Latinoamérica - rodelu.net
25 de diciembre de 2005

Brecha de Uruguay - 23 de diciembre de 2005

La Comisión para la Paz estaba al tanto

Acerca de los cuerpos NN de Vichadero

Samuel Blixen
La sospecha de que cuerpos de desaparecidos políticos asesinados por militares habían sido escondidos en el cementerio de Vichadero, en Rivera, fue comunicada a la Comisión para la Paz en marzo de 2003, por el edil socialista Robinson Silva, pero el actual secretario de la Presidencia, Gonzalo Fernández, desestimó la denuncia cuando se desempeñaba como representante personal de Tabaré Vázquez en ese organismo creado por el presidente Jorge Batlle.
Aunque la noticia de la existencia de 35 cuerpos nn trascendió en aquellas fechas a periódicos locales de Rivera y de Santana do Livramento, el caso cobró notoriedad recién hace poco más de una semana cuando la activista de derechos humanos y dirigente del Partido Comunista Lil Caruso reveló a la prensa los detalles de su pesquisa particular en Rivera, temerosa de que los restos pudieran sufrir una nueva desaparición, después de que las autoridades municipales ordenaron el traslado de los huesos al osario común; si la pista no se perdió en ese momento fue porque el encargado del cementerio de Vichadero, consciente de la importancia de esos restos, los envolvió en nailon y les adjuntó unas piezas de cerámica en las que constaban los detalles de su ubicación inicial en los nichos.
El impacto de la noticia –35 cadáveres no identificados en un total de 148 tumbas, y el testimonio del hijo del enterrador en el sentido de que vehículos militares llegaban a Vichadero con ataúdes durante la dictadura– impulsó a Fernández a ofrecer a la justicia de Rivera todo el apoyo necesario del cuerpo de técnicos que trabajan en excavaciones en predios militares en Montevideo. Pero a la vez cuestionó a los dirigentes comunistas por su iniciativa de realizar directamente una acción de denuncia ante el juez, en lugar de centralizar la información en la Secretaría de la Presidencia.
Sin embargo, Fernández omitió informar que él personalmente había sido comunicado del hecho 36 meses antes, poco después de que el edil Silva reiterara su pedido de informes sobre las irregularidades en el cementerio de Vichadero. Silva explicó a BRECHA que en julio de 2002, en virtud de los rumores sobre los enterramientos clandestinos ordenados por militares, viajó a Vichadero y logró filmar algunos de los esqueletos en sus nichos, tras lo cual elevó un pedido de informes. A la reiteración del pedido, en febrero de 2003, comunicó los hechos a la Comisión para la Paz, a SERPAJ y a la Comisión de Derechos Humanos de diputados. En una conversación personal con Fernández, Silva explicó los detalles de su pesquisa, pero el entonces miembro de la Comisión para la Paz fundamentó su escepticismo en que no se manejaba ningún indicio de que se hubieran trasladado cuerpos hasta esas zonas tan alejadas del norte. Para entonces ya había sido identificado un cráneo de un cuerpo arrojado en el lago de Rincón del Bonete, que pertenecía a Roberto Gomensoro Josman, un militante del 26 de Marzo detenido en Montevideo; el posible cuerpo correspondiente al cráneo fue ubicado hace unos meses por el antropólogo Horacio Solla en una tumba de Paso de los Toros que antes había sido inspeccionada por Fernández. También se encontraron otros dos cuerpos, de un hombre y una mujer, que permanecen en el Instituto Técnico Forense a la espera de análisis de adn.
Durante años el juez de Paso de los Toros, Dardo Martínez, obstinadamente se negó a ordenar los análisis del cráneo, y más recientemente de los esqueletos, hasta que esta semana finalmente libró la orden.
A diferencia de este magistrado, y contrastando la actitud prescindente del juez de Montevideo Luis Charles, quien declinó la investigación tras recibir la denuncia de Caruso, el juez de Rivera Federico Álvarez Petragia ordenó una serie de diligencias para determinar el origen de los restos nn encontrados en Vichadero. Los restos fueron trasladados a Montevideo para su estudio, aunque el mismo ofrecerá dificultades suplementarias porque, según trascendió, los funcionarios de la Policía Técnica de Rivera procedieron a juntar todos los huesos, que finalmente se mezclaron –y perdieron la referencia de las piezas de cerámica–, salvo aquellos que aún conservaban intactas las bolsas de nailon.
Esta “ineficiencia” se suma a la serie de indicios que sugiere una intención de obstaculizar la investigación de estos restos. El miércoles 21 el magistrado inició las citaciones a testigos y tomó declaración a Caruso y al actual funcionario del cementerio de Vichadero, de apellido Fleitas, quien en diversas oportunidades comentó que su padre, antiguo enterrador, había sido requerido por militares provenientes de Montevideo para sepultar cuerpos en el cementerio local. Caruso refirió las conversaciones que mantuvo con los dos hermanos Fleitas, pero uno de ellos, interrogado por el juez, “olvidó” totalmente algunos detalles. El juez ordenó entonces un careo entre Caruso y el funcionario municipal de Vichadero, quien reconoció haber conversado con la militante de derechos humanos, pero explicó que a la hora de recordar sus palabras le venía “un aire en la cabeza”. Sin embargo, confirmó ante el juez que desde 1986, en que asumió sus funciones en el cementerio, no se ha producido ningún enterramiento de cuerpo nn; proliferaron, en cambio, durante la dictadura, porque el magistrado pudo confirmar que los panteones donde fueron ubicados los 35 cuerpos se construyeron en 1969.
Ediles frenteamplistas de Rivera señalaron a BRECHA que el funcionario Fleitas tiene temor, “seguramente fue amenazado y por lo menos tiene miedo de perder su trabajo”.
 
LATINOAMERICA