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18 de enero de 2006
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La
ONDA digital de Uruguay - 17 al 23 de enero de 2006
Por qué
triunfan gobiernos
socialistas en Sudamérica:
¿el Che o Allende, tenían razón?
Diálogo
exclusivo con el profesor
Luis Alberto Moniz Bandeira
En diálogo exclusivo con nuestra
revista el profesor, intelectual, analista, historiador y columnista de
La ONDA digital, Luis Alberto Moniz Bandeira, analiza las causas de la
reciente crisis política del partido de Lula, las nuevas tendencias
políticas emergentes en Latinoamérica, donde triunfan electoralmente
gobiernos de izquierda. Responde a la interrogante de si hoy el que triunfa
es el Che o Allende.
Moniz Bandeira es autor de un
reciente libro Formação do Império Americano - da
guerra contra a Espanha à guerra no Iraque (Civilização
Brasileira) que se ha convertido en un verdadero suceso editorial en Brasil
y que empieza a ser conocido en otros paises de la región y Europa.
- ¿Qué
causas políticas y sociales provocaron la crisis que ha vivido durante
los últimos meses el gobierno de Lula?
– Son muy complejos y contradictorios
los factores que determinaron la crisis que ha vivido el gobierno de Lula.
La gran mayoría de los militantes del Partido de los Trabajadores
(PT) no tenía experiencia alguna en la administración federal
y muchos hasta antes de las últimas elecciones en 2002 no querían
hacer alianza de especie alguna con otros partidos. Pero, el PT, aunque
Lula fuera electo presidente de Brasil, no tenía en el Congreso
mayoría absoluta y necesitó ampliar su base de apoyo para
aprobar los proyectos del gobierno. Hizo lo que todos los gobiernos
anteriores hicieron. Pero lo hizo mal. En lugar de un entendimiento
con otro gran partido, como el Partido del Movimiento Democrático
Brasileño (PMDB), al cual cedería algunos ministerios, repartiendo
el poder, prefirió hacer acuerdos con partidos pequeños,
que no son serios y sí muy corruptos, para obtener una mayoría
en el Congreso y usó formas ilícitas de financiación.
La acusación no es que los elementos del PT se enriquecieron con
la corrupción, pero sí que recurrieron a la corrupción
para conseguir el apoyo de diputados de los partidos pequeños, como
forma de mantener la hegemonía del PT. Fue un grave error.
También, de un lado, los sectores
más radicales del PT querían el cambio en la política
económica, de disciplina fiscal, lo que Lula no podía hacer
sin arrojar al Brasil a otra crisis, provocando la evasión de capitales.
Del otro lado, ciertos intereses, probablemente alentados por la black
propaganda de la CIA, tenían y tienen interés en
desacreditar la política exterior de Lula, con la cual sectores
de Washington estaban y están descontentos, porque impidió
la implantación del ALCA, no sometió al país a las
grandes potencias industriales en la OMC y mantiene las mejores relaciones
y entendimiento con el gobierno de Hugo Chávez en Venezuela
Todo eso contribuyó para que
los medios de comunicación alimentasen el escándalo, mientras
que en el gobierno anterior hubo más problemas, más escándalos,
incluso la acusación de compra de votos para que Fernando Henrique
Cardoso pudiera ser reelecto, y no se hizo tan larga y intensa exploración.
- ¿Cuánto compromete
o hipoteca el futuro de Lula y a la izquierda brasileña esta crisis?
– Todo va a depender de la recuperación
del crecimiento económico, lo que es posible que ocurra ya
este año, dado que el Brasil está reduciendo su deuda externa.
La deuda en dólares dentro de un mes será reducida a cero.
El FMI ya no tiene ninguna ingerencia dado que Brasil ha ya liquidado toda
su deuda, hecha en el gobierno anterior.
