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14 de diciembre de 2005
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Brecha
de Uruguay - 9 de diciembre de 2005
Localización de lo que no existe
Un sofisticado aparato de propaganda es capaz de
convencer al mundo de muchas cosas. De que las guerras que
Estados Unidos desata por razones económicas tienen un fin
democrático o que en su país no hay torturas ni prisiones
clandestinas... Lo que es cierto, porque las ha
exportado.
Ivonne Trías
La denuncia de los vuelos
secretos que trasladan ciudadanos capturados por la CIA en
cualquier país hacia la red de centros clandestinos de tortura
instalados en más de 11 países en todo el mundo, interpela en
varios niveles: a los gobiernos, a las organizaciones
políticas y sociales, a cada individuo. En pleno escándalo por
las revelaciones del Washington Post (véase nota de
Carotenuto), tenía lugar en Bruselas el coloquio internacional
Axis for Peace,* donde el tema ocupó un dramático lugar.
BRECHA estuvo presente en dicho coloquio. “Si aceptamos que
existe una amenaza de terrorismo global, aceptaremos la
necesidad de la seguridad global. En ella se basa Estados
Unidos para solicitar a los gobiernos del mundo la complicidad
con sus tácticas antiterroristas. Estos métodos, la tortura
descentralizada, las guerras preventivas, la deslocalización
de las cárceles, son un chantaje generalizado a todo el
planeta”, dijo a este semanario el periodista y escritor belga
Michel Collon. Muchas denuncias anteriores similares a las
del Washington Post habían chocado contra un poderoso aparato
de propaganda que logró silenciarlas o condenarlas a una vida
efímera y local. Un aparato de propaganda es un arma
eficaz, sobre todo cuando actúa después del plomo. Puede
convencer de muchas cosas, de que en un país no hubo torturas
ni desaparecidos e incluso de que una superpotencia tiene a
veces el deber de “asistir democráticamente” a un país en
crisis, como Afganistán, Irak, Colombia o Haití. El aparato
de guerra hace y el de propaganda explica y crea condiciones
para que todo siga como está. Según la historiadora belga
Anne Morelli** ya lord Ponsonby identificaba las reglas
básicas de la propaganda de guerra: 1. “No fuimos nosotros
los que quisimos la guerra”: persuadir al público de que fue
“el otro” el que empezó y nosotros sólo nos defendimos. 2.
“Personificar al enemigo.” No se puede odiar globalmente. La
guerra es limpia: ataca a un dirigente, no a un pueblo. 3.
“Nuestras motivaciones son humanitarias.” Hay que ocultar que
la guerra tiene fines económicos. Ocultar la historia y la
geografía. 4. “Hay que relatar atrocidades cometidas por el
enemigo.” Véase cualquier conflicto, el de los Balcanes,
Afganistán o Irak, y se verá que todas estas reglas estuvieron
en juego: se ocultaron los intereses económicos de la
invasión; se demonizó al jefe (Milosevic; Bin Laden; Hussein;
FARC o Aristide) mostrándolo como un peligro para la
humanidad; se ocultó la geografía, es decir, las rutas de
comercialización del petróleo u otros recursos esenciales; se
difundió en todo el mundo la saga de atrocidades cometidas por
estos líderes. Ante tan alta peligrosidad, las tropas de la
OTAN se vieron “obligadas” a intervenir con métodos de choque:
bombardeos, detenciones masivas, torturas masivas,
desaparecidos. Para mantener el discurso de que la tortura
es una práctica propia de sádicos como Milosevic o Hussein
pero no de demócratas como Bush o Blair, los miembros de la
coalición atlántica resolvieron, como los empresarios de la
maquila, deslocalizar la tortura. El aparato de propaganda
pretende negar este extremo. Pero quienes lo afirman son
demasiados y no pueden ser tildados de simpatizar con el
terrorismo. ¿Quién lo dice? Lo dice el diario conservador
francés Le Figaro (véase mapa extraído del magazine de ese
diario). Lo dicen varios viejos cuadros estadounidenses, como
el ex presidente Jimmy Carter, el ex director de la CIA
almirante Stansfield Turner, el ex consejero general de la CIA
Jeffrey H Smith y el ex director del centro de
contraterrorismo, también de la CIA, Vincent
Cannistraro. Carter dijo (Los Angeles Times, 10-XI-05) que
la administración Bush está encaminada a la regresión de todo
lo que caracteriza a América desde hace 230 años: “This isn’t
the real America” (Esto no es la verdadera América). Turner
rechazó (CNN) la pretensión de Dick Cheney de un estatuto de
excepción para las tropas de Estados Unidos, sosteniendo que
en base al principio de reciprocidad de las convenciones de
Ginebra, si su país tortura, sus tropas ya no estarán
protegidas contra esta práctica. Y Cannistraro recuerda (CNN)
que las fuerzas paramilitares que torturan, secuestran y matan
en Irak –sobre todo la sórdida Brigada de los Lobos– son
armadas y formadas por los servicios secretos estadounidenses
y británicos. En el mismo sentido se expresaron el diputado
polaco Mateusz Piskorski, el ex embajador inglés en Uzbekistán
Craig Murray y el director de la Asamblea Permanente por los
Derechos Humanos, Alexis Ponce, presentes en el coloquio de
