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20 de diciembre de 2005
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El Periódico
de Catalunya - 20 de diciembre de 2005
El presidente que creció descalzo
• Los orígenes del dirigente se han convertido en diana para sus detractores
• Su nombre provoca urticaria en la élite económica
Abel Gilbert La Paz / Enviado especial
Creció descalzo.
Fue el mejor alumno de su escuela, pero no pudo terminar los
estudios. Trabajó de panadero. Tocó la trompeta en una banda
errante y cultivó la hoja de coca. El fútbol lo llevó a la
actividad sindical y luego a escribir su nombre en la historia
boliviana. Evo Morales se ha convertido en el primer
presidente indio de un país en el que, asegura, "los
despreciados y humillados" nunca han tenido voz propia y,
en adelante, dejarán de hablar bajito, como pidiendo
perdón. Nació el 26 de octubre de 1959 en Isallavi, en el
seno de una comunidad aimara del departamento de Oruro.
"Todo era allí propiedad colectiva", evoca. Los Morales
Ayma eran siete hermanos. Cuatro murieron de niños. Todavía se
ve con 6 años caminando junto a su padre durante dos semanas
detrás de unas 50 llamas, atravesando el frío y la lluvia,
calmando su estó- mago con pieles de naranja y plátano que
arrojaban los pasajeros de los ómnibus.Fundador de un
equipoA los 14 años fundó un equipo de fútbol. Lo llamó
Fraternidad, sin saber que el destino se revelaría con la
forma de una pelota. "Era el capitán, el árbitro, el
director técnico, era como dueño del equipo", dijo. Le
tocó hacer la milicia durante el golpe de Estado con el que
Juan Pereda Asbún derrocó en 1978 al dictador Hugo
Banzer. Al dejar la milicia, migró al Chapare (región
tropical de Bolivia). Otra vez el fútbol le abrió puertas.
Gracias a sus goles, Morales se volvió popular entre los
cultivadores de coca. Entró al sindicato como secretario de
Deportes y con los años encabezó las luchas de los campesinos
contra la política de erradicación del cultivo ancestral que
sucesivos gobiernos llevaron adelante en los 90 en sintonía
con EEUU. Lo demás vino por añadidura. En 1997 fue elegido
diputado. Participó luego de la fundación del Movimiento al
Socialismo (MAS). En el 2002, el presidente provisional Jorge
Quiroga (el mismo al que derrotó en las presidenciales del
domingo) pidió su expulsión del Congreso por
"narcoterrorista" tras un sangriento episodio en el que
murieron cuatro cocaleros, tres militares y un policía. Inició
una huelga de hambre y ganó la pelea. Meses más tarde, se
presentó como candidato presidencial. Las encuestas no le
favorecían. El embajador estadounidense en La Paz, Manuel
Rocha, lo satanizó públicamente al punto de convertirlo en uno
de los favoritos. Morales quedó segundo, detrás de Gonzalo
Sánchez, el presidente que, un año más tarde huiría hacia
Miami al estallar la llamada "guerra del
gas". El asunto del gasLas protestas populares
del mes de octubre del 2003, que se saldaron con decenas de
muertos, empezaron cuando la población de El Alto se opuso a
que la exportación de gas a EEUU pasara por puerto chileno.
Morales estuvo junto a los líderes de esa revuelta --Felipe
Quispe, Abel Mamani y Jaime Solares-- pero, a la larga, les
terminó sacando ventaja. Durante el Gobierno provisional de
Carlos Mesa se convirtió en su exacto contrapeso y devino un
virtual coautor de la ley de hidrocarburos que rechazan las
empresas petroleras extranjeras. No han faltado los que le
reprocharon a Morales el haber acelerado la caída de Mesa en
junio con los cortes de carreteras y las movilizaciones. La
alusión a "el Evo" provoca urticaria en la élite económica,
especialmente entre la de Santa Cruz, la región más próspera y
"blanca" de Bolivia. En su rostro curtido proyectan la
imagen de un caos por venir. La televisión cruceña recuerda su
condición de soltero y padre de una niña --a la que, afirma,
tardó en reconocer--; en la pantalla se burlan de sus
orígenes, descalifican su aptitud intelectual. Morales ha
demostrado ser más intuitivo y sagaz de lo que sus oponentes
creían. Dice admirar a Fidel Castro y a Hugo Chávez.
Semejantes declaraciones no dejan de encender todas las
alarmas en Washington. En esta campaña electoral, Morales
blasfemó contra la Casa Blanca, prometió vindicaciones
milenarias de los aimaras, quechuas y guaranís, pero también
garantizó el respeto a la propiedad privada. Nadie sabe cómo
mezclará el agua y el aceite. Por lo pronto, ha sabido ganarse
en estas elecciones a parte de la clase media blanca. Muchos
lo votaron convencido de que las mayorías ya no pueden ser
marginadas. Otros porque piensan que solo él puede
contenerlos.
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