"Ora nostalgia, ora utopía, ora mito, ora convicción, la patria
grande ha tenido una conmovedora tenacidad.
Nadie ha podido borrarla de nuestra América. Ha sido nuestro perdido
bien y nuestra tierra prometida".
Carlos Quijano, México, mayo de
1976
La izquierda uruguaya tiene en su ADN ideológico una fuerte traza
latinoamericanista. Si en algún momento se pudo decir del país que
constituíamos "un suburbio malhumorado de Europa", en los últimos treinta
años, y cada vez con más pujanza, la gravitación de lo ocurre a nuestro
alrededor adquiere más influencia en los asuntos domésticos.
1- Desde los años que siguieron a las guerras de la
independencia, en América Latina los grandes imperios coloniales apostaron
a la fragmentación política, lo que luego se llamaría
balcanización. Los anhelos de recomposición de la unidad
continental o regional, expresados por Bolívar y Artigas, entre otros,
fueron derrotados y se compareció a los desafíos de la expansión del
imperialismo contemporáneo bajo la forma debilitada de una veintena de
repúblicas, sardinas para los ávidos tiburones del capitalismo monopólico
de occidente.
Junto con los factores geográficos, culturales e históricos que empujan
al entendimiento y a la unidad, nos aúnan también decenios de peripecias
análogas: la misma dependencia y vulnerabilidad de las economías. El mismo
'padecer la historia' y no protagonizarla. Los mismos ensayos, a
menudo ahogados en sangre, de cortar amarras y transitar los caminos del
desarrollo económico y social.
De hecho, en los últimos cien años nuestros pueblos latinoamericanos
han buscado, de un modo u otro, terminar con las condiciones que nos
someten a ser dadores de riqueza en el sistema de "explotación
global" que se ha ido construyendo bajo la hegemonía del capitalismo
imperialista.
2- La pertenencia al conjunto latinoamericano pesa pero, a la
vez, los destinos se juegan país por país. El crimen contra Salvador
Allende y la derrota del gobierno popular en Chile fue una derrota para
todos los latinoamericanos. Pero fue la batalla de Chile,
como la llamó el cineasta.
Siendo la más emblemática, no fue la primera. Antes, los mismos que
llevaron a Pinochet al gobierno, habían prohijado en 1954 la invasión
contra el gobierno popular de Jacobo Arbenz en Guatemala. Los que
alentaron los levantamientos gorilas contra Perón y empujaron al suicidio
a Getulio Vargas, en 1955. Los que armaron la invasión a Cuba.
País por país, pero con influencias y estímulos de las naciones
vecinas. Con enseñanzas que se indagan, a veces con desesperación, para
'hacer como ellos' o para 'no incurrir en los errores de ellos'.
Cuando la situación de los pueblos latinoamericanos se hacía cada vez
más insostenible, la revolución cubana inspiró, a principios de los 60, el
desarrollo de una serie de movimientos revolucionarios que se extendieron
por buena parte del subcontinente. Guerrillas que dejaron semillas de
rebeldía, que luego fueron victorias, como en Nicaragua. O derrotas que
enseñaron caminos que no conducían a buen puerto.
3- En los últimos años, el sistema del capitalismo mundial ha
dado pasos de gigante en lo procesos de concentración industrial,
financiera, de la energía y las comunicaciones. También en su propensión a
remover, mediante la intervención militar, los escollos que se oponen a
sus intereses. En cada nación latinoamericana las necesidades de la
integración regional y la defensa de su soberanía aparecen de manera
apremiante.
Para colocar los productos exportables, para abastecerse de la energía
que escasea o para luchar contra los flagelos que no tienen patria ni
frontera como en narcotráfico o la destrucción del medio ambiente. Para
defender su soberanía y sus derechos sociales frente a la primacía de los
intereses conservadores y pro imperialistas. Esa integración no la harán
las empresas transnacionales, ni sus socios y aliados de las clases
dominantes latinoamericanas.
La presión militar sobre el gobierno democrático de Venezuela, cada vez
más descarada; la presencia indefendible de tropas norteamericanas en
Paraguay y los constantes intentos de intervención de los EEUU en los
asuntos internos de nuestros países constituyen factores de incremento de
las tensiones, hacia adentro y hacia fuera de los procesos de signo
popular y progresista.
4- En estos días se reúne en Malí el 6º Foro Social Mundial. A
partir del martes 24 la convocatoria será en Caracas. Es cierto que, como
ha escrito en estos días José Vidal-Beneyto, "la multiplicación de los
Foros y su policentrismo se presta a la imputación de "club de viajes
políticos" o de "feria internacional de una sociedad civil circulante"
como los califican mis amigos Ignacio Ramonet y Gustave Massiah. Pero
frente a ello la dinamización de los movimientos sociales es la defensa
más eficaz contra las guerras de Bush y el totalitarismo del Imperio
norteamericano y de sus multinacionales".
Es verdad que, antaño, en nombre del internacionalismo, se construyeron
líneas de acción políticas destinadas a defender incondicionalmente los
intereses de una gran potencia. Las frustraciones a que condujo esa
experiencia no invalidan la certeza que son necesarias respuestas
internacionalistas pues los marcos locales resultan impotentes ante una
acción imperialista que dispone de un amplio tablero de poderes y recursos
(económicos, políticos, diplomáticos y, cuando todo eso no basta,
militares) como para imponer sus intereses.
El surgimiento del FSM ha tendido a crear un ámbito de intercambios y
denuncia, una suerte de 'ciudadanía planetaria', que resulta
imprescindible en esta fase de crecimiento acelerado de la expansión e
internacionalización imperialista. Su desarrollo apunta a darle voz a los
sin voz, al conocimiento recíproco entre los distintos movimientos y
favorecer el intercambio de experiencias.
El encuentro del FSM en Caracas nos toma en medio de la aceleración
de la movilización popular latinoamericana, tanto en plano social como
político, de una intensidad y amplitud sin precedentes. Después de la gran
victoria de Hugo Chávez, el advenimiento a la presidencia de Lula,
Kirchner y Tabaré, las victorias de la izquierda en Bolivia y Chile y las
perspectivas auspiciosas en Perú y México, nos muestran una situación
única, sin precedentes en toda la historia de nuestro subcontinente.
5- Si, en otros períodos, el destino de los procesos de
liberación nacional y social estaba en gran medida condicionado y hasta
obstaculizado por lo que ocurría en las relaciones de fuerza a su
alrededor -recuérdese las presiones ejercidas desde la dictadura brasileña
y argentina contra el Frente Amplio 1971-, hoy la ecuación se ha invertido
y los apoyos a nuestro proceso son posibles.
La situación del capitalismo en el plano mundial tiende a dejar poco
margen de maniobra a los procesos 'nacionales'. La agudización de las
tensiones tiende a polarizar el decurso histórico: nos guste o no, nuestro
destino se está jugando en el afianzamiento de los gobiernos populares de
toda la región, empezando por los que más irritación producen en los
ámbitos de poder de los Estados Unidos, Cuba y Venezuela. Y también con el
afianzamiento del flamante gobierno de Evo Morales en Bolivia.
Publicado en
La República el 23 de enero de 2006