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18 de diciembre de 2005
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ALAI
Agencia Latinoamericana de Información - 17 de diciembre de 2005
Diario de Bolivia (I)
Una historia abierta
Emir Sader
La llegada ya da una idea del país que se quiere proyectar. No hay
vuelos de Brasil a La Paz. Tanto los vuelos de Varig, como de Lloyd Aéreo
Boliviano, llegan a Santa Cruz de La Sierra, donde hay que hacer una
transferencia a un avión de LAB, el único que vuela hacia La Paz. Es claro
que lo que interesa es garantizar el intercambio con el centro de la
economía oficial de Bolivia, la región que reivindica su autonomía, sede
de la burguesía más dinámica y con menos raíces nacionales. Sin embargo,
si el vuelo fuera directo, se llegaría de São Paulo a La Paz en tres
horas, estamos muy cerca de ese país tan desconocido para
nosotros.
El mitin de Evo Morales en Santa Cruz de la Sierra fue
anunciado por la prensa local como: “Evo en tierra enemiga”. Se presupone
que allí, el candidato de la derecha, Jorge Quiroga - llamado de “Tuto”-,
supera a Evo en una relación de tres a uno de votos, la proporción inversa
de La Paz. Pero la derecha está preocupada por el crecimiento del
candidato del MAS en su reducto fuerte.
Un editorial de un
periódico cruzeño reivindica a la ciudad como aquella que se incorporó a
la historia de Bolivia hace tan sólo 50 años, “al margen del centralismo”,
delineando su propio modelo de desarrollo ,“más inclusivo del punto de
vista social”. según el diario “El Nuevo Día”, en contraste a lo que
llaman “oligarquías mineras del occidente”, que serían responsables de la
sistemática opresión del campesinado. Se enorgullecen de ser la zona que
más atrae gente en búsqueda de trabajo, como resultado de la expansión de
la explotación de los hidrocarburos.
La prensa derechista -ese
periódico, así como la revista “Datos”- demoniza a dos personajes en
particular: a Hugo Chávez y al candidato a vicepresidente del MAS, el
intelectual marxista Álvaro García Lineira. La revista anuncia, en su
tapa, en la semana de elecciones, “El peligro de la desintegración”.
Incluye un destaque, “Opinan especialistas: ‘El candidato del MAS es un
riesgo para América Latina”.
En el mismo estilo de guerra fría que
en la misma semana la revista “Veja” entrevistó a Thomas Friedman,
columnista derechista de los EE.UU., quien afirmó que “el modelo del Foro
Social Mundial de Porto Alegre es Corea del Norte” (sic), el especialista
al que recurre “Datos” es nada menos que Fukuyama. Recoge segmentos de la
entrevista del funcionarios del Departamento de Estado estadounidense a la
revista argentina “Noticias” donde afirma que los movimientos indigenistas
del Ecuador y de Bolivia... “se están quedando fuera de la modernidad, sus
vidas fueron perturbadas por ella, pero sin recibir hasta ahora sus los
beneficios. El futuro de Bolivia está en el aire. Si Evo Morales es electo
presidente, entonces Santa Cruz puede decidir independizarse, generando un
conflicto interno.”
Ese separatismo es también alentado desde
posiciones de (ultra izquierda). El mismo número de la revista entrevista
Felipe Quispe, principal dirigente del Movimiento Indígena Pachacuti
(MIP), también candidato a la presidencia de la República, aunque luchando
para llegar al 3% de los votos para que su partido mantenga personería
jurídica. Propulsor de un indigenismo fundamentalista, Quispe propone el
separatismo de las regiones, desconociendo el Estado boliviano en tanto
creación de los colonizadores y, por tanto, de la nación boliviana.
Propone que se dé la autonomía a Santa Cruz, al igual que a La Paz,
Cochabamba y al Gran Chaco; que constituyen las tres grandes naciones de
los aymaras, quéchuas y guaranís.
Dice que Evo Morales y el MAS son
sus principales enemigos, en el estilo clásico de la ultra-izquierda, que
descargan sus baterías preferentemente contra quienes ocupa el espacio
central de la izquierda. “Todos los candidatos de estas elecciones,
inclusive Evo, representan a las transnacionales”, afirma en la entrevista
a la revista derechista “Datos”. Y añade: “Evo es el niño mimado de
Chávez”, sumándose al coro de la derecha. Para él, Evo “no tiene una línea
indigenista, es socialista”.
