Latinoamérica - rodelu.net
10 de diciembre de 2005

Brecha de Uruguay - 9 de diciembre de 2005

Elecciones en Chile

La equidad como plataforma electoral

Este domingo los chilenos tendrán elecciones presidenciales y parlamentarias. Aunque hay un 16 por ciento de indecisos, la verdadera incógnita es cuál de los dos candidatos de la derecha disputará la presidencia en una futura segunda vuelta con la oficialista Michelle Bachelet, quien luego de superar las dos pruebas de las urnas será probablemente la nueva presidenta de Chile.

Roberto López Belloso
Desde Santiago de Chile
Un gran pasacalle de color naranja es sostenido por dos jóvenes en el cruce de Paseo Ahumada y la alameda central de Santiago. Su contenido se limita a una sola palabra: Equidad. Este mensaje que estaban levantando seguidores de la candidata oficialista refleja uno de los temas centrales de la campaña. Chile ocupa el segundo puesto en desigualdad, detrás de Brasil, en el continente que distribuye peor su riqueza. No es de extrañar entonces que en un país donde el 10 por ciento de la población se queda con el 47 por ciento del resultado del milagro económico, la equidad sea el principal tema de la agenda política. La candidata de la Concertación, Michelle Bachelet, se posicionó a mitad de camino entre la defensa de los logros de la coalición gobernante a la que representa y la promesa de un enfoque propio que modifique el énfasis y el tono del próximo gobierno.
Los datos de la realidad parecen darle la razón a esta estrategia. Mientras en los últimos quince años sucesivos gobiernos de centroizquierda lograron reducir la pobreza a la mitad, la sociedad todavía sigue percibiendo que hay importantes sectores de la población a los que todavía no les han llegado los beneficios del envidiable desempeño macroeconómico. A la vez, un estudio del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) concluyó que “para aprovechar las nuevas oportunidades de Chile se requiere más poder para todos”. Lo que la sociedad civil anglosajona llama –en su traducción cacofónica al español– empoderamiento. En esta renovada versión del poder popular la centroizquierda chilena se ofrece a sí misma como la única opción capaz de “empoderar” a los ciudadanos en el marco de una política global de desarrollo que vuelva consistente ese énfasis social con el modelo vigente. No sólo eso. Se muestra como la única capaz de sintonizarlos como dos factores de una nueva ecuación. Más poder para el ciudadano no sólo es más justo, sino que también resulta más redituable para el desarrollo económico del país, parece razonarse desde la Concertación. Esto, traducido al lenguaje de la campaña electoral se resume en el eslogan “Estoy contigo”.

TRATO CIUDADANO

Convertida en muletilla por los estrategas de Bachelet, esta frase acompaña una serie de anuncios que buscan darle rostro a ese “más poder para todos”. Una mujer embarazada que mira a los ojos al votante indeciso y le dice “tengo confianza”, o una adolescente en uniforme liceal que empuñando un instrumento musical asegura “tengo una meta”. Más cerca del votante tradicional de la Concertación, una jefa de hogar abraza a sus dos hijos diciendo “tengo una prioridad”, en tanto que un obrero afirma “tengo herramientas”. Ese “más poder para todos” en un contexto de equidad, afirma la Concertación, es lo que garantizará el ambiente socioeconómico para que las herramientas, las prioridades, la confianza y las metas de los chilenos encuentren la forma de cristalizar.
Consistente con este enfoque, el programa de Bachelet propone un “nuevo trato ciudadano”. El punto de partida es un análisis sumamente crítico de la realidad actual del país, donde no sólo “todavía hay chilenos cuyos derechos no son plenamente respetados”, sino donde también “hay chilenos que ejercen influencia política desmedida mediante el dinero”. A tono con cierta percepción de la sociedad sobre el establecimiento de un grupo privilegiado de personas asociadas a los sucesivos gobiernos de la Concertación, Bachelet reconoce que “hay chilenos que tienen acceso a la información del Estado y otros no. Hay chilenos que tienen acceso a puestos y contratos privilegiados, tanto en el sector privado como en el público”. Se sitúa entonces por fuera de ese problema y reclama “regular la relación entre dinero, influencia y política”, ya que la ciudadanía (y junto a la ciudadanía Bachelet, ya despegada del gobierno y vestida con los ropajes de la campaña) “demanda hoy un gobierno que sea riguroso, pero también transparente e inclusivo”.

