l filósofo estadunidense
sostiene que vivimos un periodo de transición caracterizado por la
retirada del clásico imperialismo y el ascenso de lo que, junto a Negri,
definen como imperio. Intenta demostrar que ni siquiera el inmenso poderío
de Estados Unidos es capaz de modelar el mundo a su voluntad como lo
hicieron los imperialismos en el pasado, y que las nuevas formas de
dominación inmateriales están lejos de representar un avance para la
humanidad.
¿Su tesis del fin del imperialismo sigue siendo vigente luego
de las críticas recibidas y de la ofensiva imperialista de Estados
Unidos?
Mi pregunta es si el imperialismo es el concepto adecuado para
comprender el poder global y la dominación. Las guerras en Afganistán e
Irak han demostrado los límites de Estados Unidos para controlar esos
países. Ambas guerras son un desastre, incluso para los inspiradores de la
guerra, ya que no pueden comportarse como verdaderos imperialistas, porque
no han logrado imponer un mercado estable, ni lucrar con el petróleo ni
ampliar sus alianzas. Por el contrario, el prestigio de Estados Unidos y
su capacidad de liderazgo están deteriorarados.
Además, Estados Unidos es un Estado frágil como quedó demostrado con el
huracán Katrina, que develó una situación de pobreza, división
social, racismo estructural y la incapacidad del gobierno para abordar la
cuestión social. A mi modo de ver, ese hecho demuestra que Estados Unidos
no puede dedicar recursos a la conquista del mundo manteniendo la
estabilidad doméstica. Otro síntoma de su incapacidad es la derrota del
ALCA. Es evidente que ya no puede imponer su política a los países de
América Latina.
Sin embargo, la presión que sienten algunos países
latinoamericanos por parte de Washington es muy fuerte.
Creo que se sobrestima el poder imperialista de Estados Unidos.
Hay un cambio profundo en las estructuras del poder global. El punto
central es que aquel imperialismo ya no es posible y en su lugar emergen
nuevas formas de dominación y de resistencia. Contra el viejo imperialismo
las luchas giraban en torno a la liberación nacional y a la defensa de la
soberanía nacional. Hoy ningún Estado-nación es capaz de imponer y
mantener el orden mundial de modo unilateral y extender su soberanía sobre
otros estados, lo no quiere decir que no vaya a haber intervenciones
militares. El viejo imperialismo fue derrotado por décadas de luchas y
resistencias de los pueblos del tercer mundo y llegamos a un punto de
acumulación de derrotas que ha erosionado la eficacia de ese modo de
dominación.
Mi impresión es que estamos al final de una etapa y que los gestos
imperiales, por dolorosos que sean, son ya cosa del pasado. Entonces
queremos abocarnos a comprender el nuevo monstruo, porque la dominación y
la explotación van a continuar, sólo que cambiarán sus formas. El orden
global por venir lo que llamamos imperio se asienta en una red
de poderes que colaboran entre sí: las instituciones supranacionales como
el FMI y el Banco Mundial, las grandes corporaciones capitalistas, algunas
ONG importantes y también varios Estados nacionales. Este imperio es la
forma de gobierno adecuada al capital mundial.
Para los pueblos, ¿qué habría cambiado?
Que las formas de dominación y segregación social son más severas
con el imperio que bajo el imperialismo, y las formas de explotación más
degradantes. No queremos decir tampoco que los Estados nacionales hayan
dejado de ser importantes, sino que son un componente más de una amplia
red mucho más compleja. El desafío es comprender la emergencia de un orden
mundial en el que los Estados nacionales tendrán un papel central pero ya
no soberano. O sea, son elementos de un orden general que se extiende más
allá de ellos. Pero esto es apenas una tendencia aún no completada. Lo que
queremos es comprender lo que se viene.
Si de lo que se trata es de comprender al nuevo enemigo,
¿cuáles serían las estrategias de lucha bajo el imperio? ¿Cómo se enfrenta
esa red de poderes?
Lo primero a considerar es que no todos los poderes de esa red son
iguales. Estados Unidos seguirá siendo un poder dominante en lo militar,
en lo político y en lo económico. El tema es que esos poderes ya dependen
de otros poderes menores para mantener su dominación. Varios poderes no
tan importantes como Estados Unidos o el FMI pueden imponerle condiciones
como sucedió con el G-20 conducido por Brasil, que bloqueó las
negociaciones de la OMC en Cancún, y parte de esa tendencia es lo sucedido
en Mar del Plata cuando se enterró el ALCA.
¿Se refiere a los gobiernos progresistas en América Latina?
En alguna medida sí. Todos esos países Brasil, Argentina,
Venezuela, quizás mañana México a los que sumaría China e India,
actuando separados no pueden conseguir casi nada. Pero actuando juntos
pueden imponer cosas a los grandes países y organismos globales. Este es
uno de los desafíos más importantes que enfrentan los gobiernos
progresistas del continente. Postulo que alianzas de estos países pueden
provocar transformaciones en las relaciones internas del imperio, que no
lo hacen desaparecer pero que consiguen una nueva relación de fuerzas.
¿Cuál sería para los movimientos sociales la importancia de
este enfrentamiento entre poderosos?
Con los gobiernos progresistas y la alianza de varios de estos
Estados emergentes puede haber transferencia de poder a los pueblos, a los
productores, a los trabajadores.
Por lo tanto cree que los gobiernos de izquierda tienen un
papel destacado en la lucha contra el imperio.
Al filósofo francés Gilles Deleuze le preguntaron qué significaba
un gobiernos de izquierda. Dijo que no existen gobierno de izquierda, que
un gobierno no puede ser de izquierda y que en todo caso puede haber
gobiernos que abran espacios a la izquierda y la favorezcan. Entonces la
pregunta debería ser ¿se abren mejores posibilidades para los movimientos
con un gobierno de ese tipo?