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1 de enero de 2006

Brecha de Uruguay - 30 de diciembre de 2005

Kafka detrás del monitor

Gobierno electrónico

El uso de las nuevas tecnologías en la gestión estatal no es una moda ni un lujo, sino que forma parte de la búsqueda de mayor eficiencia y transparencia. Por eso el llamado “gobierno electrónico” no es una cuestión de tecnología sino de políticas públicas, por su directa incidencia en el modo en que funciona el Estado y, en consecuencia, en la forma en que facilita o complica la vida de sus ciudadanos. En América Latina los líderes en la materia son Brasil, Chile y México. Uruguay está muy lejos.

Roberto López Belloso
La escena transcurre en una oficina pública. Es el día de la llegada de la primera computadora con la que contará esa repartición. Los funcionarios la reciben con una reverencia ambigua, y con algo de burla. Se le teme y se la desea. Las primeras semanas se la deja abandonada encima de un escritorio, mientras los viejos procedimientos manuales coexisten con la presencia totémica de ese ídolo extraño que se mantiene subutilizado. Las directivas sobre cómo integrarlo al trabajo no son claras ni llegan a tiempo. Cuando de a poco se lo incorpora a la cadena de gestión se le achacan culpas que no siempre le corresponden (perdón, pero se cayó el sistema) o se le fijan atribuciones de oráculo que no siempre se relacionan con la información que han colocado en su disco duro (disculpe, pero es lo que figura en la computadora). Esos episodios, repetidos de manera insular en distintas oficinas públicas y con peculiaridades ligadas a la idiosincrasia de las burocracias de cada país, comenzaron a ser cosa del pasado en buena parte del mundo. Cada vez más la incorporación de herramientas informáticas a la gestión estatal es algo que se hace de manera sistemática e integral. Por lo menos en los países que se lo toman en serio. Este enfoque integral de lo que se ha llamado “gobierno electrónico”, y que no es otra cosa que alcanzar “los fines públicos por medios digitales”, da por resultado estrategias nacionales que impulsan esfuerzos de conceptualización y aplicación de las prácticas internacionales a la realidad local. Un país que quiere tener una gestión de gobierno eficiente, brindar los servicios públicos a tiempo y donde efectivamente se necesitan, tener un entorno transparente para los controles de un poder sobre otro, fomentar algún grado de participación ciudadana, y facilitar la vida económica, no tiene más remedio que trazar una clara estrategia de gobierno electrónico. O tener mucha suerte a la hora de aplicar soluciones aisladas.

Un enfoque kafkiano

En uno de sus cuentos Franz Kafka habla de la construcción de la muralla china. Como ocurre con toda la obra del escritor checo, el tema elegido es sólo una excusa para hablar de otra cosa. En el cuento la muralla no se construye de manera lineal, comenzando en un punto de partida y colocando piedra sobre piedra en un serpenteo interminable de albañiles e ingenieros hasta llegar al extremo final del proyecto. No. En el cuento de Kafka la muralla se va construyendo en pequeños tramos aislados entre sí. De ese modo, si en alguno de los momentos de la construcción se tomara una instantánea general del proceso, se verían, cada tantos quilómetros, sin una lógica comprensible, segmentos de muralla perfectamente construidos y terminados, separados entre sí por partes del trazado en las que ni siquiera se ha puesto una piedra, y salpicadas por otros tramos a medio construir e incluso por fragmentos cuya construcción se comenzó y se abandonó hace tiempo dejando en suspenso el momento en que se retomarían los trabajos. Ese caos, dice Kafka en su cuento, no es caprichoso. Es parte esencial de la construcción de una obra interminable y que debe convocar a fuerzas de todo el imperio, las cuales necesitan ver tramos terminados para no decaer en su esfuerzo de construir otros tramos o de empezar desde la nada a construir sobre el vacío.
Algo de eso ocurre con el modo en que un país va incorporando herramientas informáticas a la gestión pública. Cuando se observa la forma en que se aplica en la práctica el gobierno electrónico, se comprueba que muy pocos países han trabajado de manera lineal y planificada, con un comienzo, un fin y un trazado. En general, incluso en casos en los que no ha faltado planificación, el gobierno electrónico se construye como la muralla china del cuento de Kafka.

La construcción

Si se miran las administraciones públicas se verán zonas en las que las soluciones informáticas han establecido, en los servicios que se le brindan al ciudadano o a las empresas, un ciclo completo de lo que se llama tercer nivel, que es aquel que permite que se realicen transacciones electrónicas, por ejemplo, pagando impuestos desde la computadora hogareña, lo que implica un sistema claro de reordenamiento del modo en que funcionan las reparticiones del Estado y una política saludable de vinculación con el ciudadano. Junto a esos tramos de la imaginaria construcción kafkiana, otros servicios públicos aparecerán como verdaderos descampados tecnológicos, con amplias zonas de la administración en las que soluciones a medio implementar esperan en un limbo tecnológico y político los recursos o la voluntad oficial para que continúe su hilera de ladrillos. Esto es así, en parte, porque el gobierno electrónico –no es necesario decirlo– no escapa a la problemática de toda implementación de soluciones en la administración pública, pero también es así porque las propias características de la aplicación de las nuevas tecnologías a la mecánica estatal hacen necesario que se completen rápidamente ciclos virtuosos de implementación (aunque los rodee el descampado) para que el resto de la administración, como en el cuento de Kafka, no decaiga en el esfuerzo o, para ser más específicos, para que la voluntad política de alto nivel que se necesita para liderar estos procesos se vea sostenida por resultados visibles y exhibibles, tanto dentro del gobierno como de cara a los votantes. En especial en países sin tradición de innovación tecnológica y cuyos estados tienen algunas cuentas pendientes en cuanto a dinamismo y eficiencia.

