i Evo pierde... digo, es un decir...
Parafraseo a un gran poeta andino, quizás el mejor de la lengua castellana en
los últimos dos siglos, ya que lo que está en juego en Bolivia trasciende en
mucho el resultado inmediato de las elecciones. El jefe del ejército boliviano,
por ejemplo, consciente de lo que podría resultar si un chanchullo parlamentario
anulase la decisión de las mayorías populares en la primera vuelta de este
domingo, no sólo aclara que el instituto armado acataría las órdenes de un
presidente indio por los dos costados (paterno y materno) sino que también
exhorta a los políticos a refrendar el resultado del primer turno, sin agravar
ulteriormente el enfrentamiento entre izquierda y derecha, es decir entre los
blancos y mestizos, por una parte y, por otra, la tan temida y odiada (por
éstos) "indiada" que votará por Evo Morales. Como antes de la guerra civil
española, la lucha feroz se da en las urnas.
¿Qué votarán los que sufraguen por Evo? No el agua chirle teórica que les
ofrece el candidato a vicepresidente por el MAS, que antes fuera teórico
despistado de una aventura guerrillera milenarista y ahora lo es de una utopía
de reforma (¡en Bolivia!) del capitalismo. No los discursos políticos moderados
del mismo dirigente cocalero, que no habla ya de los pueblos indios ni menciona
el anticapitalismo sino que se limita a agitar un nacionalismo antineoliberal
(no contra el sistema) que los otros candidatos incluso pueden imitarle sin
mayores problemas, ya que efectivamente Bolivia casi le regala el gas a
Argentina (que lo vende a Chile más caro). Tampoco el vacío de propuestas en sus
posiciones sobre qué será y cómo se organizará la Constituyente, ni sobre las
medidas que encara destinar a los más pobres y oprimidos para que compensen, con
una discriminación positiva, la extrema pobreza de éstos y combatan el racismo
de que son víctimas.
Entonces, ¿por qué podría ganar Evo Morales en la primera vuelta? Porque
aunque muchos indios y pobres pensarán que, en su calidad de indio y de pobre,
no está capacitado para gobernar, muchos más tendrán el orgullo de poder imponer
un presidente como ellos y, en buena medida, quizás de ellos. O sea, podría
ganar por dirigente social y por indio. También porque su nacionalismo es
plebeyo, no burgués, y va en el sentido de las movilizaciones populares que se
sucedieron desde octubre de 2003 e incluso antes. Es decir, porque reclama la
estatización del agua (en la línea de la guerra del agua cochabambina), la
estatización del gas y del petróleo (en la línea de los movimientos que
derribaron al presidente Goni Sánchez de Lozada), en la línea
antiparlamentaria y de acción directa, que es una constante de los movimientos
de trabajadores y pobres en Bolivia. Igualmente porque no tiene un partido, sino
un instrumento político ad hoc, que en realidad es un pool de
sindicatos y organizaciones de masa, en el que los caudillos sin duda abundan
pero responden a una relación estable con sus mandantes. Por último, en orden de
exposición, pero no de importancia, porque la embajada estadunidense y la
derecha lo odian, odian también al zambo Hugo Chávez, exhalan racismo por todos
los poros en un país donde los indígenas, los de poncho y las de polleras, son
mayoría, pero son parias y quieren dejar de serlo. Por todo eso Evo podría
obtener la primera mayoría este domingo, sin conseguir, sin embargo, más de 50
por ciento de los sufragios, lo cual lo consagraría automáticamente presidente.
En el caso muy probable de que gane la primera vuelta y deba ir de todos
modos a una segunda, hay varios escenarios posibles. Como sucedió con Salvador
Allende, en el Parlamento un sector que le es adverso, pero que no sigue a
Quiroga y al embajador yanqui, podría darle sus votos, democráticamente (aunque
después comenzase a sabotearlo). En tal caso tendría el gobierno pero no el
poder, que debería conquistar en las calles en vista de la Constituyente. Si los
anti Evo, en cambio, se uniesen en el Parlamento (como sucedió en la elección
general presidencial última en la que, pese a triunfar Evo, eligieron a Sánchez
de Lozada, con las consecuencias conocidas), habría un conflicto de poder entre
las cámaras y los políticos que están muy desprestigiados y el poder popular,
que derribó primero a Goni y después a Meza de la presidencia. También en
ese caso, o las instituciones salen del paso (cosa difícil, ya que el ejército,
por ahora teme reprimir, porque podría romperse) y se abre un gran periodo de
inestabilidad social que podría desembocar en un estallido, o la voluntad
popular se impone sobre las instituciones y se espera la prueba de fuerza final
en la Constituyente y en la elección de prefectos (o sea, en la formación de los
poderes estatales locales).
Para estos enfrentamientos Evo Morales no tiene partido sino un frente, una
organización laxa. Además, los infantiles de todo tipo se niegan a apoyarlo y a
votar como hará el pueblo diciendo que es un nuevo Lula, aunque la derecha
demuestre con su odio y su temor que es algo más que eso, porque el problema no
es el cocalero sino quienes votarán por él. Es de esperar, sin embargo, que al
cuarto para las doce maduren y pongan el interés general de los trabajadores y
oprimidos de Bolivia y de América Latina por sobre sus intereses mezquinos y sus
odios y rencores.
galmeyra@jornada.com.mx