uando entraron a la casona de La
Dehesa (donde Pinochet tiene su mansión), los funcionarios de la Policía de
Investigaciones y del Registro Civil llevaban sobre sus cabezas –invisibles– al
menos 119 espíritus que han clamado por justicia por tres décadas. Las 119
víctimas de la llamada Operación Colombo. De frente, general. Ahora, de perfil.
Su mano derecha, general. Ahora su izquierda. Estire bien los
dedos.Muriel
Uno de esos espíritus es el de Muriel
Dockendorff. Era muy linda y tenía sólo 23 años. Estudiaba economía en la
universidad. Era prima de quien hoy es ministro de la Presidencia, Eduardo
Dockendorff. Fue arrestada en 1974 en su casa, arrancándola de brazos de su
madre, que clamó por saber adónde la conducirían los agentes secretos. Muriel se
perdió en la espesa niebla de los detenidos que desaparecieron en los campos de
concentración. Y como si hubiera intuido lo que iba a ocurrirle, escribió estas
líneas a una amiga que también estaba arrestada en Cuatro Alamos: “Nos
encontraremos a través de la niebla que despejaremos. No me olvides,
camarada”.
Cecilia
También de 23 años y estudiante de
derecho de la Universidad de Chile era Cecilia Castro Salvadores. Fue arrestada
en 1974, un año después del golpe militar. Era una de las mejores amigas de la
senadora electa Soledad Alvear. Su hija Valentina ya incursiona en el
periodismo.
Muriel y Cecilia eran dos jóvenes chilenas, cultas e inquietas,
que soñaban con un mundo mejor y no habían cargado más armas que sus lápices
para dibujar un Chile justo y solidario. Eso era todo y eso las hacía
peligrosas. Pertenecer a un partido de izquierda y no rendir su conciencia ante
el terror de la dictadura.
No hubo tribunales de justicia. No hubo
acusaciones ni derecho a defensa. Sabemos lo que hubo y no es necesario entrar
en detalles para sentir escalofríos. Podríamos hasta rogar por un rápido disparo
en la nuca, pero sabemos que la tortura se toma días y semanas que parecen
eterna pesadilla hasta destruir a un ser humano.
Operación
Colombo
Muriel y Cecilia son dos de los 119 chilenos que sucumbieron
en la llamada Operación Colombo, por la que el general (R) Pinochet está siendo
procesado y fue prontuariado. La mayor parte de las víctimas son jóvenes,
menores de 30 años. Los 119 no tienen en común ni el partido político ni la
fecha de arresto ni el campo de concentración. Su común denominador es una
siniestra operación matemática que eligió 60 nombres para conformar una lista y
59 para otra, sumando 119 en una “acción de comunicaciones” que requirió de
apoyo de la prensa pinochetista.
Los hechos son simples. La ONU presionaba a
la dictadura chilena para que respetara los derechos humanos. La Iglesia
Católica presentaba recursos de amparo por los prisioneros que no aparecían. Y
el general Pinochet aceptó la propuesta de su jefe de Inteligencia, el coronel
Manuel Contreras. ¿En qué consistió la Operación Colombo? En inventar una
“noticia” para deshacerse de más de un centenar de muertos. La tal noticia
informó que guerrilleros chilenos, infiltrados clandestinamente en Argentina, se
habían enfrentado en una batalla por pugnas internas. Y el trágico saldo era de
119 muertos.
La prensa
Las listas fueron publicadas por
dos revistas de única edición –la argentina Lea y la brasileña O’Dia– y la
agencia UPI difundió la noticia que fue titular de portada de los diarios
chilenos por varios días. Incluso el vespertino La Segunda –perteneciente a la
cadena de El Mercurio– tituló “Exterminados como ratas”.
Imagine por un
momento que, en esas listas, aparece el nombre de su hermano, de su padre, de su
hijo. Imagine lo que ocurrió con los padres de Muriel y de Cecilia. Las listas
se publicaron hace 30 años y de más está decir que nunca aparecieron –en
Argentina– los cuerpos de los muertos en esa supuesta
batalla.
Justicia
El dolor de las familias ahora se
alivia. El ahora lúcido Pinochet está sometido a proceso y un juez valiente,
Víctor Montiglio, ordenó prontuariarlo. Paso a paso, a golpes de sol y de agua,
de memoria y de coraje, se avanza en la tarea de hacer justicia.
*
Periodista chilena. Premio Moors Cabot de la Universidad de Columbia. Autora de
once libros, entre los que destacan Interferencia secreta, La caravana de la
muerte y Los zarpazos del puma, el más vendido de la historia de su país. De
Diario 7. Especial para Página/12