Liderazgo

En el mundo los más avanzados son el Reino Unido, Singapur, Finlandia, Nueva Zelanda y Canadá.* Aunque diferentes entre sí, vienen marcando las pautas que sirven como modelo o fuente de inspiración para otros países (por ejemplo para Chile y México). Tienen en común una visión estratégica de largo plazo, fuerte liderazgo en todos los niveles del gobierno para aplicarla, una universalización del uso de las nuevas tecnologías en el Estado, mucha innovación tanto tecnológica como conceptual, y un punto de vista centrado en facilitarle la vida al ciudadano. Probablemente el modelo más claro para un país que está forjando sus primeras armas es el que lleva adelante Nueva Zelanda. Su documento estratégico parte de la base de reconocer que “Internet está cambiando la forma en que las organizaciones, las comunidades y los individuos aprenden, trabajan e interactúan”. Una irrupción de lo tecnológico que, en su opinión, debía ser “gerenciado activamente” por el gobierno, para capitalizar el modo en que “se sirve a los neozelandeses”, y para “crear el entorno adecuado para que otros sectores de la vida del país –el sector privado, las comunidades, los individuos– puedan obtener los mejores beneficios del uso de las nuevas tecnologías en sus propias actividades”. Por eso plantearon una visión de futuro, acompañada de inversión en infraestructura y una clara voluntad de cambio en los procesos de gestión estatal, que llevó a que ya en el año 2000 el primer ministro Hon Helen Clark dijera que, “tomando como base las grandes ventajas de la pequeñez territorial y la flexibilidad de Nueva Zelanda”, se debía incorporar al país en un proceso de mejora de la calidad de vida de sus habitantes, en un mundo “en el que la globalización es un proceso inexorable”. Casos especiales son los de India, China y Corea del Sur, donde el gobierno electrónico es parte de una política nacional de ciencia y tecnología, la cual, a su vez, es parte de una estrategia global de posicionamiento internacional del país. En nuestra región el espejo más claro de este enfoque es Brasil.

América Latina

En 2005 los gobiernos de América Latina terminaron de definir una estrategia hacia la sociedad de la información que llamaron ELAC. Una de sus características más positivas es que establece una serie de pasos concretos y de metas escalonadas que pueden tener seguimiento en el tiempo, y comprobarse si se están cumpliendo o si quedaron en el papel. El primer momento para evaluar será a mediados de 2007, y allí se verá si se pudieron aplicar algunas medidas comunes de gobierno electrónico para mejorar la transparencia y la gestión públicas. La primera de esas acciones concretas, que en los hechos ya está en práctica, es crear o fortalecer mecanismos de intercambio de información que permitan desarrollar “cooperación regional para la transferencia de tecnologías, plataformas, aplicaciones y programas informáticos, así como sus correspondientes conocimientos, habilidades y mejores prácticas”. En otras palabras, no inventar la rueda en cada país sino aprovechar los avances de los vecinos e intercambiarlos por los propios.
También se habla de “promover la integración electrónica de los sistemas de administración pública a través de ventanillas únicas para mejorar la gestión de los trámites y procesos intragubernamentales”. Una frase algo críptica que tiene varios componentes: poner la casa (las oficinas públicas) en orden, que los servicios estén interconectados para que la mano derecha sepa lo que hace la mano izquierda, volver los trámites más ágiles y simples. Pero esto exige también “promover la adopción de modelos de seguridad y preservación de la información en todas las instancias del gobierno con el objetivo de generar confianza en la información digital administrada o brindada por el Estado”. Paralelamente, se impulsará la firma electrónica (para ahorrar el papeleo pero de una manera segura) y establecer “medios de pago electrónicos” para que no sea indispensable la presencia física del contribuyente para que un gobierno pueda recaudar (algo muy útil, por ejemplo, para las intendencias que tienen zonas turísticas). Se mencionan explícitamente las contrataciones electrónicas (un modo de que las licitaciones y contrataciones de funcionarios sean más transparentes) y la consolidación de información de distinto tipo, en especial georreferenciada, para que “el gobierno y el sector privado cuenten con herramientas para la toma de decisiones”.

