"La pregunta ya no es más si las fuerzas estadounidenses serán
retiradas, sino qué tan pronto y a qué costo", escribió Martin Van Creved,
un respetado historiador militar en la Universidad Hebrea de Jerusalén, en
el semanario Forward de Nueva York.
La moral entre los militares de carrera de Estados Unidos sigue alta,
pero su confianza en el presidente George W. Bush y otros miembros del
gobierno cayó sustancialmente en 2005, según una encuesta del semanario
castrense Military Times.
La investigación concluyó que la aprobación de los militares a las
políticas de Bush en Irak cayó de cerca de dos tercios a fines de 2004 a
54 por ciento el año pasado, mientras el respaldo a su desempeño general
disminuyó de 71 a 60 por ciento en el mismo período.
Los militares siempre han estado muy firmes detrás de Bush. Cuando los
indicadores están cayendo nueve u 11 puntos porcentuales, sobre todo en
esta comunidad, que es muy republicana y notoriamente más conservadora que
la población general, entonces el presidente debe prestar atención, dijo
el editor de Military Times, Robert Hodierne.
De esta encrucijada no se salvan ni siquiera los miembros del Partido
Demócrata. Aunque quisieran olvidarlo, muchos de ellos votaron también a
favor de la guerra. El mismo congresista demócrata, John P. Murtha, que ha
pedido el inmediato retiro de todos los soldados norteamericanos que hay
en Irak, había votado a favor de la guerra.
El pasado 17 de noviembre, John Murtha, un congresista demócrata y
veterano de la infantería de marina, propuso la retirada de las tropas de
Irak en el plazo de seis meses.
"Somos el blanco (...), estamos unificando al enemigo en contra
nuestra", dijo el legislador demócrata, John Murtha, desatando un agudo
debate sobre la posición de Estados Unidos en Irak.
Poco después, el Senado, controlado por los republicanos, votó en favor
de "una importante transición hacia la plena soberanía de Irak en 2006".
Tras una resistencia inicial, Bush empezó a cambiar su retórica al dar a
entender que la reducción progresiva de las tropas ocurriría antes de lo
que se había esperado.
La erosión del apoyo público a la política de Bush en Irak es muy
intensa. El 54% de los estadounidenses dice que su gobierno se equivocó al
enviar tropas, frente a 24% al comienzo de la guerra en marzo de 2003. En
parte, esa opinión refleja el aumento del número de víctimas, con más de
2.000 soldados estadounidenses muertos hasta mediados de diciembre,
sostuvo Joseph S. Nye, profesor en la Escuela Kennedy de Ciencias
Políticas de la Universidad de Harvard.
Elecciones sin la carga de Irak
Además, muchos republicanos y demócratas ya piensan en las elecciones
presidenciales de 2008. Nadie quiere llegar a la campaña electoral sin
resolver el tema de Irak y menos con un incremento en la cifra de soldados
muertos. Parece más realista pensar que el gobierno republicano dispondrá
sólo de 18 meses a dos años para aplicar su estrategia de retirada,
explican algunos analistas. La retirada es un hecho y el calendario es lo
que se discute.
Entre tanto, los demócratas están divididos. Unos, como John Murtha y
Nancy Pelosi, la líder de la minoría en la Cámara de Representantes,
quieren un calendario corto, mientras que otros, como el senador Joseph
Biden, se resisten a ofrecerlo, pero predicen una retirada de 50 mil
soldados en 2006, a los que seguirán en 2007 muchos de los 100 mil
restantes. "Quienes creemos que la invasión a Irak fue un error y que Bush
es culpable de un orgullo desmedido, al haber carecido de un plan para la
posguerra, afrontamos un dilema: si EEUU se retira precipitadamente, puede
agravar esos errores", opina Joseph S. Nye, Profesor en la Escuela Kennedy
de Ciencias Políticas de la Universidad de Harvard.
Irak no es como Vietnam, donde a la salida de los estadounidenses
siguió una estabilidad impuesta por un gobierno autoritario. En Irak, el
peligro es el de que a su salida siga una guerra civil y el caos.
condiciones ideales para que los terroristas mantengan sus refugios. Irak
difiere de Vietnam en otro sentido. A diferencia de los vietnamitas del
Norte, los insurgentes sunitas lo tendrán difícil para hacerse con un país
en el que representan 20% de la población. De hecho, como los árabes
chiítas y los kurdos constituyen 80% del país, la insurgencia está
limitada sólo a cuatro de las 18 provincias de Irak, opina el profesor
Nye.
Hoy la creencia en aumento es que la guerra está fracasando. Como dijo
recientemente Peter Feaver, experto en opinión pública de la Universidad
de Duke, que ahora presta servicios de asesor en la Casa Blanca, los
americanos toleran la existencia de víctimas cuando creen que una guerra
es justa y tienen suficientes perspectivas de éxito, pero ahora los
ciudadanos dudan respecto de esos dos aspectos.
El gobierno paga el precio de haber cometido una pifia en la ocupación
posterior a la invasión. No es de extrañar que la nueva retórica de Bush
subraye que tiene una "estrategia para la victoria", sostiene el profesor
de Harvard.
