El presidente Evo Morales posesionó ayer –en su segundo día de
gobierno– al nuevo alto mando militar, encabezado por el general del ejército
Wilfredo Vargas Valdez. La decisión generó protestas al interior del Palacio
Quemado entre los militares pasados a retiro y sus familiares. Helena Brun de
Vásquez se quejó a los gritos por la “injusticia” cometida contra su esposo, el
ahora ex jefe del Estado Mayor del ejército, Marco Antonio Vásquez. El militar
también expresó algunas de sus quejas en voz alta mientras intentaba zafarse de
agentes de seguridad que lo retenían.
La policía desalojó rápidamente a la mujer y a su hija, pero el descontento
de altos oficiales pasados a retiro por considerarse que estaban involucrados en
casos espinosos como la entrega de 28 misiles antiaéreos chinos a Estados Unidos
–para su supuesta desactivación– tuvo otros coletazos. El ex jefe del Estado
Mayor, Carlos Delfín Mesa, se sumó a las críticas al sostener que el presidente
“no respetó la institucionalidad” y que las designaciones, así como el caso de
los misiles, “resquebrajaron la unidad de las fuerzas armadas y podrían
resquebrajar la unidad del país”. “Es la primera vez que no se negocia el
nombramiento del alto mando militar”, respondió el ministro de la Presidencia y
experto en temas militares Juan Ramón Quintana. Durante su discurso, Morales no
hizo referencia al incidente y llamó a “dignificar las FF.AA.”, reiterando su
decisión, anunciada en la campaña electoral, de llevar hasta el final la
investigación por el caso misiles.
Frente a este hecho producido durante la administración de su antecesor,
Eduardo Rodríguez Veltzé, y considerado por el MAS como “traición a la Patria”,
Morales adelantó que potenciará a las fuerzas armadas “porque un país sin FF.AA.
fuertes no puede tener soberanía”. “Dijimos desde el principio que vamos a
respetar la institucionalidad y la estamos respetando. Lamento mucho que algunos
generales hayan sido observados por el gobierno saliente. No están castigados,
(pero) tienen que someterse a una investigación”, prosiguió el flamante
presidente.
Ante consultas de este diario, en el gobierno restaron importancia a los
hechos y los atribuyeron a un pequeño grupo de militares comprometidos con
prácticas “que el nuevo gobierno del MAS quiere desterrar” y que contrastaría
con un fuerte apoyo a la medida de parte de la oficialidad más joven.
Y esos cambios estructurales se encarnarán en una nueva política petrolera.
El nuevo ministro de Hidrocarburos anunció la refundación de la estatal
Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB), “hoy una empresa residual”,
y señaló que su cartera no negociará con la Cámara Boliviana de Hidrocarburos
(CBH) sino con cada empresa por separado. “Para mí son empresas y con cada
empresa será una negociación diferente”, dijo Andrés Solís Rada, un “duro” en el
tema de la nacionalización que se opone a los precios solidarios de venta de gas
a Argentina.
El nuevo gobierno se apresta a enviar al Parlamento una ley modificatoria de
la norma hidrocarburífera aprobada el año pasado en medio de fuertes
convulsiones sociales. Uno de los temas álgidos es el de los precios que, según
el ministro, deben ser fijados por el Estado “y no por las empresas
transnacionales”. Consultado por este diario sobre escritos anteriores a su
llegada al ministerio, en los que acusaba a Néstor Kirchner de “ser un vocero de
la española Repsol”, un vocero del ministro dijo que mantendrá su posición
“dura”. “Petroamérica creará las condiciones para que los movimientos populares
de los países que la integran fortalezcan su conciencia antiimperialista y
busquen objetivos más audaces”, escribió en el mismo artículo (“El triunfo de
Petroamérica”, 23-8-2004) el flamante ministro. Con estos cambios se espera
utilizar a los energéticos como palanca del desarrollo nacional.
Entretanto, ayer los bolivianos se conformaban con llamar a la abundancia
mediante miniaturas que, bendecidas con incienso y alcohol, deberían
transformarse en esos mismos bienes pero de tamaño real. Por ejemplo, los “mil
dólares por un boliviano” que vendía una señora en el centro de La
Paz.