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14 de enero de 2006
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Brecha
de Uruguay - 13 de enero de 2006
Saqueos, explotación sexual, pornografía...
Graves acusaciones contra militares uruguayos en el Congo
La conducta de oficiales y soldados uruguayos
desplegados en el Congo bajo el estatuto de Cascos Azules
quedó seriamente cuestionada tras un informe de las Naciones
Unidas que incorpora acusaciones de graves delitos. El
Ministerio de Defensa instruyó una investigación, dictó
sanciones y ordenó bajas, aunque no pudo probar los episodios
de violencia sexual contra mujeres menores.
Samuel Blixen
Veintinueve militares uruguayos que participaron
de los contingentes de paz en el Congo, entre ellos varios
oficiales, fueron acusados por las Naciones Unidas (onu) de
gravísimos delitos: saqueos, deserción, violación de menores,
explotación sexual, pornografía, e incitación a la
prostitución, entre otros. Las denuncias se comunicaron
inicialmente en enero de 2005, pero fueron desestimadas por
Yamandú Fau, entonces ministro de Defensa del gobierno de
Jorge Batlle. Una reiteración de las denuncias de los
responsables del programa para las Operaciones de
Mantenimiento de la Paz (peacekeepers) fue trasladada por la
Misión de Uruguay en la onu a fines de octubre último al
Ministerio de Defensa. El informe de la Oficina de
Supervisión de Servicios del cuartel general de Monuc, las
fuerzas de paz en el Congo, detalla algunos de los episodios y
aporta la identificación de los responsables de la mayoría de
los delitos. La ministra Azucena Berrutti ordenó en
noviembre último una investigación que culminó un mes más
tarde en la aplicación de sanciones por parte de tribunales de
honor del Ejército y la Fuerza Aérea en los casos en que
estaban involucrados oficiales, y la baja para algunos de los
soldados denunciados. Sin embargo, la justicia militar no
logró confirmar responsabilidad en las acusaciones sobre
violaciones a menores y violencia sexual porque, según alegó a
BRECHA el subsecretario de Defensa, José Bayardi, “Naciones
Unidas no aportó pruebas”. De acuerdo con fuentes
consultadas por BRECHA ninguno de los casos fue derivado a la
justicia ordinaria, tal como lo sugerían el informe de la onu
y el representante del secretario general para el Congo, como
parte de un esfuerzo para contener la reiteración de episodios
de abuso sexual e incitación a la prostitución, en que se
vieron envueltos personal de las fuerzas de paz de varios
países que operan en la provincia de Iture. En el Congo
operan unos 10 mil cascos azules sobre los que la onu no tiene
jurisdicción y cuyo cometido es preservar a la población civil
de las consecuencias de los conflictos que sufre la región,
asolada por milicianos reclutados en Uganda y Rwanda y
envueltos en un conflicto entre dos etnias, los herma y los
lendu, que se disputan el control de la región para la
explotación de diamantes, oro y colton, un mineral utilizado
en telecomunicaciones, especialmente en teléfonos
celulares. Una vez concluidas las investigaciones de la
justicia militar, la cartera de Defensa elaboró un expediente
que fue derivado a la cancillería para su envío a la misión
uruguaya en Nueva York. Según informaron a BRECHA fuentes de
la Dirección de Asuntos Políticos de la cancillería, el
informe de unas cien páginas sería comunicado en breve a las
autoridades de la onu.
LAS DENUNCIAS
El documento de
las oficinas de Mantenimiento de la Paz, al que BRECHA tuvo
acceso, contiene 29 denuncias. Tres de ellas se refieren a
otros tantos casos de violación de menores cometidos por una
“banda” de soldados uruguayos. Uno de los casos, ocurrido en
mayo de 2004 y sustanciado en el expediente boi 04/101, fue
cometido en Bunia, una ciudad al noreste del Congo, sobre el
lago Alberto. Los oficiales del Monuc no lograron identificar
a los responsables, que abandonaron Bunia cuando se produjo el
relevo de efectivos. La víctima quedó embarazada y dio a luz a
un hijo. Otro caso, consignado en el expediente dpko/019
como “violación de menor”, fue cometido en agosto de 2004 en
Uvira, provincia de Kuvi, por una banda de violadores
integrada por soldados no identificados, que retornaron a
Uruguay luego de la rotación del contingente. El tercer caso,
rotulado dpko/153, simplemente consigna la “violación de una
menor por dos soldados uruguayos”. Un cuarto caso, que no
es tildado de violación sino de “sexo con menor”, fue
atribuido a Anuarute, que según explicó a BRECHA el
subsecretario Bayardi, sería la transcripción literal del
nombre del perpetrador expresado en el dialecto de la víctima,
que también resultó embarazada. La no identificación de los
responsables y la ausencia de otros elementos de prueba
impidieron, según el subsecretario Bayardi, confirmar los
casos de violencia sexual, pese a la investigación realizada.
