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15 de enero de 2006
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Brecha
de Uruguay - 13 de enero de 2006
El TLC, los espagueti, el “nuevo regionalismo” y nosotros
Si bien la Organización Mundial de Comercio (OMC) suele
concentrar la atención mediática cuando de negociaciones
comerciales se trata, lo cierto es que las últimas dos décadas
se caracterizaron por la proliferación de acuerdos
bilaterales, plurilaterales y regionales entre los
estados.
Gabriel Papa
El “mapeo” de la red de
vínculos y acuerdos resultante dio lugar a una conformación
que, en función de su densidad, es denominada “spaghetti
bowl”*. La nueva dinámica en materia de negociaciones
–caracterizada por la concreción de acuerdos mucho más
abarcativos y profundos que los de antaño en relación con la
variedad y la calidad de los compromisos asumidos– se ha dado
en llamar “nuevo regionalismo”. La realización de tratados de
comercio e inversión entre economías de muy distinto poderío
es, también, una característica del “nuevo regionalismo”.
BEMOLES
Son muchos los resultados positivos que, se
sostiene, acarrearía para los países más débiles la concreción
de este tipo de acuerdos con países más poderosos. El acceso a
mercados de gran poder adquisitivo, la atracción de
inversiones y la adopción de prácticas e instituciones
similares a aquellas que están asociadas al “éxito” de los
países desarrollados son las consecuencias benéficas más
mencionadas... y esperadas. Pero no todo es tan sencillo y
convendría tener en cuenta la evaluación de expertos que, con
moderación, fundamentan sus análisis en la teoría y la propia
historia. Es así que el reconocido investigador argentino en
temas económicos y comerciales Roberto Bouzas afirma que “para
alcanzar estos resultados, que no son automáticos, los
acuerdos Norte-Sur deben ofrecer una respuesta adecuada ante
al menos cuatro desafíos: asegurar la reciprocidad efectiva;
ayudar a cubrir los costos de ajuste y transición; impedir la
consolidación de dinámicas de polarización y asegurar que los
efectos institucionales indirectos sean positivos; y,
finalmente, que el socio en desarrollo pueda asimilarlos de
manera eficaz”.** En materia de “reciprocidad” (definida
como la política por la cual los gobiernos se otorgan
mutuamente concesiones equivalentes), “la historia demuestra
que no ha sido fácil aplicarlo en el sistema de comercio
multilateral”. “Según muchas opiniones –agrega
diplomáticamente Bouzas–, los países en desarrollo asumieron
compromisos en algunas áreas –como la protección de los
derechos de propiedad intelectual o la aplicación de
disciplinas de inversión relacionadas con el comercio– sin
conocer totalmente sus efectos y repercusiones, por lo que la
reciprocidad era casi imposible”. Pero “varias
características estructurales de la integración regional
Norte-Sur” no parecen coadyuvar en el logro de tal
“reciprocidad” en el plano bilateral. En primer lugar, la
política importa. “Los países industrializados generalmente
tienen instituciones democráticas sólidas, que hacen que los
votos de los ciudadanos pesen más en el proceso político
interno que en los países en desarrollo”, por lo cual “las
legislaturas de las democracias industrializadas tienden a
desempeñar un papel más importante en el diseño de políticas y
a canalizar los intereses del sector privado en forma más
efectiva”. En los países en desarrollo (ped), “el sector
privado tiende a estar mejor organizado en torno a cuestiones
defensivas y, por lo general, provee una frágil base para
elaborar una agenda de negociación ofensiva”.