La crisis de la izquierda, no sólo
en el Brasil sino también en otros países de América
del Sur, y de otros continentes, es que en su gran mayoría no
se liberó de los esquemas revolucionarios del bolchevismo, de
la revolución en Rusia, y desconoce las teorías de Marx y
Engels en sus fuentes originales. El sistema capitalista mundial no es
una suma de economías nacionales. Es una realidad superior, en la
cual todos los países desarrollados o no, está involucrados.
No se puede pensar en construir el socialismo dentro de la moldura nacional.
Y ese es el problema. Los dirigentes
de izquierda, que asumen el gobierno, no pueden hacer ninguna revolución
anticapitalista en un país que está inserto en la economía
mundial de mercado, en el sistema capitalista, que envuelve todos los países
industrializados, en desarrollo o agrícolas. Tener el poder no significa
que el gobernante pueda hacer lo que quiere, sino, sólo, lo que
puede, dentro de las circunstancias objetivas que encuentra.
- A su entender, ¿por
qué en Sudamérica, por vía del voto, la izquierda
sigue ganando gobiernos?
– En marzo del año 2000,
el general Charles E. Wilhem, comandante en jefe del Comando Sur de los
EE.UU., reconoció ante el “Caucus on International Narcotics
Control” del Senado norteamericano, que en el Ecuador como en otras
naciones situadas en su área de responsabilidad, en Sudamérica
“democracia y reformas de libre mercado no daban señales de propiciar
tangibles resultados para el pueblo”.
Muchas naciones estaban en peores
condiciones económicas que antes de la restauración de la
democracia, según él afirmó, preguntando “¿Puede
la democracia sobrevivir sin un sistema económico que produzca adecuados
medios de subsistencia y servicios para la mayoría de sus ciudadanos?”
Democracia para el gobierno estadounidense
se identifica con libre mercado. Pero la democracia es la que permite a
los pueblos en América del Sur y posiblemente en América
Central, llevar adelante alzamientos por medio del voto. Pero los problemas
son grandes, en virtud de la limitación objetiva de lo que los gobiernos
pueden hacer, en el marco nacional.
- ¿Qué diferencia
hay entre ésta izquierda y la de los años 70, cuando Salvador
Allende también llego al gobierno por vía electoral?.
– En oficio a “Itamaraty”
(la Cancillería brasileña), con fecha de 13 de Junio de 1963,
la Embajada del Brasil en Washington bajo la jefatura del embajador Roberto
Campos, concluyó que el Pentágono, a pesar de las declaraciones
a favor de la democracia del presidente John F. Kennedy, cultivaba “relaciones
amistosas con las peores dictaduras de derecha”, puesto que desde el “punto
de vista de los sectores militares de Washington tales gobiernos son mucho
más útiles a los intereses de la seguridad continental
que los regímenes constitucionales”.
De hecho, en los años 60 y
70, lo que más amenazaba los intereses de seguridad de los EE.UU.,
en el hemisferio, no era exactamente la lucha armada pro-comunista, como
las guerrillas en Venezuela y en Colombia, sino el desarrollo de la propia
democracia en los países donde el agravamiento de las tensiones
económicas y de los conflictos sociales agudizaba la conciencia
nacionalista y los sentimientos anti-norteamericanos, en la mayoría
de los pueblos, condicionando el comportamiento de sus respectivos gobiernos.
Hoy la situación es distinta.
Las dictaduras militares resultaron un fracaso tanto económico como
político, o se volvieron contrarias a las políticas de Estados
Unidos, como ocurrió con el Brasil, sobre todo a partir del gobierno
del general Ernesto Geisel, y también en el Perú o como en
Bolivia, donde se manifestaron las tendencias deun nacionalismo militar.
Los EE.UU., delante de tal situación,
trataron de apoyar los esfuerzos para la restauración de la democracia,
lo que ocurrió en los años 80. Ocurrió, sin embargo,
que las políticas neoliberales, bajo los regímenes democráticos,
también fracasaron y la situación en América del Sur
es peor que antes, como reconoció el general Charles E. Wilhem.
