el interés extranjero.
Los
quince miembros del CARICOM -Comunidad del Caribe-, ante la evidencia de
ello, reclamaron una investigación de Naciones Unidas; el Canciller de
Trinidad y Tobago denunció, en una conferencia de prensa, que todos los
intentos de la Comunidad del Caribe para que la Organización de las
Naciones Unidas investigara la salida de Aristide se vieron frustrados por
la resistencia del Consejo de Seguridad y del Secretario General, Kofi
Annan. Según agregó el Canciller, el fracaso era inevitable, pues tanto
Estados Unidos como Francia, que jugaron un papel clave en la salida de
Aristide, son miembros permanentes del Consejo de Seguridad y cuentan, por
tanto, con poder para vetar sus resoluciones.
Varios
legisladores recordamos en las sesiones de junio que la Resolución
Nº 1529 de la ONU, que hace referencia a lo que denomina "dimisión de
Aristide", encierra, por ello, una falsedad, que constituye un precedente
grave para esta organización. Se trata de una resolución que intenta
enmascarar la política intervencionista de Estados Unidos, política que,
como es notorio, no coincide con el interés de nuestros pueblos de
América.
A mi modo
de ver, hay más testimonios que prueban lo que afirmamos. El propio
Presidente Aristide ha expresado, sin ambages, que fue secuestrado por
infantes de marina estadounidenses y que no renunció por su propia
voluntad -como aseguran funcionarios de Washington-, sino que fue obligado
a firmar un documento.
Hay
todavía más testimonios a considerar. Cincuenta y cuatro países de África
-cincuenta y cuatro- destacan el mandato constitucional de Aristide. Es
decir, un tercio de los países que integran la Organización de las
Naciones Unidas sostienen que fue destituido por intervención extranjera.
Se produce un golpe de Estado, con marines y todo, que destituyó a un
Presidente electo democráticamente e impuso a un gobierno
ilegítimo.
El
interés de los gobernantes estadounidenses en Haití no es un hecho nuevo.
En 1920, un Presidente de Estados Unidos se jactó de haber redactado
personalmente una Constitución para ese país hermano. Y aunque luego ese
Presidente tuvo bastante prestigio internacional por su acción
antifascista y antinazi, el 19 de agosto de 1920 Franklin Delano Roosevelt
dijo lo siguiente: "Yo mismo redacté la Constitución de Haití y si lo digo
es porque pienso que es una Constitución bastante buena". Pero todos
sabemos, además, que el interés de los capitalistas estadounidenses en
Haití no comenzó con Roosevelt. Los marines, que siempre desembarcan
escudados en pretextos que consideran prestigiosos -se invoca la libertad,
es decir, concurren como libertadores, como sembradores de ideales
democráticos o para proteger vidas y sobre todo, lo que también confiesan,
para proteger propiedades-, desembarcaron en Haití en 1857, 1859, 1868,
1876, 1888, 1892, 1902, 1903, 1904, 1905, 1906, 1907, 1908, 1909 -breve
paréntesis-, 1911, 1912, 1913, 1915, 1994. Con la más reciente, esta con
la que estamos colaborando, suman veinte las invasiones para "apoyar"
-dicho sea entre comillas- a Haití. Con razón, a mi modo de ver, en un
libro que tituló "El regreso de los piratas", publicado en 1994, el
periodista uruguayo Ettore Pierri escribió que los haitianos tendrían
razón si acusaran a los gobernantes norteamericanos de acoso democrático
en reiteración real.
No solo
la historia desde largo tiempo atrás, sino los hechos recientes, los de la
última intervención, indican, a nuestro juicio, que el envío de tropas no
contribuirá a alejar las garras del imperio de turno de la tierra de los
haitianos, o que debería ser de ellos.
A mi modo
de ver, esta no es una misión de paz, sino el respaldo a un régimen fruto
de un golpe de Estado realizado con intervención
extranjera.
Dejo de
lado el hecho de que el mensaje del Poder Ejecutivo, como se denunció en
el Senado, no aporta explicación alguna sobre la necesidad del aumento de
tropas. El señor Senador Garat, que entiende de temas militares, afirmó
categóricamente que esta es una misión de guerra, que se trata de una
misión de represión que irá a combatir y reprimir a ciudadanos de un país
que no quieren acatar el mandato de un régimen surgido del golpe que
derrocó a un gobierno legítimamente constituido”.
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