Consejos para el presidente
El tema llegó a un punto tan crítico que el presidente Bush reunió en
la Casa Blanca a una congregación sin precedentes de actuales y ex
secretarios de Defensa y de Estado, mucho más amplia que su cerrado
círculo de asesores, para solicitar consejos sobre los pasos futuros en
Irak.
Este grupo de intelectuales de primer nivel de Washington incluyó a
algunos de los más duros críticos de la política del gobierno
estadounidense en Irak, entre ellos varios prominentes demócratas y
republicanos.
"No todos en esta mesa están de acuerdo con mi decisión de ir a Irak,
lo comprendo plenamente. Pero son buenos e íntegros estadounidenses que
entienden que debemos tener éxito ahora que estamos allá", reconoció Bush.
"Soy el más complacido por las sugerencias que nos han dado. Recibimos
los consejos con el corazón. Apreciamos su experiencia y apreciamos que
hayan dedicado el tiempo" para participar en esta reunión.
Entre los asistentes estaban Colin Powell, secretario de Estado durante
el primer período de Bush, y otros ex secretarios de Estado, incluidos
Madeleine Albright, Lawrence Eagleburger y James Baker.
Entre los ex secretarios de Defensa estaban William Cohen, William
Perry, Frank Carlucci y Harold Brown.
Bush explicó que la actual secretaria de Estado, Condoleezza Rice, y el
secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, junto con el embajador de
Washington en Irak, Zalmay Khalilzad, y el general George Casey,
comandante norteamericano en Irak, informaron a los ex funcionarios sobre
la "estrategia de victoria en Irak".
"Tuve la oportunidad de escuchar sus inquietudes y sugerencias sobre
los pasos futuros", dijo Bush.
Bush invitó hasta colaboradores del ex presidente John F. Kennedy, como
el ex secretario de Defensa Robert McNamara, quien participó en la
reunión.
Indicó que su gobierno procura un enfoque de "dos vías" para alcanzar
la victoria sobre los insurgentes en Irak.
"Por una parte, trabajaremos para tener un proceso político que diga a
los iraquíes, 'el futuro les pertenece a ustedes'. Y, por otro lado,
continuaremos trabajando allá en la situación de seguridad", agregó Bush.
"La mayor prueba de nuestro éxito será cuando los iraquíes sean capaces
de asumir la lucha contra el enemigo que desea detener su democarcia, y
estamos logrando buenos avances en esas líneas", dijo.
Representantes del gobierno de Estados Unidos están negociando con
insurgentes iraquíes, con el fin de enfrentarlos a los terroristas
extranjeros de Al Qaeda e incorporarles al proceso político, informó The
New York Times, en el marco de lo que muchos analistas consideran como
pasos para una retirada ordenada.
50.000 soldados vuelven a casa
Previamente el presidente Bush confirmó, después de una reunión con sus
responsables políticos y militares de la ocupación de Irak, la decisión de
reducir de diecisiete a quince el número de brigadas de combate en ese
país y previó "ulteriores posibles ajustes" en el volumen de tropas
desplegadas allí. "En el 2006 -dijo Bush- la misión es seguir
transfiriendo más y más territorio y más y más responsabilidad a las
fuerzas iraquíes".
La retirada de las tropas de la coalición internacional liderada por
Washington comenzará este año con la salida definitiva de más de 50.000
soldados, anunció previamente el asesor de Seguridad Nacional iraquí,
Muafak al Rubai.
La novedad coincidió con la visita no anunciada que el secretario de
Defensa estadounidense, Donald Rumsfeld, realizó a una base militar de su
país ubicada en el corazón de la insurgencia para levantar el ánimo de los
soldados que pasaron la Navidad lejos del hogar.
Rumsfeld confirmó que Estados Unidos será de los primeros países en
replegarse, ya que dos batallones de combate, unos 7.500 soldados,
abandonarán Irak a la brevedad.
Entre enero y diciembre de 2006 se implementará la retirada de por los
menos 50.000 efectivos, mientras que el Ejército y la Policía iraquí se
prepara para combatir a la todavía poderosa insurgencia que jaquea al
gobierno de Irak y a las tropas que ocupan el país.
En la actualidad, hay destacados en Irak unos 170.000 soldados
extranjeros, la inmensa mayoría de ellos estadounidenses.
Estados Unidos tiene unos 160.000 soldados destacados en Irak, 22.000
de los cuales forman parte de una fuerza complementaria que fue movilizada
en los últimos meses de 2005 para garantizar la seguridad durante las
recientes elecciones parlamentarias iraquíes.
El tema de la retirada está en el primer lugar de la agenda, pero "lo
que importa, sin embargo, es que decidir el momento y la modalidad de la
retirada depende del pueblo de Irak y de sus aliados de la coalición. Es
un juicio que no podría decidir nadie ajeno... Aquellos que se opusieron a
la liberación, y aquellos que han hecho todo lo que han podido para
deshacerla no tienen ningún derecho moral a unirse al debate", afirma el
analista iraní Amir Taheri que dirige la revista francesa Politique
Internationale.