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22 de enero de 2006

Brecha de Uruguay - 20 de enero de 2006

La interferencia de los intereses económicos

Los militares uruguayos en el Congo
y el mando de la ONU

El gobierno notificó a las Naciones Unidas sobre las sanciones aplicadas a Cascos Azules uruguayos acusados de saqueos y abusos sexuales comprobados. Ciertas diferencias entre el mando uruguayo y el mando central de las fuerzas de paz refieren a los intereses económicos de trasnacionales que aprovechan el conflicto en el Congo para obtener minerales estratégicos para la industria del armamento y de las comunicaciones.

Samuel Blixen
Para el Ministerio de Defensa y para algunos integrantes de las Comisiones de Defensa del Parlamento, intereses vinculados a las naciones centrales que antiguamente sometieron a África a la explotación colonialista han magnificado y distorsionado las denuncias sobre abusos sexuales cometidos por militares uruguayos que integran las fuerzas de mantenimiento de la paz desplegadas en el Congo.
Las autoridades aseguran que no minimizan el problema de la inconducta sexual y la comisión de otros delitos (véase nota aparte) pero, como se detalla en la respuesta que a comienzos de esta semana fue enviada a la misión uruguaya destinada al Departamento de Operaciones de Mantenimiento de la Paz de ONU, sostienen que las sanciones aplicadas a los Cascos Azules uruguayos, producto de una investigación del Sistema Nacional de Operaciones de Mantenimiento de la Paz, estuvieron condicionadas por la ausencia de los informes correspondientes realizados por las oficinas de asuntos internos de las fuerzas de la ONU en el Congo. La omisión en comunicar los fallos o conclusiones de las investigaciones sumarias que documenten las denuncias es interpretada por fuentes de Defensa como parte de la controversia que el mando de los Cascos Azules uruguayos mantiene con el mando central de las tropas de paz respecto de la forma de aplicar en el campo de operaciones el concepto de mantenimiento de la paz.
La estrategia exclusivamente militar que despliegan algunos altos oficiales europeos en la República del Congo, y específicamente en la frontera noreste con Ruanda y Burundi, en la codiciada provincia de Urive, no tiene en cuenta el complejo entramado que favorece la extracción de minerales derivados al exterior y que atiende las necesidades de trasnacionales que abastecen a la industria del armamento y de las comunicaciones. “El 80 por ciento del coltran (un mineral caracterizado por su alta conductividad) utilizado en la fabricación de teléfonos celulares, procede del Congo y llega a los mercados internacionales de manera irregular”, afirmó una fuente de Defensa.
La desarticulación política y social del Congo, producto de decenios de guerra entre facciones rebeldes y ejércitos entrenados y armados en Ruanda y Burundi, ha derivado en una lucha sangrienta por el control de los yacimientos de oro, uranio y coltran en la zona oriental de los lagos, a 2 mil quilómetros de Kinshasa, sobre el Atlántico. “Las directivas de operaciones impartidas al contingente uruguayo desplegado hasta 2005 en Urive establecían el control en las fronteras del tránsito de armamento y de grupos armados, pero excluían el control del contrabando de minerales, razón de ser de muchos de los enfrentamientos, masacres y genocidios que se reiteran en la zona”, dijo la alta fuente.
La presencia de las fuerzas de paz, para facilitar la reunificación y la instalación de un sistema político que asegure la normalización institucional en el Congo, no ha logrado abstraerse del condicionante económico del conflicto y en cierta medida, sugieren las fuentes consultadas, la misión de paz llega a operar indirectamente a favor de algunos de los intereses en pugna. La animosidad contra los Cascos Azules que emerge en sectores de la población civil es consecuencia de los objetivos económicos que persiguen las distintas facciones en pugna.
Un ejemplo de la interferencia de los factores político-económicos del conflicto en el relacionamiento civil con los Cascos Azules es la denuncia sobre la violación de una menor por dos soldados uruguayos de guardia en el helipuerto de los cuarteles de monuc. Una investigación de la Oficina de Supervisión de Servicios de las fuerzas de paz comprobó que los dos soldados intentaron comprar los servicios de una prostituta, mayor de edad, pero no llegaron a un acuerdo. La mujer, al parecer golpeada por su marido, fue hospitalizada, y el episodio, calificado como una violación de menor, fue difundido por una radio de Bunia en lo que se interpretó como una explotación política de sectores rebeldes para desacreditar a los Cascos Azules. La investigación de la Oficina de Supervisión intentó determinar la fuente de la información y finalmente decidió desestimar la denuncia, según se afirmó a BRECHA; sin embargo, el caso fue incluido en el documento remitido al gobierno uruguayo a fines de octubre último.
Las autoridades del Ministerio de Defensa estiman como probable que la tendencia del mando central de las fuerzas de paz SEA instalar en el Congo un accionar militar más cercano a las directivas del Capítulo 7, de imposición de la paz, que a las del capítulo 6, de mantenimiento de la paz. Un objetivo del mando del contingente uruguayo fue el relacionamiento con la población civil, objetivo que según la fuente estuvo en el centro del episodio ocurrido en junio de 2004 cuando 4.500 rebeldes del general Laurent Nkunda y de Jules Matebezú, un coronel amotinado del Ejército congoleño, se apoderaron de la ciudad de Bakuva, se dedicaron al saqueo y al aniquilamiento de civiles de etnias rivales, con un saldo de 72 muertos. El mando de las tropas uruguayas desplegadas cerca del aeropuerto optó por negociar la retirada del general Nkunda, para evitar, según explicaron las fuentes, una confrontación que ponía en riesgo la vida de los pobladores. El mando central de los Cascos Azules reprochó al mando del contingente uruguayo haber “entregado” el aeropuerto; pese a que la acusación fue recusada tiempo después, el contingente uruguayo fue replegado a la capital, Kinshasa, en misión de apoyo.
Según las fuentes, la política de relacionamiento con la población civil no sólo encuadra en los términos de la misión de mantenimiento de la paz sino que además es vital para la concreción de los objetivos militares. Esta postura se expresa también en la política orientada para las tropas estacionadas en Haití, donde los Cascos Azules operan según las directivas de imposición de la paz. “No hay solución estrictamente militar en Haití”, aseguró la fuente, una convicción que comparten también Argentina, Chile y Brasil, decididos a respaldar bajo cualquier circunstancia las elecciones previstas para el próximo 7 de febrero. Los informantes de BRECHA acotaron que en Haití se repiten las mismas condiciones de extrema pobreza y fragilidad social que se verifican en el Congo, “sin embargo no existe ninguna denuncia de inconducta sexual contra miembros del contingente uruguayo en la isla caribeña”, dijeron, y subrayaron la interpretación de que, más allá de los actos verificados, las denuncias referidas al Congo están teñidas de otras consideraciones.
Los actos de inconducta sexual probados, cometidos por militares uruguayos, no invalidan la apreciación sobre la importancia de la política hacia la población civil. Uruguay, explicaron las fuentes, adoptó las directivas de la ONU sobre abusos y explotación sexual, que imponen una severa restricción a las tropas: prohibición de mantener relaciones sexuales con menores, y con mujeres mayores de edad cuando la relación implique alguna forma de retribución, en dinero, en servicios o en especies. Para ello se dictaron diversas directivas y comunicaciones internas de las tres armas, con disposiciones expresas, incluidas las sanciones, tanto de servicio como en el ámbito de la justicia militar. Además, se resolvió integrar una comisión que elaborará directivas para armonizar las normas de ONU con los códigos militares y de la justicia ordinaria uruguayas.
 
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