A LA IZQUIERDA

Juntos Podemos Más lleva como candidato a Tomás Hirsch, del Partido Humanista, y agrupa a los sectores de izquierda que están fuera de la Concertación, como el Partido Comunista de Chile. Desde esta coalición se asegura que fue su candidato –y no la oficialista Bachelet– quien marcó la agenda del debate. “Tomás Hirsch puso el dedo en la llaga al plantear con agudeza el diagnóstico de la realidad que vive el país” señalando que los grandes temas son la desigualdad y la falta de equidad, afirmó el dirigente humanista Efrén Osorio. En el fragor de la campaña Hirsch viene atacando duramente el modelo económico chileno: “Cómo puede este país decirse moderno o desarrollado, si la salud y la educación, dos derechos fundamentales, son un negocio. Cómo va a ser moderno un país donde después de trabajar durante 30 o 40 años las pensiones (que se reciben) son miserables”, se preguntó de manera retórica el aspirante a la presidencia.
Parece claro que Juntos Podemos Más resulta más incómodo para el gobierno que las formaciones de derecha. Probablemente parte de la incomodidad surja del “efecto parlamentario” que ha generado este agrupamiento de fuerzas opositoras de izquierda. La combinación de comicios presidenciales y parlamentarios puede implicar, para los partidos menores que comparten el espectro ideológico con los grandes contendientes, el riesgo de la desaparición, ya que sus votantes pueden verse tentados a emitir un “voto útil”. Sin embargo, la amplia ventaja de Bachelet en las encuestas de setiembre (que la colocaron cerca del 50 por ciento) y el aumento de la visibilidad de la candidatura de Hirsch, pueden haber llevado a un sector importante de los votantes chilenos a volcarse a su primera preferencia parlamentaria (Juntos Podemos Más) ya que su segunda preferencia (la Concertación) tenía una carrera cómoda hacia la primera magistratura. Así lo parecen sugerir las encuestas de diciembre, que muestran una caída de Bachelet casi equivalente al crecimiento de Hirsch en la intención de voto para la primera vuelta. En la segunda ronda los votos que fueron a Hirsch vuelven a Bachelet y la candidata de la Concertación aparece con un 55 por ciento que le aseguraría su elección.
Este protagonismo de Juntos Podemos Más en la disputa por votos de izquierda indecisos llevó al actual mandatario, Ricardo Lagos,w a calificar despectivamente a Hirsch como “soñador”. El postulante aludido respondió con artillería pesada: “Lamento que Lagos haya vendido sus sueños al capital y que haya dejado de soñar en un Chile más justo y democrático para todos”. Aceptó reconocerse como soñador, pero aclaró que desde su agrupamiento político está “convirtiendo este sueño en realidad, en programa de gobierno y en una fuerza social y política que no va a parar nadie”.

A LA DERECHA

Tampoco la derecha está conforme con la gestión de la Concertación, algo que no debería extrañar, sobre todo en tiempos de campaña. Pero lo que sí resulta algo más curioso es ver cómo los candidatos situados en esa franja del espectro político también participan del discurso sobre la búsqueda de la equidad. El candidato derechista Joaquín Lavín afirmó públicamente, en más de una oportunidad, que la Concertación no cumplió con su promesa de crecer con equidad. Esto motivó la reacción del presidente Lagos, quien durante una entrevista con Radio Cooperativa se preguntó: “¿cuándo la derecha en Chile se ha preocupado de la igualdad?”. El mandatario agregó: “yo lo que veo es que la derecha cuida el bolsillo, y por Dios que lo cuidan bien sus diputados y senadores cada vez que queremos (aprobar) un proyecto de ley para ir en ayuda de los que tienen menos. Usted ha visto (en) este verdadero festival que tenemos ahora en materia de igualdad, la demagogia que se está haciendo. Pero nadie se mete la mano al bolsillo, todos ofrecen disminuir impuestos y Chile tiene una tasa de impuestos modestísima”.
El rival de Lavín en la pulseada por pasar a la segunda vuelta es Sebastián Piñera, un empresario que prefiere definirse como centrista. En su campaña, Piñera juega con el eslogan “Se puede” y con un segundo motivo central que señala “Chile puede más”. Eso más que Chile puede, con respecto a lo que ha hecho hasta ahora la Concertación es, esencialmente, mejorar la eficiencia para ser más equitativos. En varias entrevistas calificó los niveles de desigualdad de Chile como “excesivos, absurdos y en algunos casos escandalosos”. Para acabar con esa inequidad es necesario, en su opinión, perfeccionar la economía chilena. En primer lugar, según afirmó en entrevista con el diario La Nación, “mejorar sustancialmente los grados de competencia, de acceso a los mercados y a las industrias para evitar la concentración excesiva”, luego intentar “que el Estado cumpla su rol de promover, fomentar y ayudar a la pequeña y mediana empresa”, y en tercer término establecer políticas contra la desigualdad basadas en crear más empleo y mejorar la calidad de la educación.

