on la copa en alto, y a tenor de la estimulante victoria que los mejores
hijos de Bolivia acaban de regalar a los pueblos de nuestra América, convendría
retener un dato: tras las palizas electorales que la revolución bolivariana
asestó a los apátridas de Venezuela, los Maestros de la Orden de Galimatías
(MOG) descubrieron que en su desempeño, un gobierno de origen democrático puede
dejar de serlo.
El dato cuenta, y mucho. Especialmente en épocas de guerras
preventivas. Fíjese: si el presidente electo Evo Morales hubiese obtenido
menos de 50 por ciento de los votos, los MOG hubiesen dicho que ganó la
democracia. Y no que ganó la derecha. Pero como los más del MAS (Movimiento al
Socialismo) reventaron las urnas, los MOG pronostican que el país andino será
"ingobernable".
¿A quién le interesa el vaticinio? En principio, un MOG auténtico rehúsa
emplear términos como "izquierda" y "derecha" para analizar (usted perdone) la
"dinámica estamental y societal" del complejo país andino. El gobierno de Evo
deberá, primero y último, aprobar el examen de "modernidad" previsto en el
intervencionista artículo 20 de la Carta Democrática (sic) de la Organización de
Estados Americanos (OEA).
Ricardo Lagos, presidente de Chile y conocido pensador de los MOG, dijo que
"... ser de izquierda hoy es darle a todo el mundo la oportunidad de volverse un
Bill Gates". Y eso que no era, como hoy, día de los Santos Inocentes. En tal
caso, el término "izquierda" puede ser empleado como sustantivo. De lo
contrario, debe usarse como adjetivo (adverbio "ultra" incluido).
El próximo gobierno de Bolivia será conducido por un "indígena" de gran
olfato político, junto a un vicepresidente muy formado que fue guerrillero,
ideólogo de la "nación aymara" y preso político. De modo que en 2006 el debate
entre los MOG será tenaz: ¿"lo indígena" remite a los "metarrelatos de la
premodernidad", o equivale a "sujeto originario" en vías de ciudadanización?
Alvaro García Linera, vicepresidente electo, habla de impulsar el
"capitalismo andino-amazónico". ¿Mande? Con un PIB per cápita de 900 dólares y
más de 75 por ciento de la población en pobreza extrema... No. Aquí me detengo.
Es mucho lo que le debo al heroico pueblo de Bolivia y no deseo (¡cruz diablo!)
escupir el asado por anticipado o sumarme al discurso del maestro James Petras,
ese aguafiestas.
Amigos de la verticalidad vanguardista; amigos de la horizontalidad
descentralizada; amigos del centralismo democrático; amigos del pluralismo y la
unidad en la diversidad; enemigos del imperialismo y el imperio: todos damos por
seguro que al nuevo gobierno de Bolivia los carapálidas del mundo le harán la
vida muy, pero muy difícil.
Retengamos, entonces, otro dato: el gobierno de Estados Unidos cuenta con mil
funcionarios en Bolivia. También sabemos que cinco años de mandato
constitucional equivalen a menos de uno por ciento de 500 años de colonialismo,
saqueo, racismo y explotación. En la constelación de los atropellos sufridos por
los bolivianos que son más, una chispa apenas.
Entonces... ¿qué tal si en el país de la reforma agraria consagrada y
traicionada por la revolución de 1952, los más empiezan rayando la cancha de los
menos, el centenar de familias dueñas de 25 millones de hectáreas mientras 2
millones de familias campesinas poseen 5 millones de hectáreas?
¿Qué tal si en el transcurso de la anunciada Constituyente para refundar el
país, los nuevos actores de la revolución deliberan con el compromiso de
conjurar todos y cada uno de los inconvenientes que abortaron la Asamblea
Popular de 1971?
Creo que 90 por ciento de los sin tierra (250 mil campesinos) que deambulan
por los barrios más pobres de las ciudades y que constantemente ocupan tierras
de los latifundistas que se han apoderado de las más fértiles de Bolivia
(aliados con las trasnacionales del petróleo y el gas) se merecen algo más que
la rica polémica entre los partidarios marxistas de Toni Negri y los marxistas
de pelo en pecho.
Llegó la hora de revertir con inteligencia política el proceso de
"globalización" (¿?), que en Bolivia consintió que el 10 por ciento más rico de
la población supere 90 veces el ingreso del 10 por ciento más pobre. Por esto,
si 88 por ciento de los indígenas bolivianos son pobres, lo que menos necesitan
es entender la Etica de Aristóteles para empujar la revolución,
emanciparse de sí mismos y de quienes los explotan y confunden.
Antes que "indígena", "pobre" o "sin grado académico", el presidente electo
de Bolivia ha sido símbolo ejemplar en la lucha global contra el imperialismo,
el racismo, el neoliberalismo y el llamado pensamiento único. Aunque si en la
ceremonia de transmisión del mando Evo se pone corbata para conciliar, y García
Linera se la quita para demostrar lo que no es, la suerte está echada.
Lo dicho quizá suene excesivo. El "buen humor" de Petras me persigue. Quise
decir que en la historia del drama boliviano lo simbólico debería alguna vez
dejar de ser metafórico. Usted entiende... ¿no? Feliz año.