El resultado, según Henry
Kissinger, fue que “ni globalización ni democracia produjeron estabilidad
en los Andes”. Y ahí los pueblos están en vía de insurrección
en las calles y/o por medio del voto democrático, sin que los EE.UU.
hoy tengan más condiciones de alentar abiertamente los golpes de
Estados, aunque lo hayan intentado en Venezuela en 2002. La cláusula
democrática oficialmente introducida en la Carta de la OEA es un
factor de inhibición. Y el desaparecimiento del bloque soviético
hizo también reducir el poder de cohesión que tenían
los EE.UU., cuando aun había la amenaza comunista.
- ¿Se confirma como
más adecuada a la cultura de los pueblos sudamericanos la vía
electoral, que la vía armada, como se proponía en los años
60 y 70? ¿Triunfa Allende o el Che?.
– ¿Vía electoral o
vía armada para qué? Esa dicotomía vía armada
o vía electoral, como suele a veces plantearse la cuestión
en la izquierda, es equivocada. La vía armada es un recurso que
se usa cuando la vía electoral está bloqueada. Pero, aun
así, depende de las condiciones objetivas y subjetivas existentes
en el país y de las condiciones internacionales. Y no piense que
ocurre una revolución cuando se quiere, como resultado de la voluntad,
como Fidel Castro y Che Guevara defendieran en los años 60. Es necesario
esclarecer que el propio Guevara tenía conciencia de la dificultad
o imposibilidad de hacer la guerra de guerrillas en el país donde
aún estaba vigente la legalidad democrática y en países
con cierto nivel de urbanización e industrialización. El
dijo que “no siempre” es necesario esperar que se produzcan todas las condiciones
para la revolución y que un foco de guerrilla podría criarlas.
El “no siempre” significa que él consideraba el foco como una excepción.
No basta con que algunos no quieran mas el statu quo. Es necesario que
los otros no tengan más condiciones de sostenerlo. Esta es una
antigua enseñanza.
Las condiciones materiales, objetivas
de países como el Brasil, la Argentina e incluso el Uruguay, no
permiten el suceso de cualquier intento de guerrillas. Son países
con mayor población urbana. El Brasil, además, es un país
altamente industrializado; la Argentina, también, aunque en menor
grado.
También es necesario siempre
tener en cuenta que no se puede implantar el socialismo en un país,
aislado, dentro de una economía mundial de mercado, capitalista,
en que EE.UU. es aun la potencia dominante.
No se puede decir, por lo tanto,
que el Che o Allende, cualquier de los dos, ha triunfado. En realidad,
los dos erraron, tanto en Bolivia como en Chile. Allende confió
en el espíritu legalista de las Fuerzas Armadas en Chile, en la
fuerza de la democracia. El Che imaginó que podría
hacer la revolución sin que hubiese condiciones objetivas y subjetivas,
como si el proceso de la revolución cubana pudiese ser repetido
en cualquier país de América Latina, cuando los EE.UU. estaba
ya tratando de establecer la represión en todo el hemisferio.
Pero las condiciones internacionales
en el contexto de la Guerra Fría, eran enteramente distintas
de las que existen hoy. Los EE.UU. ahora están perdiendo cada
vez más su liderazgo, la capacidad de imponer sus políticas.
Ya no existe el espectro del comunismo, y el espectro del terrorismo, que
no es ninguna ideología, no asusta tanto a los otros pueblos.
- Siempre en la historia sudamericana
los EE.UU. se opusieron, incluso con invasiones, a que en nuestros países
existieran gobiernos de izquierda, pero ahora parecen aceptarlo. ¿Esto
es expresión de la imposibilidad de los EE.UU. de impedirlos, o
es que estos gobiernos no comprometen los intereses norteamericanos en
la región?
– Hoy día, como he
explicado en la respuesta anterior, la fuerza moral y política de
los EE.UU., pese al aumento de su poderío militar, ha decrecido,
muchísimo. Pero no olvidemos que la CIA, como un brazo de la política
exterior de Washington, continua operando en los países de América
del Sur, moviendo la guerra psicológica, por medio de la black-propaganda,
reclutando sus aliados tanto en los medios de comunicación como
dentro de los gobiernos.