SITUACIÓN

El modelo chileno era ampliamente desigual en momentos de la salida de la dictadura. En estos tiempos electorales la Concertación intenta demostrar que durante sus 16 años de gobierno ha logrado quebrar esa especie de destino manifiesto que asociaba desarrollo económico con desigualdad. Razones estadísticas no le faltan. Si se comparan las cifras de los últimos quince años se comprueba que de 1990 a la fecha la población pobre se redujo a la mitad, mientras que la población indigente disminuyó casi a la tercera parte. Otro de los logros que la Concertación alcanzó en términos de equidad es la mejora en la calidad de vida del 20 por ciento más vulnerable de la población. En ese tramo más desfavorecido, quienes vivían en condiciones de hacinamiento en 1992 eran un 60,8 por ciento, cifra que en 2002 se había reducido a poco más del 40 por ciento.
Estos resultados son consistentes con la intención de crecer con igualdad que “ha sido la estrategia de desarrollo que ha impulsado a los tres gobiernos de la Concertación”. Según el programa de gobierno de Bachelet, “este objetivo se ha traducido en la prioridad que los gobiernos de Patricio Aylwin, Eduardo Frei y Ricardo Lagos asignaron a las políticas sociales y en el empeño que pusieron en prevenir la inestabilidad económica que perjudica a los más pobres y a la clase media”. Luego de ese alineamiento con las políticas anteriores de su coalición, la candidata se sitúa en un difícil equilibrio. Por un lado reconoce que “los avances son aún insuficientes”, pero por otro absuelve a los anteriores inquilinos de La Moneda diciendo que “la desigualdad tiene raíces profundas y duraderas” por lo que para vencerla “no basta la determinación”. En su opinión “Chile sigue siendo un país inaceptablemente desigual”. En ese sentido propone ampliar el espectro de análisis ya que “la desigualdad en verdad son muchas desigualdades: entre hombres y mujeres, entre diferentes etnias, entre ricos y pobres, entre empresas grandes y pequeñas, entre quienes han tenido acceso a educación de calidad y quienes no la han tenido, entre las regiones que avanzan y las que permanecen rezagadas”.

Intenciones de voto en porcentaje

• Bachelet: 38,5
• Piñera: 22
• Lavín: 16
• Hirsch: 7,5
• Indecisos: 16

El Estado según Bachelet

El Estado es fundamental para luchar contra las desigualdades, pues responde a la voluntad ciudadana, donde cada persona tiene el mismo valor, independientemente de su origen, su poder o su riqueza. No se puede construir igualdad con un Estado empobrecido, fragmentado, o donde primen los intereses de los poderosos. Es contradictorio denunciar la desigualdad y luego proponer bajar los impuestos, trasladar las principales decisiones de política pública a consejos autónomos y dejar que los empresarios resuelvan sobre el destino de los impuestos que pagan.
Para generar mayor equidad, el Estado tiene que aplicar sus recursos con eficiencia y exigir esfuerzo y compromiso de sus autoridades y funcionarios. Un Estado burocrático y lento, vulnerable a las presiones de los grupos de interés o soberbio ante la ciudadanía, es incapaz de reducir las desigualdades. Un Estado eficaz y honesto es un componente imprescindible en la construcción de un país más justo. Pero sería erróneo reducir el asunto de la igualdad sólo a las políticas públicas. El Estado, con un gasto que equivale sólo a un quinto de los recursos del país, no puede corregir las desigualdades si los cuatro quintos restantes se dedican a generarlas.
El Estado y el gobierno deben estar a la altura de las exigencias de un pacto social para el desarrollo. Para esto resulta fundamental que el Estado refleje en su propia estructura y en sus políticas el principio de que la construcción de un sistema de protección social es una tarea nacional. El Estado debe reconocer también que el progreso social no depende sólo de los servicios públicos, que los agentes de ese progreso no tienen que ser sólo funcionarios, y que servicios y funcionarios no son depositarios únicos del conocimiento y la capacidad de actuar en políticas públicas.