MÁS BEMOLES
Por otro lado, difícilmente los ped logran en los
temas bloqueados en la OMC soluciones “más equilibradas”
cuando encaran negociaciones bilaterales. En palabras de
Bouzas, “los subsidios nacionales a los productos agrícolas de
regiones templadas y la instrumentación de ‘medidas de alivio
comercial’, sobre todo derechos antidumping, son algunos de
los aspectos controvertidos. Un examen superficial de los
acuerdos preferenciales Norte-Sur que están vigentes parecería
confirmar que estos temas no fueron abordados adecuadamente
por los negociadores”. Pero la dinámica impuesta por
Estados Unidos tampoco ayuda. Al TLC concretado por este país
con Chile tiempo atrás, se le agregaron en las últimas semanas
y meses los firmados con América Central, el Caribe y Perú,
así como los que están siendo negociados con Colombia y
Ecuador. En ese marco, crece considerablemente el costo de
“quedarse afuera” de la carrera. Un costo que se paga por dos
vías: por perder, en manos de países que ya tienen un “acuerdo
preferencial”, posiciones en el mercado de Estados Unidos y
por la renovada competencia que los productos originados en
ese país realizan en los mercados ahora “preferidos” por la
gran potencia. En este sentido, por ejemplo, se prevén tiempos
difíciles para las exportaciones de arroz que deban competir
con el subsidiado arroz estadounidense. En un plano
general, Bouzas plantea que “en el contexto actual de
incertidumbre con respecto a la evolución del régimen de
comercio multilateral, los ‘incentivos defensivos’ resultantes
pueden hacer que los costos de la no participación sean
insostenibles desde el punto de vista económico y político. Al
aumentar los ‘costos de exclusión’ percibidos, también puede
elevarse el ‘boleto de entrada’ para acceder a los acuerdos y
disminuir la probabilidad de acuerdos equilibrados y
recíprocos”. La negociación multilateral bloqueada y agresiva
y la propuesta de TLC bilaterales por parte de Estados Unidos
pueden conformar una peligrosa combinación... tanto para los
que “entran” como para los que quedan a la
intemperie.
DEPENDE, TODO DEPENDE
La implementación de
los TLC también tiene importantes “costos de transición y
ajuste”. Y, como es de suponer, dice el investigador, “estos
temas son aun más importantes para los ped, donde los costos
de ajuste generalmente son mayores y se dispone de menos
recursos financieros, políticos e institucionales para hacer
frente a sus consecuencias. Si este problema no se trata en
forma cooperativa, puede conducir a un aumento de las
asimetrías preexistentes, al permitir que el país desarrollado
maneje de manera más eficaz sus propios costos de ajuste o
inclusive transfiera algunos de ellos a su socio en
desarrollo”. Finalmente, la existencia de “fallas de
política y de mercado (mal funcionamiento de los mercados, en
particular financieros, tecnológicos y de información, así
como notorias debilidades administrativas e institucionales)
también puede contribuir a transformar los costos de ajuste y
transición en dinámicas de polarización y trayectorias
divergentes”. Como consecuencia, el camino al infierno puede
estar empedrado de buenas y librecambistas intenciones. Bouzas
apunta: “los acuerdos preferenciales Norte-Sur ofrecen
oportunidades de convergencia en los niveles de ingreso per
cápita entre los países ricos y pobres, pero también pueden
consolidar círculos viciosos de estancamiento y decadencia”.
Es así que, a pesar de lo sostenido por los
fundamentalistas del libre mercado, “no hay razones teóricas
por las que una trayectoria debiera predominar sobre la otra.
Algunos autores hacen hincapié en las fuerzas que promueven la
convergencia, mientras que otros recalcan la persistencia de
desempeños económicos divergentes a lo largo del tiempo”. Los
“efectos de polarización” podrían “acentuar las desigualdades
preexistentes y hacer que los acuerdos de comercio
preferencial sean insostenibles desde el punto de vista
económico, político o ambos, a menos que se adopten políticas
públicas activas”, para las cuales los recursos (públicos) no
abundan, mientras los TLC no prevén “fondos de apoyo”
financiados por el socio más poderoso. Si bien los llamados
argumentos de “autoridad” –aquellos que se basan en la
pretendida infalibilidad de las opiniones vertidas por
supuestos expertos– no pueden ser el fundamento de una toma de
posición, parece conveniente atender el “remate” que Bouzas le
da a su análisis. “Serias preocupaciones” –originadas por la
combinación de la situación multilateral en materia de
negociaciones y las perspectivas del regionalismo Norte-Sur–
son las dos palabras con las que concluye el informe.
* La lectura del informe sobre la OMC contenido en
la separata de economía incluida en la presente edición de
BRECHA brinda más elementos para la comprensión del
problema. ** “El nuevo regionalismo y el área de libre
comercio de las Américas: un enfoque menos indulgente”,
Roberto Bouzas, Revista de la cepal, número 85.
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