a corrupta y fanática pandilla de Bush es presa de la desesperación porque
se da cuenta de que la aventura en Irak es un rotundo fracaso que no tiene cómo
impedir y que América Latina se le va de las manos. El plan imperial de
conquista del mundo, conocido como Proyecto para un Nuevo Siglo Americano, hace
agua por todas partes, pero es en la región latinoamericana -su presunto
traspatio- donde choca con los mayores obstáculos.
Al surgimiento de gobiernos que le hacen resistencia y marchan por un camino
de integración soberana ajena al ALCA y a los TLC y de un proceso profundamente
popular como el que encabeza Hugo Chávez en Venezuela, ahora se suma la
histórica asunción de la presidencia de Bolivia por Evo Morales. Evo encarna el
símbolo de una nueva época en que como profetizó Martí "ha echado a andar el
indio", que es echar a andar nuestra América. Junto al indio, los pobres, los
marginados, los desheredados del sistema y los intelectuales honestos que se
colocan a su lado.
En ese cuadro, Cuba es una pesadilla mayor para Bush porque, aunque nulo
intelectualmente, el instinto de clase le dice que de la isla emana un ejemplo
de independencia y autodeterminación para los pueblos que él quiere ver
sometidos eternamente. Ello explica la cada vez más agresiva e irracional
conducta de Washington hacia la isla y los recientes pronunciamientos de Fidel
Castro respaldados por un río de pueblo que inundó el malecón habanero.
Fidel denunció actos hostiles y provocaciones llevadas a cabo o en trance de
realizarse contra Cuba, por parte del gobierno de George W. Bush, que se
"desespera peligrosamente" ante el fracaso de sus planes para asfixiarla
económicamente. En respuesta a su denuncia, una marcha multitudinaria desfiló
durante varias horas frente a la Sección de Intereses de Estados Unidos en La
Habana, donde el líder cubano reiteró lo que había planteado dos días antes.
Entre las acciones hostiles que enumeró está el intento de poner en libertad al
terrorista y ex agente de la CIA Luis Posada Carriles, autor intelectual de la
voladura de un avión civil cubano con 73 personas a bordo y de una ola de
atentados contra instalaciones turísticas isleñas. Esto, en un contexto en que
el gobierno de Estados Unidos "hizo todo lo posible por satisfacer los deseos de
la mafia terrorista cubano-americana" y en que se ha comprometido con el Plan de
Transición para Cuba, calificado por el presidente cubano como una grosera
injerencia en la soberanía del país, "que lo conduciría a siglos de retraso". La
denuncia incluyó las medidas para privar a Cuba del envío de remesas y para
impedir las visitas de residentes de ese origen en Estados Unidos a sus
familiares en la isla. Además, advirtió sobre la intención del gobierno de Bush
de "violar abiertamente" el Acuerdo Migratorio con Cuba y buscar pretextos para
impedir a toda costa la venta de productos agrícolas de ese país a La Habana.
Como colofón, alertó, el gobierno de Bush se propone "forzar" una ruptura de los
actuales vínculos diplomáticos mínimos con Cuba establecidos por decisión del
presidente James Carter en 1977, para lo cual viene realizando groseras
provocaciones desde su Sección de Intereses en La Habana, que "no tienen ni
pueden tener otro objetivo".
En un Estados Unidos dirigido por un facineroso como Bush cualquier cosa
puede ocurrir. De modo que no debiera sorprender que Posada Carriles,
certeramente calificado por algunos como el Bin Laden latinoamericano,
apareciera de repente caminando en libertad por las calles de Miami. Sería una
afrenta a todos los seres humanos dignos en este mundo, pero no sólo por sus
crímenes contra el pueblo cubano. Posada es un profesional del terror que
torturó personalmente revolucionarios venezolanos con el sobrenombre de
comisario Basilio de la policía política de ese país, participó en la
Operación Cóndor y en la logística a la contra nicaragüense, en aviones
que venían cargados de armas de Estados Unidos y regresaban llevando cocaína.
Existe, además, el precedente que Orlando Bosch, el cómplice principal de Posada
en la voladura del avión fue perdonado por el padre del actual presidente, cuyos
vínculos con los terroristas cubanos se remontan a la época en que era oficial
de la CIA a cargo de su reclutamiento y seguridad. Fidel subrayó que Cuba
contestará pacíficamente, con la fuerza de su moral, a estas provocaciones. Algo
de lo que carece el imperio.
Publicado en La Jornada el 26 de enero de 2006