Los candidatos

Michelle Bachelet. Socialista, encabeza las encuestas para ganar la presidencia después de una segunda vuelta electoral. Candidata de la Concertación, coalición gobernante de centroizquierda que aglutina al Partido Socialista, a la Democracia Cristiana, al Partido Radical Social Demócrata y al Partido Por la Democracia. Hija de un general legalista que murió de un infarto a causa de las torturas, vivió exiliada durante la dictadura pinochetista, Bachelet fue ministra de Salud y de Defensa en el gabinete de Ricardo Lagos. Médica con especialización en cirugía pediátrica, tiene estudios de posgrado en Ciencias Militares y domina con fluidez cinco idiomas.
Tomás Hirsch. Integrante del Partido Humanista, candidato de la coalición Juntos Podemos Más que también integran la izquierda cristiana y el Partido Comunista. Cofundador de la Concertación (de cuyo primer gobierno fue embajador), se retiró al considerar que ese espacio político había abandonado su compromiso con la justicia social. Estudió ingeniería y se dedica al negocio de revelado de fotos.
Joaquín Lavín. Candidato de la Unión Demócrata Independiente. Fue el aspirante que nucleó los votos de la derecha en las elecciones de 1999. Aunque fue derrotado en esa ocasión, un año más tarde resultó electo alcalde de Santiago. Ingeniero comercial por la Universidad Católica, tiene un máster en economía obtenido en la Universidad de Chicago. Católico militante, es supernumerario del Opus Dei.
Sebastián Piñera. Empresario, candidato de Renovación Nacional. Se autodefine como centrista y creyente en la economía social de mercado. Precandidato presidencial en 1998, renunció a favor de la candidatura de Lavín. A diferencia de su antiguo aliado y actual rival, Piñera votó No en el plebiscito sobre la Constitución de Pinochet, mientras que Lavín dio el Sí. Es ingeniero comercial por la Universidad Católica de Chile y tiene un doctorado en economía de la Universidad de Harvard. Sus 1.200 millones de dólares lo hacen uno de los hombres más ricos de Chile.

Del programa de Hirsch

• El problema de Chile no es el crecimiento económico, sino el desarrollo económico y la mala distribución de la riqueza, la sobreexplotación de los trabajadores, la falta de regulación y control estatal sobre los grupos económicos y las trasnacionales y la legislación laboral.
• El cambio de estrategia de desarrollo será posible sobre la base de potentes organizaciones sociales, de un Estado que regule y controle las inversiones extranjeras y las concentraciones monopólicas y sus efectos negativos sobre los pequeños y medianos productores y los consumidores, y juegue un rol emprendedor en la reindustrialización del país, superando la injusta condición de sólo productor y exportador de materias primas, y de una estrategia de integración y cooperación con los países de América Latina.
• Una política nacional para el cobre exige regular su producción para evitar la sobreproducción mundial y la caída de su precio; cobrar un royalty de 10 por ciento sobre el valor del cobre fino extraído, caminar decididamente hacia la renacionalización de las 19 empresas trasnacionales que hoy están en nuestro país; hacer efectiva la tributación a las empresas trasnacionales; incentivar la fundición y refinación en Chile de todos los concentrados e industrializar el cobre en Chile, traspasar al Presupuesto Nacional el 10 por ciento de las ventas de cobre que se entrega a las Fuerzas Armadas. Todo ello en camino a la nacionalización de todos los yacimientos cupríferos de la gran minería.
• Un sistema en el que todo se rige por las leyes de mercado termina convirtiendo la salud y la educación en un negocio más, en donde el juego de fuerzas entre productores y consumidores no deja lugar para una comunidad organizada capaz de tomar decisiones sobre la inversión social pública.
• Reemplazar el sistema electoral binominal por uno proporcional a fin de tener órganos de poder efectivamente representativos.
• Apoyamos especialmente las propuestas del presidente de Venezuela, Hugo Chávez, de constituir entre nuestros países empresas estatales integradas en el ámbito energético y comunicacional.

 
LATINOAMERICA