País a país

Buena parte de lo que se postula en ELAC ya se está haciendo en los países líderes, que son Brasil, Chile y México, y la mayoría de estos puntos ya están en marcha en los que ocupan el segundo escalón regional en gobierno electrónico. En este segundo escalón está Colombia y luego, con algo más de camino para recorrer, Costa Rica, Jamaica, Trinidad y Tobago. Sí, Trinidad y Tobago no sólo clasificó al Mundial de Fútbol 2006 después de un repechaje, sino que es uno de los más avanzados de la región en gobierno electrónico si se toma en cuenta su disponibilidad de recursos económicos y el tamaño de su población. Situaciones especiales son las de Argentina y Venezuela, la primera por la coexistencia de zonas avanzadas y atrasadas en esta materia, y Venezuela con una fuerte apuesta a introducir el software libre (que no necesita pagar licencias de uso) en cada vez más sectores de la administración estatal. Países como Guatemala, Perú, Bolivia, Ecuador y Panamá están en lo que podría llamarse un cuarto escalón, con los primeros pasos ya recorridos. Luego están los casos de República Dominicana y Paraguay, donde se crearon oficinas especializadas en el tema y se cuenta con un fuerte liderazgo presidencial, lo que permite suponer que paulatinamente se irán situando en el tercer y el cuarto escalón. Algo más lejos están aquellos países donde ni siquiera existe una estrategia nacional para el gobierno electrónico y donde el tema todavía no ha ingresado en el debate público real.

Impuestos en línea

La posibilidad de que los ciudadanos y las empresas paguen sus impuestos con el auxilio de las nuevas tecnologías es una de las primeras medidas en las que piensan los gobiernos cuando se habla de utilizar las nuevas tecnologías para el mejoramiento de la gestión pública. La Administración Federal de Ingresos Públicos de Argentina fue incluida en la base de prácticas identificadas de la Organización de Estados Americanos, al igual que la Dirección General Impositiva de Uruguay, en tanto que la Superintendencia Nacional de Administración Tributaria (Sunat) de Perú fue destacada por la base de datos de buenas prácticas del Instituto para la Conectividad en las Américas. Más recientemente, Ecuador puso en marcha un programa del Servicio de Rentas Interna para que a través de Internet se pueda gestionar la factura electrónica, la declaración de impuestos y las licencias previas a la importación. Si se suman las experiencias chilena y mexicana, se podrá obtener una panorámica de lo que se considera que se está “haciendo bien” en la región en cuanto a la aplicación de las nuevas tecnologías a un tema específico de gestión pública.
Lo que tienen en común esas experiencias es que no se limitan a brindar información de calendarios de vencimientos y tipos de impuestos, sino que permiten desarrollar al menos una parte del proceso de liquidación y pago en el sitio web de la institución recaudadora. La forma en que cada una lo resuelve está ligada directamente al esquema impositivo de cada país, pero todas se presentan como centradas en el usuario (en Perú, por ejemplo, se instrumentó una defensoría on line del contribuyente, a la que se accede desde el mismo portal de la Sunat). Es probable que uno de los sistemas que ofrezca una mayor posibilidad de interactividad sea, desde enero de 2005, el Servicio de Impuestos Internos chileno. La herramienta para este intercambio en línea con los ciudadanos y los agentes económicos es la llamada Cartola Tributaria del Contribuyente, que se construye por computadora en pocos segundos, incluyendo en su contenido la información que en ese instante está registrada en los sistemas computacionales del sii a nombre del titular que hace la consulta por Internet. México, por su parte, está impulsando que los usuarios del Servicio de Administración Tributaria vayan incorporando las nuevas tecnologías para la emisión de facturas y la realización de trámites, para lo cual (al igual que Chile, pero con otras características) han instituido una clave digital de autentificación personal y están difundiendo la obtención de firma electrónica por parte de los contribuyentes.
* Ayer jueves el Instituto de Gobierno Electrónico de la universidad japonesa de Wasada difundió su “Ranking mundial 2006”. En los diez primeros lugares, en orden decreciente se ubican Estados Unidos, Canadá, Singapur, Japón, Corea del Sur, Alemania, Taiwan, Australia, Reino Unido y Finlandia. Chile, Brasil y México figuran lejos, pero entre los primeros treinta.

Democratización

La Comisión Económica para América Latina, la cepal, destaca el rol de las nuevas tecnologías para apoyar la labor parlamentaria, ya que “el trabajo del Poder Legislativo de una democracia representativa está basado casi totalmente en flujos de información y procesos de comunicación, sea entre los representantes del pueblo o con los ciudadanos”. Pero para que la segunda parte de este postulado de la cepal pueda efectivizarse, es necesario que los gobiernos realicen acciones tendientes a garantizar el acceso de la mayor parte de los ciudadanos a las tecnologías en general, y a Internet en particular. Que los países tengan planes que busquen abatir la llamada brecha digital.
En este punto la cepal recuerda que hay tres requisitos para un acceso pleno a las tecnologías. “El primero es el acceso físico; dimensión en la que existe una clara diferencia entre los centros urbanos y las áreas rurales en la región. El segundo es el acceso económico, es decir, la disponibilidad de recursos financieros para que personas de distintos niveles de ingreso se conecten. Una tercera dimensión de la brecha digital es el acceso sociocultural, habiendo evidencia que el nivel educacional, el origen étnico, el género y la edad influyen” en el modo en que una persona se sitúa frente a la tecnología.

 
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