Hugo Cores - rodelu.net |
20 de diciembre de 2005
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Bloqueo sensorial en materia de leyes que protejan al trabajador
Patronales contra ley de fuero sindical
"Esta iniciativa no es un hecho aislado. Forma parte de una
estrategia que apunta al desplazamiento del empresario en la gestión de su
propia empresa, determinando un nuevo orden en nuestra sociedad".
Punto 7 del documento firmado por todas las cámaras
patronales. 13-12-05
Hugo
Cores, PVP - Frente Amplio - Uruguay
La aprobación en el Senado del proyecto de ley de libertad sindical
impulsado por el gobierno suscitó una reacción inesperada por parte de las
patronales.
El punto de vista de los empresarios fue ampliamente amplificado por
algunos sectores de la prensa que presentan toda acción del gobierno como
un avance hacia la victoria final de una sociedad bolchevique. Resulta
sorprendente no sólo la unanimidad inmediata de las entidades patronales
sino también la dureza de los argumentos esgrimidos.
El espíritu evidenciado por la nota firmada por unas 19 entidades
empresariales arroja luz sobre el porqué no se llegó a un acuerdo, pese a
la buena voluntad del gobierno.
Los empresarios se sienten bien, demasiado bien, sin sindicatos o con
sindicatos débiles.
Esta actitud no es nueva. En realidad es casi tan vieja como la crisis
del modelo de capitalismo que floreció en el país hasta mediados de la
década del 50, cuando era viable una industria de sustitución de
importaciones, el fortalecimiento del mercado interno y un Estado
paternalista que era muy buen padre, sobre todo para los industriales
amigos de los gobernantes...
"Armonía social" pero con obrero débil
A los empresarios que impulsaron la campaña contra la ley y contra el
gobierno no los desvela el "bien común", ni los intereses generales del
país.
Les place una ficticia armonía social, con el obrero desorganizado y
débil.
Ve el fantasma del colectivismo revolucionario apenas aparece una
entidad independiente (un sindicato) que defiende la dignidad y los
intereses de sus asociados.
Como sucede con muchos sectores en nuestro país, estos capitalistas son
fervientes partidarios de la globalización, la apertura al exterior y el
ajustar todos los relojes, las vidrieras y las modas a lo que ocurre en el
mundo.
Padecen, eso sí, de un bloqueo sensorial en materia de leyes que
protejan al trabajador. Para ese capítulo de los convenios internacionales
se declaran sordos: al bolchevismo lo rechazan aunque provenga de la OIT y
llegue envasado de la pudibunda Suiza.
También blancos y colorados padecen esa forma de sordera selectiva con
relación a los tratados internacionales que fijan las pautas para el
tratamiento de los delitos contra la humanidad.
En pos de mejoras para el pueblo trabajador
El proyecto de ley, impulsado por la Comisión de Legislación de la
Cámara de Diputados, con el apoyo del pleno de la bancada del Frente
Amplio, se propone solventar una deuda social en materia de derechos, que
tiene más de 35 años, cuando se inició el largo ciclo de represión al
movimiento gremial independiente.
Aun teniendo las mayorías exigidas por la Constitución, la bancada del
gobierno aceptó suspender el proceso legislativo para abrir instancias en
las cuales las entidades empresariales pudieran expresar sus puntos de
vista. No faltó contemplación ni paciencia.
Pero la oposición de los capitalistas ha sido irreductible.
En realidad en este episodio se condensa una contradicción fuerte y es
hora de la verdad práctica ante ciertas previsiones "científicas" y
algunas propuestas de acción política que tenían como base unos sectores
del empresariado que actuarían "como la gente".
Enriqueceos, enriqueceos.
Hasta hace poco tiempo, no escaseaban los politólogos y los cientistas
sociales que, siendo muy apreciadas por la patronal de los medios de
comunicación, pronosticaban el fin definitivo del sindicalismo
clasista.
Para los impulsores de la ley se trata no solo de un acto de justicia y
de ajuste del país a las normas a las que está obligado por los tratados
internacionales.
Se trata también de una propuesta que reconoce el derecho obrero a
luchar por mejoras en sus salarios y en sus condiciones de vida y de
trabajo.
