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14 de enero de 2006
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El Periódico
de Catalunya - 10 de enero de 2006
Guerra a la Coca-Cola
• El boicot de un sindicato de Colombia a la bebida suma adhesiones en todo el mundo
• La multinacional está acusada de emplear a paramilitares como sicarios
Gloria Helena Rey Bogotá
La Universidad de Michigan fue una de las que
suspendió la venta de Coca-Cola a sus 50.000 alumnos este
primero de enero, ocasionando a la multinacional pérdidas
estimadas en más 1,2 millones de euros (200 millones de
pesetas). Sin embargo, esa cifra podrá multiplicarse en los
próximos días porque "por lo menos, unas 1.000
universidades y colegios universitarios de todo el mundo
piensan unirse a la campaña mundial" contra el consumo de
esa bebida, según afirma Edgard Páez, del Sindicato Nacional
de Trabajadores de la Industria de Alimentos (Sinaltrainal),
que congrega a 2.500 empleados de Coca-Cola en
Colombia. "Hay procesos en marcha en universidades y
centros educativos de Estados Unidos, Canadá, Italia, Irlanda
y el Reino Unido que deben decidirse en estos días, pues es a
principios de año cuando se renuevan o no los contratos de
suministro de alimentos y bebidas. Sólo en el Reino Unido, el
proceso del veto al consumo de Coca-Cola está en marcha en 536
universidades. Además, esperamos que se nos unan otras
organizaciones sociales en los próximos meses", subraya
Páez. Según el diario The Atlanta
Journal-Constitution, por lo menos nueve universidades
norteamericanas han suspendido sus contratos con Coca-Cola a
causa de la situación en Colombia.
Dos años de campaña
Bajo el lema Porque amo la vida no tomo
Coca-Cola, el sindicato colombiano inició hace dos años la
campaña internacional contra el consumo de la bebida no
alcohólica más consumida en el mundo. Además, la central tiene
abiertos cuatro juicios contra la multinacional en Estados
Unidos, en los que la acusa de haber empleado a grupos
paramilitares de ultraderecha para asesinar, entre 1992 y
2002, a nueve sindicalistas que trabajaban para la firma en
Colombia, y de perseguir e intimidar a otros
empleados. Páez explica que el sindicato pretende que la
comunidad internacional presione para que se abra una
investigación en la empresa que opera en Colombia a fin de
establecer responsabilidades sobre los nueve asesinatos y
sobre los secuestros, persecuciones e intimidaciones que han
sufrido los trabajadores de Coca-Cola en Colombia por parte de
grupos paramilitares presuntamente contratados por la firma.
"No queremos que eso quede en la impunidad, especialmente
ahora, con las negociaciones de paz entre el Gobierno y los
paramilitares", dice.
Pesticidas en la India
La
Universidad de Michigan suspendió la venta de Coca-Cola en sus
tres campus por considerar que la multinacional permite los
abusos contra los derechos humanos y la degradación
medioambiental, según denunció en un comunicado en el que
anunció su decisión, y tras recibir y evaluar quejas de la
Organización de Estudiantes para la Igualdad Laboral y
Económica (Students Organizing for Labor and Economic
Equality). Esta organización estudiantil acusa a Coca-Cola de
conspirar con grupos paramilitares en Colombia para atemorizar
a los líderes sindicales y de vender bebidas en la India con
elevados niveles de pesticidas. La universidad afirmó
inicialmente que renovaría los contratos con Coca-Cola de
forma condicional, hasta que la empresa realizara una
auditoría independiente e implementara un plan correctivo.
Ade- más, se ofreció, junto con otras universidades, para
financiar la investigación, pero Coca-Cola le informó de que
no estaba preparada para examinar sus prácticas comerciales y
laborales en Colombia y la India, pues una demanda civil le
impedía participar en la investigación. El director de
comunicaciones de Coca-Cola en Colombia, Pablo Largacha,
atribuye la campaña del sindicato colombiano a una de las
demandas que interpuso ante los tribunales norteamericanos en
el 2001, en la que relacionó por primera vez a la empresa con
el asesinato de uno de los nueve sindicalistas. Este crimen
ocurrió en la planta de Carepa, en la zona bananera de Urabá
(en el oeste de Colombia), hace casi 10 años.
Defensa empresarial
Además, Largacha afirma lamentar que las
organizaciones de derechos humanos, laborales y
medioambientales, en su mayoría vinculadas a las
universidades, "estén tan mal informados sobre lo que
sucede en Colombia" y resalta que la empresa tiene pruebas
de que sus directivos no tienen relación con la muerte del
sindicalista. "Hay un veredicto que dice que no hay indicio
alguno de que la embotelladora de Carepa tuviera que ver con
la muerte de estos líderes sindicales", asegura. En
Colombia existen 20 plantas embotelladoras de Coca-Cola, de
las que 17 pertenecen a la firma Panamco Colombia S.A. y 3 son
dirigidas por particulares. Los trabajadores de estas
embotelladoras están afiliados al Sinaltrainal, un sindicato
fundado en 1982 mediante la fusión de otros de compañías
multinacionales de alimentos y bebidas. Además de en
Colombia, numerosos trabajadores de Coca-Cola en Guatemala
también han denunciado atropellos. Según fuentes de los
sindicatos, entre 1968 y 1980, seis de sus dirigentes fueron
asesinados y otros cuatro desaparecieron sin dejar
rastro. Al respecto, Páez advierte: "En Colombia no
dejaremos que los asesinatos ni los otros atropellos cometidos
aquí queden en la impunidad".
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