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11 de enero
de 2006 |
Página12
de Argentina - 10 de Enero de 2006
Cultura y política
Eduardo Pavlovsky*
Había leído dos libros del inglés Martin Amis: El dinero y La flecha del
tiempo. Escribe bien. Pero en los dos sentí un tufillo raro. Después leí Koba el
temible. Un intento fallido de describir a Stalin. Pero a estos intelectuales
fascistas hay sólo que citarlos para descubrir su verdadera ideología. En la
página 52 de este libro dice: “Con los zares un ruso amante de la libertad tenía
muchísimas más posibilidades y medios de expresión que durante el gobierno de
Lenin y Stalin. Estaba protegido por la ley. Había en Rusia jueces valientes e
independientes. El sistema jurídico ruso era una magnífica institución después
de las reformas de Alejandro y no sólo sobre el papel. Legal o ilegalmente
florecieron periódicos de diversas tendencias y partidos políticos de todas las
clases posibles y todos los partidos tenían representación en la Duma. La
opinión pública fue siempre liberal y progresista”. Más tarde, en la página 99
agrega: “El nazismo no destruyó la sociedad civil. El bolcheviquismo sí. Es la
razón del milagro de la recuperación alemana y de los fracasos de la Rusia
actual”. Aquí pone el moño: “El nazismo no destruyó la sociedad civil”. ¿Y los
judíos alemanes no formaban parte entonces de la sociedad civil? Cuando digo que
el libro de Amis es fallido es porque en ese libro Stalin aparece como el
sucesor natural de los criminales Trotsky y Lenin. No se hizo una revolución en
Rusia. Sólo se mató gente. Otra joyita de Amis: “Hitler persiguió solamente a
minorías relativamente pequeñas (los judíos fueron sólo el uno por ciento de la
población). Si uno compara el libro de Amis con El Stalin desconocido de
Medvedev podría apreciar la diferencia entre los dos. El panfleto barato de Amis
sobre Stalin y el libro científico y exhaustivo de Medvedev. Le sugeriría leer
al escritor inglés también La Revolución Rusa, un tratado de Orlando Figes,
donde dice: “La Revolución Rusa no es sólo uno de los acontecimientos más
trascendentales del siglo veinte sino también un proceso histórico que alteró
radicalmente la trayectoria de todo un pueblo y que influyó decisivamente en
todo el mundo posterior”. Para Amis, en cambio, los sucesivos crímenes de
Trotsky, Lenin y Stalin fueron el epicentro de la Revolución Rusa que rompió con
toda la estructura jurídica de esta magnífica institución zarista.
Tanto
pensamiento reaccionario de este niño mimado de las letras inglesas no lo había
escuchado jamás. Por eso no me extrañaron sus declaraciones a la periodista
Patricia Kolesnicov. Vale la pena citarlo en sus propias palabras: “El Islam es
una religión del aburrimiento. Imagínese rezar cinco veces al día y memorizar el
Corán. Uno no puede ser libre ni en el baño... no es una guerra económica. Tiene
que ver con el fracaso del Islam. Después de 1500 años le prestaron atención a
Occidente cuando empezaron a perder batallas. Están perdiendo. El fracaso es la
derrota en manos de la civilización occidental”. Aquí Amis ofende directamente a
la religión islámica y a sus millones de fieles con un total desconocimiento de
la complejidad del Corán. También hace duras críticas al terrorismo islámico,
pero se cuida muy bien de hablar del fundamentalismo cristiano y de su
terrorismo criminal. Las 200.000 víctimas civiles iraquíes inocentes de la
primera invasión a Irak y las 30.000 de ahora dan una pauta del tremendo poder
destructivo del terrorismo cristiano, pero eso no cuenta para el señor Amis. El
único peligro es el fundamentalismo islámico que por su resentimiento quiere
destruir a la civilización occidental. Así de simple. Bien a la inglesa. Y no le
van en zaga los franceses en su nuevo giro a la derecha. El economista francés
Alain Minc retrata a las minorías oprimidas (negros, árabes, homosexuales,
feministas) como “haciéndose” pasar por oprimidos. Los nuevos reaccionarios
franceses están convencidos de que las víctimas son las sociedades blancas,
prisioneras de la estrategia de la culpa “orquestada” por el tercer mundo, y
agrega: si Sartre, Camus o Foucault vivieran serían sus peores enemigos. El gran
último intelectual francés fue Jean-Paul Sartre.
Pero volviendo al tema
del artículo, “no todo está podrido en Inglaterra”. De la “enanez” moral del
señor Amis a la gigantesca ética de Harold Pinter. Tal vez lo mejor del señor
Amis sea haberse casado con una uruguaya que dicen que es hincha de Peñarol y
cuyo ídolo es Forlán, el que juega en el Villarreal de España. Lo
único.
* Autor, director y actor teatral. Entres sus obras se cuentan
El Señor Galíndez, Potestad y La muerte de Marguerite Duras.
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