Para el gobierno de izquierda es un camino para lograr mejoras
sociales... Los empresarios más cultos deberían recordar, aunque sea
remotamente, esa expresión. Menos frecuente y con sentido antagónico a la
de "enriqueceos, enriqueceos" con la que los azuzan los devotos del
capitalismo salvaje.
El crecimiento de la sindicalización como desafío
Para la izquierda y el movimiento sindical, las nuevas condiciones
legales constituyen un desafío. En el último año se ha producido un gran
aumento de los trabajadores afiliados a las organizaciones del PIT-CNT. A
partir de la entrada en vigencia de la nueva norma la tendencia al
fortalecimiento sindical se acentuará. Es probable que algunos sean
personas con experiencia gremial, pero lo esperable es que la inmensa
mayoría sean trabajadores jóvenes, sin experiencia sindical anterior.
El desafío será trasmitir a esa nueva generación los logros culturales
e ideológicos de los sindicatos más fogueados en la lucha.
Esa cultura podrá contar con el apoyo, excepcional, de algunos técnicos
e intelectuales, pero el tramo fundamental transcurrirá dentro de las
empresas y en la vida cotidiana de cada sindicato. La experiencia propia
es, en este terreno, absolutamente primordial e intransferible.
Ese contingente nuevo a organizar, esa renovación generacional puede
no ser un proceso idílico
Estaremos frente a una nueva promoción de
activistas que llegará a los sindicatos con las ideas prevalecientes en
los ámbitos de donde provienen y con la cultura que hoy predomina en los
jóvenes, muchas veces poco familiarizados con los trabajos colectivos y
con la acción de muchos llevada adelante con disciplina y visión de
conjunto.
Un desafío para los sindicalistas ya experimentados del PIT-CNT y
también para los frenteamplistas que, como organización de masas tendremos
que hacer nuestro aporte para el desarrollo de un sindicalismo clasista,
independiente y, a la vez, con un gran compromiso con los destinos de
todas y todos los uruguayos que viven de su trabajo.
Junto al Frente Amplio, el sindicalismo uruguayo ha escrito páginas de
una gran importancia para la historia del país, como ha sido la constante
de defensa de patrimonio nacional.
Para entender por qué el sindicalismo uruguayo dedicó tantas energías a
defender las empresas públicas, como Antel, Ancap, UTE y demás hay que
describir con detalles la acción de las trasnacionales que codiciaban a
nuestros Entes para apropiarse de sus buenos negocios y captar el ahorro
acumulado por decenas de generaciones de uruguayos. Hay que trasmitir todo
lo que se sabe acerca de las relaciones de dependencia que hacen que los
países ricos (y poderosos) levanten murallas y agredan a otros pueblos en
busca de materias primas o enclaves estratégicos. En una palabra, hablar
del imperialismo norteamericano y su insaciable expansión hacia nuestra
América.
La experiencia que hay que transmitir a los nuevos sindicalistas
Habrá que explicar cómo los intereses de un gremio no terminan en los
portones de la fábrica. Y no puede haber sindicalismo sin solidaridad con
otros gremios y con todos los excluidos por el modelo neoliberal. No puede
haber sindicalismo clasista si no hay una visión de clase de lo que se
proponen los grandes capitalistas y las empresas transnacionales. Y se
está dispuesto a participar en todas iniciativas del área social del
Estado, como la salud y la educación.
Finalmente la reacción conservadora de las patronales y los partidos
que las representan, mostró hasta qué punto resultan una simplificación y
una falsedad algunas acusaciones que, desde la izquierda, se han realizado
al gobierno del FA.
Que la gestión ha mostrado errores, ya lo hemos comentado más de una
vez aquí. En varios campos y, a veces como en el caso del envío de tropas
a Haití y la firma del tratado con los EEUU, esos errores no hacen sino
debilitarnos. Como fuerza política y como gobierno.
Pero eso no puede hacernos perder de vista que el aliado político más
firme que tienen hoy los trabajadores es la fuerza política llamada Frente
Amplio. Cierto tipo de crítica sin matices ni modulaciones puede llegar a
confundir a los militantes de izquierda, que hoy más que nunca necesitan
de la unidad, de la reflexión y de la crítica. Pero no la crítica que
fragmenta y debilita.
Hugo
Cores
cores567@adinet.com.uy
www.pvp.org.uy
Publicado en
La República el 19 de diciembre de 2005 |