Sería muy bueno que la gente
leyese el libro de Philip Agge, Inside the Company – CIA Diary.
El fue agente de la CIA, ha actuado en Montevideo y Quito, en los años
60, y ahí él expone como la CIA opera para desestabilizar
los gobiernos.
- ¿Pueden coexistir
gobiernos progresistas o de izquierda sudamericanos, con bases militares
norteamericanas en sus territorios?
– Sí, creo que pueden coexistir
gobiernos progresistas, a pesar de las bases americanas en sus territorios.
La cuestión que se impone es que esos gobierno pidan a Washington
su retirada, como lo hizo el presidente Hugo Chávez. La cuestión
pasa, sobre todo, por la política exterior y la solidaridad de otros
países de Sudamérica.
- ¿Cuáles son
los rasgos tanto en lo político cuanto en lo económico más
salientes de la política de EE.UU. para Sudamérica?
– Me parece que actualmente
Washington está muy desorientado con respecto a Sudamérica.
De un lado, los EE.UU, están enlodados en Irak, que es un pantano
peor que el de Vietnam, y en Afganistán. George W. Bush está
internacionalmente desmoralizado y ya pierde fuerza dentro de los EE.UU.,
donde la población, por lo menos de las grandes ciudades, ha comenzado
a comprender sus mentiras, sus engaños.
Por otro lado, la situación
de Sudamérica y, del resto, de Centroamérica, es peor que
antes de la aplicación de las políticas neoliberales del
Consenso de Washington, en los años 90. No parece que Washington
tenga ahora una política uniforme, una única política
o siquiera una política para esa región.
Parece que los distintos sectores
de la administración actúan por su cuenta, sorprendidos por
los acontecimientos, pese a las advertencias, como la que hizo el general
Charles E. Wilhem, ya a comienzos del año 2000.
- ¿El MERCOSUR o la
Comunidad Sudamericana de Naciones? ¿Cuál de los dos mecanismos
se adecua mejor para el futuro?.
– El MERCOSUR y la Comunidad Sudamericana
de Naciones no son dos mecanismos distintos. El objetivo del MERCOSUR debe
ser la formación y consolidación de la Comunidad Sudamericana
de Naciones. El MERCOSUR es el cerne, por donde empieza la construcción
de la Comunidad Sudamericana de Naciones, que tiene un formato político
e estratégico. Ninguno país hoy día puede actuar
aisladamente, sobre todo los más chicos, los más débiles.
Es necesario tener poder de negociación. Por eso, deben actuar en
bloque, no solamente comercial, sino político.
- Luego que las propuestas
Mmrxistas entraron en crisis, ¿cuál es la ideología
que sustenta la orientación de las propuestas de la izquierda?
– No fueron propiamente las propuestas
marxistas las que entraron en crisis. Marx no propuso nada definido, nunca
definió lo que sería la dictadura del proletariado o mismo
el socialismo. Su mayor mérito fue el análisis que hizo del
desarrollo de la economía capitalista, en una etapa en que aún
predominaba la concurrencia. Y la grande contribución
a las ciencias fue el método gnoseológico, el método
de investigación las fuerzas sociales como factores de la
historia. Ese método sigue válido. Pero no se puede repetir
lo que Marx dijo, cuando la sociedad, internacionalmente, ha evolucionado,
se ha modificado. Si la realidad evoluciona y se transforma, los conceptos
también deben cambiar.
Las propuestas que entraron en crisis
fueron las de Lenin y las que Stalin, el marxismo-leninismo. Lo que Lenin
escribió reflejaba un contexto ruso, dentro del cual él quería
hacer una revolución. El era un hombre pragmático y sobre
todo ruso.
Ni Marx ni Engels jamás
concibieron el socialismo como vía de desarrollo económico
o modelo alternativo para el capitalismo, sino como consecuencia de
su expansión.
