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19 de enero de 2006
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ALAI
Agencia Latinoamericana de Información - 17 de enero de 2006
Bolivia
El gol del pastor de llamas
Emir Sader
Él
estaba muy contento y bastante descansado después de la maratón que
había hecho, con su camisa azul de manga corta. Nadie diría que fue electo
presidente de un país de América Latina, con la mayor votación que un
presidente jamás recibió. Cuando yo le dije que tiene “cara de pueblo”, se
mostró medio sorprendido…hasta que comparé sus facciones con las de los
candidatos derrotados por él en la elección, así como con las de los
anteriores presidentes del país, un país en el que los dos tercios de sus
habitantes se identifican como indígenas, pero que siempre fue dirigido
por los blancos, por regla común, ricos.
Había hecho un viaje
impresionante: fue a Cuba – el primer país que visitó tras ser electo-, a
Venezuela, a España, a Francia, a Bélgica, a Holanda, a China, a Sudáfrica
y finalmente a Brasil. Nueve países de cuatro continentes, en menos de dos
semanas. Sólo no pasó por Irán, para tener tiempo para ir a Argentina
antes de la posesión. En España, los conservadores lo criticaron por
reunirse con el primer ministro José Luis Zapatero – que perdonó la deuda
boliviana a cambio de inversiones en educación – con un traje de lana
boliviana de vivos colores -llamado “chompa”- en vez de terno y corbata.
Saramago salió a defenderlo, explicando que se trata de una indumentaria
típicamente boliviana. Él me dijo que tiene algunas de ellas, porque es un
regalo típico entre los indígenas, pero que no sabía que podría provocar
reacciones de ese tipo, consciente que el protocolo va a exigirle
comportamientos a los que no está acostumbrado.
De hecho, el
domingo de la extraordinaria victoria electoral, él se resistió a viajar
hasta la capital, para participar en una rueda de prensa. Un medio de
información – que lo menosprecia en nueve de cada diez informaciones que
difunde- insiste en reducirlo a “líder cocalero”, expresión natural para
él, que la asume como una de sus múltiples dimensiones, y se resiste a
tratarlo como presidente. Argumentamos que él debería, a partir de aquel
momento, llamarse “presidente de todos los bolivianos” y que la capital,
La Paz, es el lugar donde debe estar en aquel momento. Él aceptó a
disgusto, se fue para La Paz, participó alegremente en la conferencia de
prensa de la victoria, con el cabello negro lleno de papel picado. Pero
volvió enseguida a Cochabamba, su departamento, “para festejar con mi
gente”.
Ahora, en Brasilia, en la sala de conferencias del
Itamarati, él se muestra seguro, contento, confiado, habla como presidente
de una nación indígena que reivindica su soberanía nacional y su
democracia multicultural y multiétnica. De camisa azul de manga corta, al
lado de Álvaro García Linera, el vicepresidente, uno de los más
importantes intelectuales de América Latina, que le da apoyo y
confianza.
Salimos, y en la conversación en el hotel, de donde se
ve por la ventana la catedral de Niemayer, después de contar las
circunstancias del viaje y revelar que quedó muy satisfecho con la
disposición del gobierno brasileño de ayudarlo, quiere saber sobre Brasil,
sobre las posibilidades de reelección de Lula – que apoya fervorosamente –
y la posición de los movimientos sociales.
Sin embargo,
inmediatamente pasa a hablar de su otra pasión: el fútbol. Lo practicó
mucho desde niño, en su ciudad natal. Cuidaba llamas, pero confesó que lo
que ganaba era para comprar camisetas para su club de fútbol. Jugaba de
centro delantero, con el número 9 en la espalda. Era pastor de llamas y
centro delantero. Pero sufría mucho con la dura marcación en los rudos
campos de tierra, hasta que resolvió entonces desplazarse a la
punta-derecha. Hasta que se fracturó más o menos gravemente la rodilla,
fruto de la dura marcación. Tuvo que operarse en Cuba, permaneciendo un
año sin jugar. Volvió a jugar y espera continuar jugando con sus amigos –
a Álvaro también le gusta jugar -, aún siendo presidente.
Quedamos
a ir la próxima vez al Maracaná. Pero antes voy a aceptar su invitación y
asistir, primero a las ceremonias indígenas – en una comunidad aymara - y
después a los actos oficiales – éstos en La Paz – de posesión como el
primer presidente indígena de Bolivia. Él, Evo Morales Ayma (de aymara,
aclara él, cuando posamos para tomarnos una foto juntos).
(Traducción ALAI)
http://alainet.org/active/10385&lang=es
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