Bayardi agregó que, en cambio, sí se confirmaron episodios de
relaciones sexuales con mujeres locales menores de edad, que
están prohibidas por las normas de la onu y son pasibles de
sanción por nuestros códigos militares. Sin embargo, las
denuncias contenidas en el informe de la onu atribuyen
características especiales a tales “actos sexuales”. La
investigación sobre abuso sexual contra Marie Thsibola culminó
con la aceptación de los cargos por Laudelino Pechi y Nedi
Álvez, miembros uruguayos del Monuc, cuya repatriación estaba
en proceso en octubre de 2005, fecha de emisión del informe;
ambos admitieron haber introducido a la mujer en las
instalaciones militares de la misión. Mario Moreira y
otros fueron acusados de “prostitución” al ser “encontrados en
un edificio abandonado con la víctima”. Sergio Gamarra,
repatriado durante la rotación normal en mayo de 2005, fue
acusado de “acoso sexual, explotación sexual y pornografía”.
Nelson Acosta fue acusado de tomar contacto en el mercado de
Kindu con un niño para que le proveyera mujeres dispuestas a
tener relaciones sexuales a cambio de dinero. Acosta fue
sorprendido con una mujer en su dormitorio del cuartel. Carlos
Johnny González, según la documentación, indujo a la
prostitución y mantuvo relaciones sexuales en público. Las
autoridades de la onu recomendaron su repatriación y una
investigación criminal. Luis Alberto Sanchez también cometió
actos sexuales en público y fue repatriado. José Aguirre fue
acusado de “explotación de relaciones sexuales” (lo que puede
interpretarse como proxenetismo) y abandonó el Congo en mayo
de 2005 después de iniciada una investigación, que sigue en
curso, sustanciada en el expediente dpko/117/kal/2005. Un
par de acusaciones de violación de las normas sobre conducta
sexual de las tropas de paz involucran a dos oficiales. El
coronel Luis Lavista, comandante del contingente uruguayo, fue
investigado en el expediente boi 04/66 por “prostitución en
visitas organizadas al bar Jardin”. El teniente coronel
(aviador) Pablo Taramasco, miembro del staff del comando, fue
acusado de “acoso sexual, explotación y almacenamiento de
material pornográfico”. El material pornográfico fue ubicado
en la memoria de su computadora, cuyo fondo de pantalla
consistía en la foto de una mujer negra, desnuda, con una
flecha sobre el pubis y una leyenda que decía: “Esta es la
verdadera puerta de entrada a África”. Su caso fue sustanciado
en un expediente boi y estaba en curso en octubre de 2005;
regresó a Uruguay en mayo del mismo año. El expediente BOI
06//017, rotulado “sustanciado” contra el coronel Arquímedes
Cabrera, fue sintetizado en el informe enviado a Uruguay de la
siguiente manera: “Inconducta sea. Entre otras alegaciones,
actuó contrario al buen orden y la disciplina militar
involucrado en ‘relaciones no oficiales’ con un nacional
congolés”. El coronel Cabrera, según el informe, “fue rotado
antes de la conclusión del caso en mayo de 2005. Fue
solicitada su repatriación por causas
disciplinarias”. Otros dos oficiales resultaron
investigados por su conducta en el Congo. El teniente coronel
Ariel Sánchez Aries, mientras estaba destacado como miembro de
Minurso, abandonó su puesto el 17 de julio de 2004. Su
presencia fue reportada en Las Palmas, en compañía de su
familia, contrariando las regulaciones de la onu. Fue
repatriado en ausencia el 27 de julio de 2004. El mayor
Enrique Barrios protagonizó un accidente de tránsito el 5 de
octubre de 2004. “El mayor Barrios conducía bajo la influencia
del alcohol, a una velocidad por encima de los límites,
abandonó la escena y retornó a los cuarteles generales sin
reportar el accidente, trasladando a un contratista sin el
permiso correspondiente.” Fue repatriado el 15 de octubre de
2004. Las autoridades de la onu en su momento solicitaron
al gobierno uruguayo la investigación criminal de nueve
soldados: Nelson Barrera, Wissler Bentos, Roberto Carrizo,
José Cópola, Wilson Macedo, Eduardo Olivio, Nuber Osorio y
otros dos no identificados, que el 6 de setiembre de 2003
participaron en actos de saqueo en Bunia, presumiblemente en
los episodios en que se denunció el robo de un cáliz. Se
solicitó su repatriación, pero los acusados retornaron a
Uruguay durante la rotación normal. El subsecretario
Bayardi afirmó a BRECHA que la investigación realizada en
noviembre último sólo permitió confirmar “unos pocos casos”
del total de 29 denuncias. Se decretaron algunas bajas, que
involucraron a algunos de los soldados involucrados en el
saqueo. Se aplicaron también sanciones disciplinarias: las
acusaciones contra el teniente coronel Taramasco sobre
explotación de material pornográfico y acoso sexual no fueron
confirmadas, pero sí se comprobó la existencia de material
pornográfico en su computadora. La conducta del coronel
Lavista, acusado de “prostitución”, quedó limitada, tras la
actuación del tribunal de honor, a una contravención por sus
visitas al bar Jardín, dijo Bayardi. El subsecretario acotó
que “es prácticamente imposible impedir que el personal
mantenga relaciones sexuales con mujeres locales” e indicó que
las normas de la onu al respecto son en extremo severas. De
todas formas, agregó, algunas de las faltas comprobadas son
duramente castigadas por los reglamentos internos de las
Fuerzas Armadas. Bayardi subrayó el pronto diligenciamiento de
la investigación una vez que las nuevas autoridades tomaron
formal conocimiento de las acusaciones.
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