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24 de enero
de 2006 |
La
Voz de Galicia - 20 de Enero de 2006
Presidentas
Ramón Chao
¡VAYA, HOMBRE, se me adelantaron! Ya tenía yo preparada una
estrategia sagaz para erigir a una mujer en presidenta de la República Francesa
y el tiro me salió por Chile. Se lo recordé el domingo pasado a Ana Hidalgo, la
andaluza teniente de alcalde de París. Me había invitado a presenciar en
directo, desde la sede del Partido Socialista francés, los escrutinios de las
elecciones presidenciales chilenas, y estábamos seguros de que ganaría la
candidata de centroizquierda: «Yo quería que fueras tú en Francia, Ana, y ahora
resulta que va a ser Michelle Bachelet en América Latina».
Lo cosa es
que hace unos tres años le pedí audiencia (aún no la conocía) y me recibió en su
despacho consistorial. En resumen, le propuse ante un testigo que se alejara de
los diplodocus de su partido y que se aproximara a nosotros, los animadores de
Attac y de los movimientos altermundistas. Luego, con el fin de perfilar su
nueva imagen, que escribiera un artículo semanal o mensual para La Voz de
Galicia, para ser publicados en un volumen en Francia por la editorial Plon. Su
inteligencia, carisma, origen y condición harían el resto. En eso quedamos, pero
fue pasando el tiempo con promesas y refuerzo de nuestra amistad. Entre tanto,
supo dirigir con eficacia y firmeza la alcaldía de París durante la
convalecencia del titular Bertrand Delanoe.
Creo que se equivocó no
haciéndome caso, tal vez por fidelidad a su partido. Ahora, en su mismo PS, sale
una pretendiente a la Presidencia de la República, Segolène Royal, que no le
llega a los tobillos, pero le gana en falta de escrúpulos.
Yo no pienso
que una mujer tenga que ser mejor política que un hombre. Casos se han visto en
los que monta tanto Golda Meier y Ariel Sharon, Reagan y Thatcher, George Bush y
Condoleeza Rice o Esperanza Aguirre y Rajoy para convencerse de que, realmente,
tanto monta. No es, desde luego, por antifeminismo, pues he de confesar que mi
persona preferida en lo que llevamos de humanidad es Teresa de Ávila, seguida de
Juan de la Cruz.
De Michelle Bachelet cabe esperar que mantenga a Chile
como está, y agradecerle que haya cortado el camino del señor Piñera, uno de los
grandes multimillonarios del planeta. Yo hablé dos veces con ella, en sendos
viajes a Chile, cuando militaba en movimientos antineoliberales (me refiero a
ella; yo sigo). El otro día, Víctor de la Fuente, director de Le Monde
Diplomatique chileno, me reveló que se había alejado un tanto de
nosotros, tal vez para no asustar a los electores.
Espero que sea así, y
que su nombre se añada a los de Chávez, Lula, Fidel, Martín Torrijos, Kirchner,
Tabaré, Evo Morales y otros que pueden llegar pronto, como el peruano Ollanta
Humala, comandante en reserva y de tendencias chavistas, que tiene grandes
posibilidades de convertirse en presidente de su país en el mes de abril.
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