Para Marx y para Engels lo que viabilizaba
científicamente el socialismo era el alto desarrollo de las fuerzas
productivas, que el capitalismo impulsaba, pero, al mismo tiempo que
se socializaba cada vez más el trabajo, tornaba el progreso discriminatorio,
excluyendo a la gran mayoría de sus beneficios, en virtud del carácter
privado de la apropiación del excedente económico.
En mi libro A Reunificação
da Alemanha – Do ideal socialismo ao socialismo real, cuya segunda
edición fue publicada en 2001, hice un análisis de los factores
que determinaron el colapso del Bloque Socialista. Investigando en la Alemania
Oriental, la antigua República Democrática Alemana, y conseguí
entrevistar todos sus últimos dirigentes, con excepción de
Erich Honecker.
- ¿El marxismo puede
ser reformado, innovado y ser válido como filosofía del cambio
de las sociedades capitalistas? ¿Hay una alternativa filosófica
al marxismo?
– El propio Marx dijo que no era
marxista. Sus teorías e ideas nunca constituyeron un sistema
filosófico, cerrado. Su gran contribución al pensamiento,
además del análisis del sistema capitalista, fue la
metodología para las ciencias económicas, sociales y históricas,
como antes observé. Además, después de Marx, hay muchas
otras contribuciones al desarrollo del pensamiento científico. Con
en el tiempo la doctrina de Marx y de Engels es contrariar a Marx y a Engels,
que acompañaban la dinámica del proceso histórico
y estaban prontos para aceptar todas las contribuciones del desarrollo
científico.
- ¿La historia no confirmó
la teoría de Lenin?, afirma usted en su último libro, Formación
del Imperio Americano, publicado en Brasil. ¿Lenin se equivocó
en todo su proyecto político y filosófico o sólo con
respecto a definir el capitalismo? ¿El error es también de
Marx?
- Lenin no definió propiamente
el capitalismo, aunque sí el imperialismo y fundamentó su
teoría en otros autores, como J. A. Hobson e Hilferding, que son
clásicos. Pero sacó una conclusión errada, al imaginar
que las guerras entre las grandes potencias continuarían, que el
capitalismo se estaba desintegrando y el socialismo triunfaría.
Atacó duramente a Kart Kautsky, que era el heredero de Marx y previó
otra etapa, la del ultra imperialismo, en la que las potencias industriales
se unirían en una especie de cartel, para evitar el conflicto entre
ellas, y las guerras, para consumo del material bélico, pasarían
a ocurrir en la periferia del sistema capitalista. Marx también
cometió un error, que Rosa Luxemburgo ha demostrado muy bien, al
prever el pronto colapso del sistema capitalista, en consecuencia de la
crisis de super-producción.
- ¿En qué puede
derivar el capitalismo contemporáneo?
– Todo sistema económico
y político en la historia tuvo y tiene un comienzo y un fin, una
ascensión y una declinación. Así es la vida del ser
humano. El capitalismo, ciertamente, no es eterno. Cuánto tiempo
habrá de durar aun no es posible decirlo y tampoco lo que habrá
de suceder.
Puede ser tanto un sistema económico,
social y político más justo, como ser la barbarie. Espero
que no sea la barbarie. Todo depende de lo que va a pasar en los EE.UU.,
cuyo colapso económico puede ocurrir, a consecuencia de su enorme
déficit fiscal, enorme déficit comercial y una extraordinaria
deuda externa, de una economía hoy dependiente de energía
suministrada por otros países, de inversiones extranjeras para sostener
al dólar y aliviar el déficit fiscal.
Los EE.UU. están por precipitarse
en una crisis tanto económica como política y moral, que
sólo tenderá a agravarse en los próximos años.
Y todo indica que con o sin George W. Bush, el declive de los EE.UU. será
tan vertiginoso y violento como su ascensión al status de potencia
hegemónica.
Personalidad y Trayectoria
del Profesor
Luiz Alberto Moniz Bandeira |