Hace tres años, cuando Evo Morales y
Sánchez de Losada fueron al segundo turno en el Congreso, la prueba fiel
de la expresión popular se daba por el contraste entre la cara indígena y
campesina de Evo y la tez blanca del representante de la oligarquía de
Sánchez de Losada; que para mal de sus pecados aún habla con notorio
acento gringo. Si se habría mirado al país y a los semblantes de ellos,
sin duda alguna el ganador habría sido Evo. Pero se dio exactamente el
contrario, por las negociaciones partidarias.
Sin embargo, cuando
Sánchez de Losada tuvo que enfrentar al país real, en su segundo mandato,
después de haber sido uno de los artífices de la implantación del
neoliberalismo en Bolivia, su gobierno terminó en pocos meses, lo que dio
paso a la sucesión de vice: Carlos Mesa.
Desde la lucha de los
campesinos que impidió la privatización del agua, en 2000, Bolivia vive lo
que Forrest Hylton y Sinclair Thomson caracterizan -en un artículo de la
New Left Review de septiembre/octubre de este año-, como “el tercer mayor
momento revolucionario de la historia de Bolivia”. El primero fue
indígena, comenzando en agosto de 1780, como una insurrección regional en
Potosi, bajo el liderazgo de un dirigente llamado Tomás Katari, que
desencadenó una serie de movimientos locales que se los reconoce por el
papel desempeñado por el descendiente de la realeza inca, José Gabriel
Tupák Amaru, que dirigió la rebelión en Cuzco.
Las tropas de
aymaras y quéchuas expulsaron a los españoles de la región. El comandante
aymará en La Paz, Túpaj Katari, cercó la ciudad durante cinco meses,
aunque, a la falta de aliados, nunca lograron tomar La Paz. En 1871 Katari
fue derrotado, los españoles retomaron el control del país, hasta que
fueron expulsados definitivamente en 1825. Pero para las élites nativas,
así como para los aymaras, los cercos de La Paz en las manifestaciones de
estos últimos años -incluido el cerco de 2005, que llevó a que el
Parlamento fuera desplazado para reunirse en la conservadora ciudad de
Sucre -, recuerdan la gran insurrección anti-colonial de hace dos
siglos.
El segundo momento fue el de la revolución nacionalista de
1952, que nacionalizó el estaño, hizo la reforma agraria, sustituyó las
FFAA por milicias populares, hasta ser cooptada por la oligarquía
conservadora. El tercero comenzó con la derrota del plan de erradicación
de coca del ex-dictador Hugo Banzer, elegido posteriormente presidente, y
se concretizó con la “guerra de la agua”, cuando los campesinos impidieron
la privatización del agua. Desde 2000 Bolivia vive una situación
revolucionaria.
Ante este panorama, las oligarquias bolivianas
tiemblan. Es verdad que derrotaron a Tupác Amaru, tu’j Katari, Tomás
Katari; es verdad que neutralizaron y cooptaran la revolución boliviana de
1952; Es verdad que asesinaron al Che; es verdad que derrotaron la
Asamblea Popular del gobierno de Juan José Torres ; pero ahora los viejos
fantasmas reaparecen, de nuevo con cara de indios. Saben que puede
derrotar a Evo Morales en un segundo turno, en el Congreso, con una
mayoría aceitada por maquinarias de la oligarquía partidaria tradicional.
Pero, se atreverán a enfrentarse a la ira popular, que ya mostró su
capacidad de rebelión. O tratarán de cercar a Evo Morales a partir de la
mayoría parlamentaria que pretenden obtener? En ese caso, tendrán que
impedir la convocatoria a la Asamblea Constituyente -uno de los ejes de la
plataforma del movimiento popular boliviano, junto con la nacionalización
de los hidrocarburos, el bloqueo a la privatización del agua y la lucha
por la recuperación de la salida al mar, circuitada por Chile. Lo
conseguirán?
La CNN hace su papel. Después de conversar con un
taxista, trabajadores de un hotel, todos a favor de Evo Morales, el canal
estadounidense selecciona a los entrevistados que declaran que nada va a
cambiar en Bolivia, que todos los gobiernos son iguales, etc.; todo ello
en contraste total a lo que da cuenta la prensa: las grandes
manifestaciones que marcaron la campaña electoral. A estas alturas los
comentaristas sobre las elecciones de Bolivia –desde Miami- no esconden
sus preferencias por Quiroga y anticipan un periodo muy alterado para el
país.
Pocas veces la historia de un país parece tan abierta como la
de Bolivia en este diciembre de 2005. En este momento, los de encima
parecen ya no poder seguir dominando como antes, mientras que los de bajo
ya no quieren seguir siendo dominados. En esos momentos el pasado si
mezcla al presente con toda su carga de vivencias históricas, señalando
los caminos de un nuevo asalto al cielo.
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