Bruselas. Murray fue embajador del Reino Unido en
Uzbekistán desde 2002 hasta que decidió informar a su gobierno
sobre las prácticas de tortura realizadas en el país uzbeko y
fue relevado del cargo (2004). “Recibí documentación
indiscutible, fotos, testimonios terroríficos de familiares de
torturados, y advertí de inmediato a mi gobierno lo que estaba
sucediendo. No hubo reacción. No quiero contar aquí detalles
de lo que vi, sólo diré que vi fotos de personas que habían
sido sumergidas en agua hirviente, un muchachito de 18 años,
con los codos quebrados, cuyas manos fueron metidas en agua
hirviente hasta que la piel se despegó; mujeres sádicamente
violadas, una de ellas, atacada con una botella, murió tras
una terrible agonía de 18 días; vi fotos de manos con uñas
arrancadas… Con esos métodos mi país recoge la información a
través de la CIA.” Este diplomático dijo a BRECHA que le
costó comprender que el silencio de las autoridades de su país
ante estas denuncias no era indiferencia sino compromiso con
esas prácticas. Lo entendió de golpe cuando fue relevado del
cargo. Según Murray, la mayoría de las víctimas son opositores
políticos, calificados como terroristas. “Puesto que mis
denuncias no fueron atendidas –concluyó–, somos cómplices de
estas prácticas.” Alexis Ponce relacionó esta
internacionalización de la tortura con la experiencia de
América Latina: “Roger Noriega, a quien conocemos bien los
latinoamericanos, fue claro al decir que había que
‘salvadorizar a Irak’. Porque no se trata sólo de la tortura
masiva a los iraquíes, sino de la legitimización mundial de
los escuadrones de la muerte y las desapariciones, como se
hizo en El Salvador. Por eso Noriega, que aprendió tanto en
América Latina, fue para Irak”. Ponce, quien junto al general
René Vargas fue amenazado de muerte al volver a su país por la
organización paramilitar Legión Blanca, dijo también que “el
uso masivo de la tortura muestra todo el contenido de racismo,
colonialismo e imperialismo que lo ampara. Lo peor de todo es
que en Occidente reina una ética: la de la vista gorda. Que es
una ética operativa, puesto que si analizamos los centros
itinerantes de tortura de la CIA en varios países de Asia,
Europa, América, vemos que son posibles por la complicidad de
los gobiernos que los admiten”. Sin embargo, ni el impacto
de las imágenes de las torturas de Abu Gjraib, ni las fotos
publicadas en diversos medios, anulan el discurso legitimador
de estos métodos. El Weekly Standard, semanario
estadounidense conservador, tituló (5-XII-05): “¿La abolición
de la tortura?”, refiriéndose a la enmienda McCain aprobada
por el Senado de Estados Unidos (90 votos contra nueve) que
prohíbe a las fuerzas armadas la tortura en cualquier lugar
del mundo. El autor de la nota, Charles Krauthammer, sostiene
que la tortura se justifica en dos casos: cuando una acción
terrorista inminente no puede contrarrestarse respetando los
largos procedimientos judiciales, y cuando la persona
interrogada es un pez gordo y la tortura es proporcional al
mal del cual es responsable. Y concluye que, en ambos casos,
la tortura no es sólo la posibilidad que autoriza la moral,
sino un deber moral para salvar vidas.
SOLICITUD DE COMPLICIDAD
Michel Collon, periodista y escritor belga,
mostró, con la ayuda de mapas, cómo la propaganda de guerra
oculta el verdadero sentido económico de las guerras. La
dictadura de los organismos internacionales tales como la OMC
y el BM, dijo, no puede funcionar si no se ampara en una
amenaza recalcitrante de guerra. Si uno quiere analizar las
guerras surgidas en los últimos años, dijo Collon a BRECHA,
“hay una regla o ejercicio simple: hay que buscar en el mapa
dónde están las vías de comercialización del petróleo, el gas,
los recursos estratégicos, y verán dónde Estados Unidos
fabricará una guerra”. Allí, si no surgió, surgirá un “loco”,
una amenaza terrorista, una red de narcoguerrilleros, en fin,
una amenaza cualquiera para Estados Unidos que será presentada
como amenaza mundial y ante la cual se verá obligado a actuar
con toda su maquinaria de guerra, razona Collon. Pero si
existe una amenaza de terrorismo global, continúa, si
aceptamos que existe, entonces aceptaremos la necesidad de la
seguridad global y de sus métodos. Todos los analistas
consultados por BRECHA en Bruselas señalaron la imperativa
urgencia de construir una red de contrainformación que permita
desarmar las mentiras del aparato de propaganda de la OTAN,
que muestre cuáles son los verdaderos intereses ocultos tras
la guerra abierta, tras las ayudas militares para combatir el
narcotráfico y tras la asistencia militar o humanitaria para
restablecer la democracia. “Cada guerra, cada centro de
torturas y transferencia de prisioneros es un chantaje que
Estados Unidos y sus aliados hacen al mundo. Es una demanda de
complicidad hecha a todos nosotros”, concluyó Michel
Collon. * Axis for peace. Bruselas, 17-18 de
noviembre. ** Sous les bombes de l’OTAN, 15 belges en
Yugoslavie. Video de Regards Croisés.
Bruselas.
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